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MÉRIDA DE YUCATÁN VIII FLORES

La señora Julie Hoover, residente del Centro Histórico de nuestra ciudad desde hace varios años, representante de Mérida Verde, una asociación que apoya la siembra de árboles medianos en las aceras del centro de la ciudad. En una entrevista que hizo a un diario de circulación local, misma que apareció el dos de junio del año en curso, expresó la necesidad de plantar más árboles para aminorar los calores de verano que asolan nuestra ciudad. Este proyecto en realidad existe desde hace varios años y ha cambiado mucho la vista de algunas calles, como la 54 entre 49 y 51, o bien, la calle 51 entre 54 y 56, o para citar una más, la calle 53 entre 62 y 64; en especial, la primera donde una gran pitahaya cuelga del techo de un predio y adorna la mayor parte de la fachada de la casa, justo frente a la pitahaya una serie de naranjas ya en fruto brindan una vista bella de la calle que antes no tenía ni un atractivo.

Según la señora Hoover, en una entrevista con funcionarios del INAH, esta oficina no se opone a este proyecto siempre y cuando las aceras tengan un metro y medio de ancho, ésta es una buena noticia para la ciudad.

En Norteamérica y Europa mucha gente cuelga en los balcones, techos y fachadas de las casas geranios rojos, y algunas ciudades hasta ofrecen premios a los mejores arreglos. Es una buena noticia el anuncio que ha hecho el alcalde de nuestra ciudad de sembrar 60,000 árboles, los que ayudaran en mucho a conservar nuestra ciudad verde, atractiva para el turismo, pero de gran necesidad para nosotros los habitantes de nuestra amada Mérida.

El cirujano inglés Thomas Gann, viajero, aventurero y arqueólogo, escribió en 1918 el libro “En Una Tierra Desconocida”, en el cual nos hace un relato de sus aventuras que lo llevaron desde Belice hasta Campeche a bordo de un pequeño barco, haciendo frecuentes paradas a lo largo de la costa para visitar ciudades mayas, puertos de pescadores y también la ciudad de Mérida. De nuestra ciudad Thomas Gann quedó encantado, fue uno de los viajeros que alabó a nuestra ciudad a principios del siglo XX, y lo hizo de la siguiente manera:

Mérida es una de las pequeñas ciudades de las más bonitas (alrededor de 60 mil habitantes), limpias y alegres que he tenido la buena fortuna de visitar. De alguna manera me recuerda a Montecarlo en la temporada turística, el clima tibio, la escrupulosa limpieza de las calles y plazas, sus flores, música y el brillo de su sol. Hay muchas señoritas bien vestidas, una gran cantidad de paseantes prósperos, así como la ausencia de pobreza y el aire de perpetua fiesta.

Su encanto se debe quizá a que la visita ocurrió en los meses de invierno y que se limitó a una parte de la ciudad: el Centro Histórico y el recién inaugurado Paseo Nachí Cocom (hoy llamado Paseo de Montejo). Afortunadamente ésta idea permanece en mucha gente del país y del extranjero, y hace que Mérida sea un destino turístico que hace soñar. Una ciudad blanca, limpia, tranquila, con mucha música romántica, flores y árboles en las calles, parques y plazas. ¡Qué afortunados somos, qué linda es mi Mérida de Yucatán!

La vegetación de la ciudad es muy admirada por los viajeros que nos visitan y que se sorprenden cuando se les informa la poca tierra vegetal que tenemos y cómo todo crece en la piedra calcárea. Así, durante el paseo de la ciudad o City Tour, a lo largo de las avenidas, y según la temporada del año, crecen árboles de flores y frutos, como los tamarindos del Paseo de Montejo que según recuerdo bajábamos cuando regresábamos después de nadar en el Club Bancarios, disfrutábamos la caminata de regreso a casa con las bolsas del pantalón repletas de éste delicioso fruto favorito de los chamacos.

Pero las numerosas palmeras adornan nuestra ciudad, como las esbeltas palmas reales que sobresalen las copas de los árboles vecinos. O las palmas de dátil, frondosas y verdes. Las arecas, siempre resguardadas del sol; las palmas de coco, que siempre atraen a los chamacos que con mucho esfuerzo a veces logran bajar sus frutos. Otras con nombres en lengua maya como el huano, la xi’ít, el chi’at, y otras más.

Las flores también adornan las avenidas prácticamente todo el año, la flor de la Pasión, o las orquídeas cubanas blancas o púrpuras, la casia (el matculí) que a partir de noviembre hasta abril con sus pálidas flores rosadas ilumina la avenida Colón, la Prolongación de Montejo, las anchas calles de las colonias antiguas y parques. Llegado el mes de mayo la “lluvia de oro” con su color amarillo acentuado por el sol empieza a expandirse por toda la ciudad, a lo largo de la avenida Itzáes, la Prolongación del Paseo de Montejo, así como todos los rumbos de nuestra blanca Mérida. Sí, es cierto que hay mucho calor en mayo, sólo los turistas caminan bajo el sol, nosotros nos resguardamos en la sombra, pero poco importa. Con el mes de mayo principia la floración del majestuoso flamboyán, que poco a poco empieza a mostrar sus primeros pétalos de un color rojo naranja, que rápidamente se convierten en grandes sombrillas de éstos vivos colores que son tan grandes que frecuentemente cruzan la calle de acera a acera, haciendo un espectáculo de color. Mérida está de fiesta.

Galería fotográfica.

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