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TURISMO EN YUCATÁN

Hacia el año 1923 se presentan en nuestro estado varias circunstancias que en su conjunto van a favorecer el nacimiento y desarrollo del Turismo en Yucatán y en México como actividad económica de gran importancia.

Felipe Carrillo Puerto y cía.

Foto publicada por el Diario de Yucatán el 26 de julio de 1981.

Una de ellas es el interés de Don Felipe Carrillo Puerto, Gobernador de Yucatán, quien apoya la actividad turística de diversas maneras: Funda el Museo Yucateco, construye la carretera Dzitás–Chichén Itzá, organiza y promueve visitas a Yucatán de dignatarios, periodistas y hombres de negocios, apoya y gestiona ante el Gobierno Federal la solicitud de la Institución Carnegie para participar en la restauración de Chichén Itzá, estos trabajos pusieron por primera vez a Yucatán ante la posibilidad del desarrollo turístico, ya que la llegada de la Institución Carnegie en 1924, con su tecnología moderna y amplios recursos económicos, permitió hacer excavaciones y trabajos de restauración en Yucatán hasta 1939, en la que participaron numerosos arqueólogos y antropólogos extranjeros bajo la dirección de Sylvanus G. Morley, mientras que los mexicanos trabajan bajo la dirección de las autoridades federales dependientes de la Secretaría de Educación Pública. Fue el inicio de la segunda gran guerra que obligó a la suspensión de los trabajos en Chichen Itzá.

Dr. Morley con el Staff de Carnegie

Sylvanus G. Morley y parte del Staff del Proyecto Chichén Itzá de la Carnegie.

Como mencionamos anteriormente, la intervención de Felipe Carrillo Puerto no fue únicamente política, sino que personalmente participó en las visitas de los funcionarios norteamericanos, y los acompañó en varias ocasiones a Chichén Itzá; fue él quien en 1923 dió a conocer el contrato formal celebrado con la institución Carnegie y el gobierno mexicano representado por el secretario de Agricultura y Fomento, desafortunadamente don Felipe Carrillo Puerto no vio ni siquiera el inicio de estos trabajos ya que fue asesinado el 3 de enero del año siguiente, es decir 1924.

Cabe mencionar que entonces no existía el Instituto Nacional de Antropología e Historia, que fue creado el 3 de enero de 1939, cuando se promulga la ley con fines específicos, así como los reglamentos que desde entonces regulan toda la actividad en los monumentos arqueológicos del país.

Se sabe muy poco de los trabajos arqueológicos realizados por un entrañable amigo de don Felipe Carrillo Puerto, el poeta Luis Rosado Vega, quizá porque la gente lo identifica únicamente como el poeta romántico autor de Peregrina. Pero don Luis Rosado continúa enamorado de los trabajos arqueológicos, y así, en 1927 lo vemos todavía como jefe del Museo Arqueológico de Yucatán, participa también en los primeros trabajos de restauración de Uxmal debido a un derrumbe que sufrió el Palacio del Gobernador.

En 1933 Luis Rosado Vega junto con Alberto Escalona Ramos realiza una inspección en el entonces inaccesible sitio de Palenque, con el objeto de rendir un informe del estado general del sitio y los urgentes trabajos de conservación.

En 1937, todavía siendo director del Museo, es designado jefe de un gran proyecto nacional, el gobierno federal organiza una gran Expedición Científica Mexicana a Quintana Roo, ésta expedición en la que participan expertos en diferentes especialidades; fueron convocados para reconocer el terreno y los recursos naturales existentes en esa entonces desconocida jungla en el lado este de Yucatán; y sugerir las obras necesarias para incorporar este gran territorio económicamente a la República Mexicana, que hasta entonces carecía de carreteras y medios de comunicación. Únicamente existían los pequeños caminos vecinales donde los vehículos automotores no podían penetrar.

En su calidad de jefe de este gran esfuerzo nacional que incluía también el estudio de los sitios arqueológicos, don Luis Rosado Vega se hace acompañar de un grupo de distinguidos arqueólogos mexicanos como Alberto Escalona Ramos, Eduardo Nogera Auza, Miguel Ángel Fernández, César Lizardi Ramos, entre otros. Más de cuarenta sitios precolombinos fueron reportados durante este viaje y es la primera ocasión en que las autoridades mexicanas fijan sus ojos en los sitios mayas de la costa de Quintana Roo que pronto empezará a explorar y restuarar.

La buena voluntad del jefe de la Oficina de la Población, Don Pablo Castillo Cervera, quien ofreció todas las facilidades a los viajeros para visitar Yucatán y desembarcar sin contratiempos de los barcos que hacían las rutas en el Golfo de México.

La aparición de un joven lleno de energía, cargado de ideas y entusiasmo quien Don Fernando Barbachano Peónsubía hasta los barcos que fondeaban frente a Progreso para convencer a los viajeros a convertirse en sus clientes. Este joven Balam, que habla inglés correctamente es Fernando Barbachano Peón, quien en 1924, funda Mayaland Tours (The Oldest and Most Dependable Travel Agency in Mexico), quien, acompañado de John W. Germon (sobrino de William P. Young), y Refugio García, “el Huach”, oriundo de Silao, Guanajuato, operan la naciente empresa turística, en el rumbo de San Cristóbal. Tal y como lo afirma en sus folletos es Mayaland Tours la primera agencia de viajes en México.

Hablar de turismo en el Sureste mexicano es hablar de Fernando Barbachano Peón, poblano de nacimiento, hijo de padres yucatecos, fundador de Mayaland Tours, y quién falleciera en noviembre de 1964 en su casa de Mérida, donde hoy se encuentra el hotel Casa del Balam. Al ser la primera agencia de viajes en México, cada uno de los itinerarios, folletos, manuales de operación y formatos fueron producto de su trabajo y dedicación.

Es en Puebla donde comenzó sus estudios e hizo amistad con un niño que también se convertiría en un gran personaje, Don Vicente Lombardo Toledano, con quién siempre guardó una gran amistad, el tipo de amigos que conservamos toda la vida, los de la niñez.

En los años 20’s después de la Primera Gran Guerra, la economía mundial empezaba a mejorar, pero el Turismo era una experiencia para los muy ricos y poderosos que preferían pasar largas temporadas en Europa, y viajes adicionales a Egipto o en el Oriente Express. ¿Yucatán? ¿Dónde está eso?

En los años 20’s Don Fernando trabaja sin cesar atrayendo los primeros visitantes a Yucatán, su simpatía personal, ingenio y pasión por la civilización maya funcionan, convenciendo a los viajeros en los barcos de la Ward Line que semanalmente visitaban Progreso. Pero su visión le hace tomar decisiones que permitirían agrandar las jóvenes empresas, a lo largo de las siguientes décadas, pero no son una o dos sino muchas. Podría decirse que se imaginó el turismo como está el día de hoy; así adquiere las entonces lejanas, de difícil acceso y semiabandonadas haciendas de Chichén Itzá y Uxmal y amplios terrenos de playa en la Isla de Cozumel, donde en 1961 construye el Hotel Isleño en la Avenida del Malecón con precios de cuarto sencillo por 12 dólares, en doble por 20 dólares, y suites de una, dos y hasta tres recámaras con cocineta, sala de estar y comedor cuyos precios fluctuaban entre 18 y 28 dólares la noche. Al adquirir la bellísima playa de San Juan en la misma isla en 1963 comienza la construcción del Hotel Cozumel Caribe, que después de su fallecimiento, su hijo continuara construyendo. Así adquiere la laguna de Chancanaab con los terrenos que la rodean, y que hoy son un parque ecológico; y la bellísima playa de San Francisco a donde llevaban a los clientes de los tours Robbinson Crusoe a almorzar, es decir, adquiere alguna de las playas más bellas de la isla.

Lo que comenzó en una pequeña oficina por el rumbo de San Cristóbal en la casa de sus padres, reunió a una docena de empresas: agencias de viajes, hoteles, transportadoras, alquiladoras de vehículos, inmobiliarias, etc.

La agencia cambia de nombre a Barbachano´s Travel Service o B.T.S. como acostumbrábamos llamarla, es durante este período que comienza la construcción del hotel Mérida, financiada por empresarios yucatecos, amigos de Don Fernando, quién se hace cargo de la organización y gerencia del hotel, estableciendo ahí mismo  la agencia de viajes.

En alguna época a finales de los años 50’s, pretendió asociarse con los propietarios de la Casa de Montejo, conservando el edificio colonial tal como se encontraba y al fondo del predio hacer una torre hotelera. Desafortunadamente el proyecto no se llevó a cabo. Por otra parte adquirió el edificio del Teatro Peón Contreras, uno de los símbolos arquitectónicos de Mérida, mismo que la familia conservó hasta su expropiación por interés público en la década de los 70’s.

La visión natural del joven emprendedor atrae numerosos jóvenes para laborar con él. La empresa turística es la más antigua de México y la más conocida, producto de una intensa campaña de folletería que cada año atrae nuevos clientes. Así Don Fernando es representante de empresas rivales como son las arrendadoras Hertz y Avis, Waggon Lits Cook y American Express.

Con nuevas alianzas y sin  cesar de trabajar para el proyecto de su vida; él es el único contacto para cualquier persona que por razones de trabajo o diversión llega a la Península. Sus amigos y conocidos lo frecuentaban en el café Peón Contreras, en la esquina sur del teatro sobre la calle 60. Así llegaban a platicar con él grandes maestros como: Román Piña Chan y Don Alberto Ruz L’huillier, políticos y otros.

Pero no todo era trabajo, el viejo, como le decían, era más joven que alguno de sus amigos, y aunque trabajaba mucho, recuerdo que siempre estaba sentado pensando, escribiendo, dibujando, siempre ocupado. Según decía mi padre, dormía poco, solamente unas horas durante la noche, en estas horas de oscuridad, seguía pensando y planeando su trabajo, y al despertar al día siguiente empezaba a ejecutar metódicamente lo planeado la noche anterior; ya sea herrerías tal como las deseaba, o los ladrillos del piso, ventanas, árboles, o edificios completos. Sus hoteles los soñó antes de construir. Pero también tenía tiempo para sus buenos amigos, muchos capitanes de la de industria, el comercio y la banca de Yucatán eran sus amigos, y otros muy cercanos con los que se dirigía al café Peón Contreras, o a la Cueva del Hotel Mérida, o también al Club 57 que estaba muy de moda en esa época. Encontramos a su núcleo más cercano Johny W. Germon; lo recuerdo delgado, de lentes, de guayabera y sombrero de paja; hablaba español guatrapeado y de altura media, serio, de poco hablar. Por otra parte el más simpático de su grupo de amigos era Fernando Rosado Juanes, comerciante y propietario del Night Club 57 (que se encontraba a un costado Peón Contreras); Fernando hablaba inglés con soltura, era el más joven del grupo, bromista y platicador hasta con nosotros los jóvenes; él siempre le ponía alegría a las reuniones. Recuerdo algunas bromas que se jugaban entre ellos y en las que Fernando siempre salía ganando, finalmente él era la alegría del grupo.

Manuel Sabido, el Professor, era fuerte como un toro, le encantaba cantar y escuchar la guitarra, buen platicador, buena onda con todos, hasta con los jóvenes; era un toro de verdad, era el compañero guarura de la fiesta, y era de los señores que nos invitaban a dos como la gente, y le gustaba también compartir con los jóvenes. Todo este grupo tenía su actividad en el centro de la ciudad, cuando Mérida tenía alrededor de 150,000 habitantes, y todos podían llegar a su casa caminando.

Por cierto, Don Fernando tenía un amigo, un niño de 10 años, güerito llamado Raúl Eduardo, quien a escondidas de su papá iba a visitar a su amigo, y después de platicar brevemente al despedirse recibía un billete de cincuenta pesotes, y cuando era descubierto… no había gastada.

Pero el gran Balam sufría de agorafobia, es decir, estar en grandes espacios abiertos, por lo que rara vez dejaba la ciudad, si había alguna obra enviaba a mi padre a inspeccionar y tomar fotos, no recuerdo nunca haber escuchado de sus visitas a los hoteles. Recuerdo una anécdota del tío Pepe Germón quien en compañía del Dr. Raúl Cárdenas Torre y mi padre lo llevaron en una ocasión a Chichén Itzá, Don Fernando decidió permanecer más tiempo, por lo que los acompañantes regresaron a Mérida. Algunos días después, el viaje de regreso es el más memorable de Pepe y según sus palabras una pesadilla… al fin de regreso a Mérida, todo nervioso y descompuesto pide que lo dejen en el café, cosa que hizo el joven gringo, al verlo bajar, todo sudoroso y ansioso todo el mundo quedó pasmado, entre ellos don John W. Germon quién con su cara sorprendida no acertaba abrir la boca.

Al terminar la segunda gran guerra el Balam hizo nacer la Fundación Maya con el objeto de expandir el conocimiento de nuestros antepasados, así con autorización de la Institución Carnegie de Washington, que había durante muchos años publicado los trabajos que llevaba a cabo en Chichén Itzá, Don Fernando mandó publicar en 1958 un facsímil en gran formato de diferentes sitios mayas, no solo de Yucatán sino de Guatemala, Copán, y otros lugares, que dibujó Tatiana Proskuriakoff (acompaña al presente escrito algunas de las imágenes). Estos volúmenes fueron enviados a numerosas universidades y bibliotecas de Estados Unidos y Canadá para promover la civilización maya.

Pero no fué el único acto de la Fundación Maya, recuerdo comentarios del escándalo que se armó cuando solicitó el regreso a su lugar original, en el Templo de la Cruz de Palenque, las figuras en relieve que todavía permanecen en el Museo Nacional de Arqueología en el D.F. Pero el viejo Balam no descansaba, como amante de los mayas de Yucatán, sentimiento que todavía es mayor cuando los yucatecos viven alejados de su tierra, inició en el verano de 1964, algunos meses antes de fallecer, un nuevo enfrentamiento con el INAH, esta vez acusa a las autoridades de la destrucción de monumentos y saqueo de piezas arqueológicas entre las que figuran la conocida Reina de Uxmal procedente de la Pirámide del Adivino de Uxmal y otra llamada el Rey de Kabáh procedente del Codz Pop en Kabáh.

Pero este inquieto joven no solo trabajo para Yucatán, él fué el primero en organizar los viajes por carretera desde Texas hasta el Distrito Federal, visitando los puntos de interés a lo largo del camino. Después de permanecer algunos días en la Ciudad de México, los visitantes se dirigían hacia Cuernavaca, Taxco y finalmente Acapulco, donde permanecían varias noches antes de regresar vía aérea a su lugar de origen.

Como fué pasando el tiempo, las oficinas cambiaban de lugar, del rumbo de San Cristóbal a un local de Hotel Itzá sobre la calle 59, al inaugurarse el Hotel Mérida, pasó al lobby y posteriormente a su Casa del Balam.

Este corto escrito no hace justicia a la persona que hizo todo por el turismo, y yo le soy agradecido, porque me dió grandes satisfacciones y alegrías toda mi vida. Todavía recuerdo las imágenes de Don Fernando serio, adusto, sentado en su silla de ruedas, siempre pensativo… de eso ya será 50 años en noviembre de 2014.

En esa época el viaje no tenía los conforts de la transportación moderna, ya que para visitar Chichén Itzá era necesario abordar el ferrocarril a las 5 de la mañana y después de un arduo y caluroso viaje de cinco horas llegaban finalmente a la estación de Dzitás, donde abordaban el auto de Don Felipe Castillo Novelo, quien entre baches, milpas y monte conducía hasta llegar finalmente a la carretera que inauguró Felipe Carrillo Puerto y que conducía hasta Chichén Itzá.

Hacia 1939 visita Yucatán una funcionaria del gobierno federal en un viaje semioficial y turístico, la funcionaria después de terminar dicho viaje por el Sureste, escribió un maravilloso librito en el que nos permite ver en sus relatos como era Mérida, Yucatán y los yucatecos, en ese lejano año del 39. A su llegada a la ciudad en el aeropuerto en un pequeño bimotor, probablemente un DC-4, los agentes de viajes y hoteleros ofrecían sus servicios entre los que escribe: el Hotel Reforma es el más moderno, cuartos con baño y precios módicos. El Hotel Itzá está en una de las casas aristocráticas de la ciudad. Ella y sus acompañantes se dirigen a una casa de huéspedes en la esquina de las calles 70 y 67, es decir, donde hoy se localiza el Hotel Deschamps, y que en esa época se llamaba la Casa del Conejo, nombre peculiar como se designa hasta el día de hoy este cruzamiento de la ciudad. La atención es inmejorable y la persona encargada, doña Matuch, las atiende con el cariñoso nombre de las “ninias”, desde su llegada las consiente, les envía chinas (naranjas) para calmar la sed, y aunque esta visita a Yucatán sucede durante los últimos días de febrero y primeros de marzo, el caminar por las calles les causa mucho calor.

Así, una vez instaladas, salen a visitar la Plaza Principal, y los edificios monumentales alrededor de la misma, el Museo Arqueológico e Histórico, y diferentes calles de la ciudad. Muy temprano al día siguiente, las despierta el tintinear de unas campanas, y al asomarse a la ventana de su habitación, ve un rebaño de cabras, cada cabra lleva atada al cuello una campanita con la que anuncia que pasa con las ubres llenas de leche. Un corto tiempo después el sonido de otra campana más grave interrumpe su amanecer, es el carro de un vendedor de carbón que tirado por un caballo lleva atado al cuello un cencerro, buscando a los clientes para ofrecer su producto para preparar el desayuno. También muy temprano, apenas amanecía, escucha el sonido de unas palmadas: 3 palmadas, seguidas de un largo intervalo que repite con frecuencia, es el panadero que pregona su olorosa mercancía recién salida de los hornos, encerrada en unas cajas redondas de hojalata que aquí llamamos globos. Las guaguas (autobuses) también son ruidosas, con sus campanillas estridentes recorren las calles, ante este ruido los coche-calesas se detienen para dejar pasar el autobús; son pocos los automóviles que se desplazan por el centro de la ciudad, y no es mucha la gente que camina por las calles.

A la mañana siguiente, después de desayunar, dirigiéndose al centro son interpeladas por una señora que les pide visitar su taller de costura, en el que una docena de mujeres no cesa de trabajar bordando hipiles, zapatos, bolsas y muchos objetos más de henequén. Le llama la atención los ternos, o huipiles usados por las mujeres de Yucatán para los días de gran fiesta, por un módico costo de 30 pesos.

Naturalmente, durante su visita a Yucatán dedica un día para ir a Chichén Itzá, así, a las 4 de la mañana son despertadas para prepararse y dirigirse a la ciudad de los brujos del agua. La oscuridad es completa, apenas en lo alto se ven las pálidas estrellas cuando el automóvil que las conduce atraviesa las calles desiertas. La tranquilidad es absoluta, no hay nadie en la calle, ni vehículos ni personas. Un gallo canta y a poco tiempo otros le contestan y otros, también se escucha el ladrar de los perros, que continua hasta dejar la ciudad. Son 127 kilómetros a recorrer, pero el estado de la carretera es tan malo que es difícil ir a más de 20 kilómetros por hora. A lo largo del camino observan los árboles, a los que su chofer, gentilmente, les dice su nombre: el Pich, al que se enredan las lianas y bejucos; el Pixoy, de duras bellotas en forma de flor; el Chaká, de cuya madera se hacen los palillos de los cerillos, los palillos para las paletas heladas y otros usos; el Yaxché, donde se esconde la X’Tabay para esperar a los hombres pasar por el camino.

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Las garrapatas eran comunes por ser Chichén una hacienda ganadera, en cuanto al pica-pica (pinolillo) existe aún en todos los montes de la Península.

Después de horas de travesía, llegan al pequeño poblado de Pisté, donde desayunan en la orilla de un pequeño cenote (probablemente el conocido con el nombre el X’Tohil) en el centro del pueblo; después de este breve refrigerio bajo la sombra de un gran árbol, unos kilómetros después se encuentra el maravilloso sitio arqueológico, el cual visitan entre espesa vegetación, y son víctimas de los peches (garrapatas), y el chekech (el pinolillo), que les causan una comezón intolerable. Maravilladas por cada uno de los monumentos que visitan, el Castillo, el Templo de los Guerreros, el Juego de Pelota, Cenote Sagrado, Observatorio, las Monjas, y otros. Antes de emprender el camino de regreso toman un picnic en medio de los monumentos arqueológicos y la vegetación, admiran las flores de x’canlol y balché, así como los pájaros que vuelan cerca, esta frugal comida consistente de galletas, laterías, leche condensada y pan duro. . Nuestro guía es un indio ya viejo, recio y erguido, habla maya a la perfección, y sabe de memoria las leyendas de sus antepasados.

La señora y sus acompañantes tienen conocidos en la ciudad de Mérida, mismos que frecuentemente las invitan a departir en compañía de otras personas, así en una ocasión van a almorzar al hotel Itzá, y escribe: “los guisos son excelentes: pescados, carnes, dulces. La cocina yucateca es rica y muy especiada”. La conversación gira sobre diversos tópicos. Como de costumbre, los yucatecos alaban su tierra y sus gentes, y en realidad no les falta razón, herederos de una gran historia, es un pueblo dichoso que se siente orgulloso de su historia y de sus hombres, de sus costumbres y de su suelo.

Durante su permanencia en el Estado también visitan el sitio arqueológico de Uxmal, apenas a una hora y media de distancia por una carretera nueva recién construida, y en buen estado, para la visitante el sitio es como una visión cinematográfica, se maravilla con la pirámide del Adivino, el Juego de Pelota, la Casa de las Tortugas, el Palacio del Gobernador y el más bello de todos los monumentos, la casa de las Monjas. Y de las que escribe: “aquí la piedra adquiere una calidad insospechada; toma figuras aladas; parece una espuma, una filigrana… Finalmente ya se hace tarde y es preciso regresar a Mérida, en el camino se encuentran varios cazadores que van con su escopeta a la espalda. Son las víctimas de la X’Tabay, nos dice riendo el chofer”.

Se dirigen a la playa, visitan el pequeño muelle de madera en el puerto de Progreso, donde encantadas ven el atardecer al ponerse el sol rojo de colores brillantes, asisten a la vaquería en el cercano pueblo de Umán, comen panuchos y salbutes, y sin duda, algunos platillos más de nuestra gastronomía recomendados por sus amistades durante sus estancia en nuestra pequeña Mérida que tenía alrededor de 80 mil habitantes.

Esta historia nos relata cómo era la Mérida que visitaban los turistas y visitantes que por diferentes circunstancias venían a la ciudad y a la Península de Yucatán hacia 1939.

Desde joven, el Licenciado Rosado Espínola disfrutaba visitar los sitios de Uxmal, Chichén Itzá y otras que aún no eran visitados. Llevaba su cámara fotográfica, y nos dejó testimonios de estas visitas como demuestran las imágenes de este blog, y para ello tenía sus botas altas amarradas con largos cordones, sombrero duro tipo colonial inglés y cantimplora, todo un explorador. Frecuentemente conversaba con los maestros arqueólogos Pavón Abreu, Piña Chan, Barrera Vázquez, Ruz L’Huillier, y nuestro amigo y vecino Víctor Segovia, entre otros, quienes con frecuencia lo invitaban para acompañarlos durante las temporadas de excavación. Lejos estaba de trabajar en el turismo. Todavía era estudiante del Instituto Literario y posteriormente de la Universidad.

Abogado por la Universidad del Sureste, ahora U.A.D.Y., desde joven, siendo estudiante, trabajó como litigante en el despacho del Lic. Cámara Milán, aunque algunos años después con las obligaciones que trae una familia acepta el cargo de agente investigador,un trabajo pesado de 24 horas de turno por un día de descanso. Entonces solamente había 2 agentes y el jefe del Departamento. Frecuentemente cuando había algún incidente fuera de Mérida, el descanso desaparecía para trasladarse hasta el lugar de los hechos. Lo recuerdo subiendo al jeep portando su pistola al cinto.

En 1953 abandona el cargo de investigador-ministerio público y acepta una oferta de trabajo de Don Fernando Barbachano Peón. El turismo es su nueva pasión, pero también siente una gran admiración por Don Fernando, admiración que siempre manifestó por “el viejo” como le llamaba. En ese entonces los hoteles eran pequeños y a partir de ese tiempo fueron creciendo debido a la constante demanda, en estos años muchos jóvenes ingresan a la empresa que crece rápidamente, la transformación fue completa y rápida. El número de turistas creció y la planeación y ejecución de las actividades diarias tuvo que modificarse para tener un servicio las 24 horas del día.

El Licenciado Rosado Espínola fué un trabajador por excelencia y con muchas virtudes, intuitivo, creador e ingenioso. Todo esto lo lleva pronto a dirigir la agencia con facilidad e incorporarse como mano derecha de D. Fernando en sus nuevos proyectos. Como Don Fernando, él también tenía el don de saber leer el futuro y preparar sus planes de acción.

¿Problemas? Vamos a preguntarle al Lic. Rosado. Su capacidad de resolver todos los problemas fué siempre admirada por todos, y digo todos porque en la agencia B.T.S. durante los 70’s había más de 50 empleados.

Correspondencia, reservaciones, aeropuerto, tráfico, etc., pero también problemas de los hoteles en Mérida, Uxmal, Chichén Itzá y Cozumel.

Las rutas turísticas en el Sureste de México fueron planeadas originalmente por la Agencia Barbachano’s y utilizadas posteriormente por otras agencias nacionales. Durante los años 50’s y 60’s las agencias tanto nacionales como internacionales preferían todavía utilizar los servicios de la Agencia Barbachano’s por varias razones: la falta de comunicaciones, el correo era lento y frecuentemente se extraviaba, respecto al teléfono era difícil de conseguir una línea para comunicarse internacionalmente y muy caro, además de que los hoteles locales exigían prepagos pero quizás la más importante es que tenían un operador responsable que resolviera la logística diaria, todo esto por un precio por persona.

Siendo los hoteles en los sitios arqueológicos de Uxmal y Chichén Itzá propiedad de la misma empresa solamente aceptaban reservaciones de las agencias Barbachano’s Travel Service y Mérida Travel Service.

Es importante señalar que en esos años el 99% de los servicios turísticos eran privados, es decir que cada reservación ya sea individual y/o familiar se le daba un servicio especial y no se compartían los servicios y costos con otros turistas, naturalmente los costos eran más altos, pero la calidad del servicio era de lujo. El servicio de transportación terrestre se efectuaba por medio de los autos de la cooperativa de guías y cuyo número estaba limitado a 10 vehículos, que en realidad son pocos si consideramos los servicios a Chichén Itzá, Uxmal o Campeche, además de los que por necesidad de mantenimiento debían permanecer en servicio de mantenimiento.

Así con nuevos intereses y siendo muy estudioso, se puso a estudiar de nuevo.

El licenciado Rosado hablaba inglés, francés e italiano, y, aunque ustedes no lo crean, ruso. Nos preguntamos si escucharon bien, ¿ruso? Sí, compró su método Assimil de discos de vinil, tipo long play, que venía acompañado de un libro de texto y un pequeño diccionario y sí, lo hablaba, como escuché en un par de ocasiones. El aseguraba, “algún día vendrán turistas rusos, y yo ya estoy preparado”. Pero también aprendió la escritura cirílica, y tenía cuadernos y más cuadernos llenos de ejercicios de esta escritura. Ahora que muchos grupos de esa nacionalidad visitan el Caribe, comprendo que vivió una generación adelantada.

En 1962 Don Fernando Barbachano Peón, en su incansable deseo de crear toma en renta el nuevo y recién construido, Hotel Panamericana para que le sirva de operaciones a la Agencia Barbachano’s, la cual dona a su hijo Fernando Barbachano Gómez-Rull, pero le pide al licenciado Rosado que vaya con él en la nueva aventura con su hijo. “El viejo” por su parte permanece en su casa, lo que es hoy el Hotel Casa del Balam, e inaugura una nueva operadora, Mérida Travel Service, en el mismo local en compañía de su nueva socia, su hija Carmen Barbachano Gómez-Rull a quien había enviado a la Ciudad de México para contactar a varios turisteros yucatecos que deseaban regresar a su terruño, así vuelve a Mérida Don Ricardo Gutiérrez González, Don Francisco Martínez, acompañado de su esposa, también turistera, Doña Josefina Flores. Todos ellos habían trabajado muchos años en la Ciudad de México y contaban con amigos y contactos en toda la República.

Lo vi llorar cuando Don Fernando “el viejo” falleció, para él fué un segundo padre que le enseñó la vida con una visión avanzada. Tan diferente a la mayor parte de la gente que vivía en esta provincial ciudad en 1964, cuando hablar por teléfono era algo raro, la mayor parte de la población no tenía este servicio, y la larga distancia era una proeza lograda con horas de esperar hasta que llegaba tu turno.

Cuando el mes de abril comenzaba, un secreto a voces corría por los pasillos del Hotel Panamericana; ya viene el cumpleaños del Lic. El chef y sus ayudantes empezaban a planear la fiesta, Wilberth González Fernández, gerente del hotel planeaba dónde sería la fiesta, quienes ayudarían con el servicio, el día 15 al mediodía se detenía el trabajo, los músicos del hotel prestos empezaban a cantar junto a la piscina; los bocadillos, pasteles y refrescos salían de la cocina, mientras uno a uno llegaban a la fiesta sonriendo a festejar al admirado jefe por un par de horas, para que el Lic. tenga tiempo para ir a su casa a almorzar con su familia.

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Licenciado Humberto Rosado Espínola en Chichén Viejo.

Al Licenciado Rosado Espínola le gustaba viajar, así conservamos muchísimas fotografías de sus viajes a Europa en compañía de mi mamá, siempre de traje y corbata, formalmente vestido, ya sea en París, Roma, Venecia, Madrid y muchos otras ciudades que recorrieron en Europa, Estados Unidos y Canadá. Siendo el contacto de agencias de viajes europeas y norteamericanas en el Sureste de México, los descuentos eran tantos que casi siempre era todo regalado. ¿Por qué? Porque Barbachano’s representaba el 90% del turismo de importación de primera clase en esta zona del país, y hasta las aerolíneas daban y recibían cortesías del 100%. Barbachano’s Travel fué también la primera agencia I.A.T.A. (International Association of Air Travel) en México. Es decir, fué la primera autorizada para vender boletos de avión internacionales en esa lejana época. No tuvo que dar fianza ni llenar requisitos que hacían difícil este nicho de mercado desde los años 70’s.

 

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Licenciado Rosado Espínola en compañía de Don Ricardo Gutiérrez González, el Silver Fox.

Desde su fundación en 1919 en La Haya, Holanda, la IATA fué la autoridad máxima que resolvía los problemas entre aerolíneas y sus vuelos internacionales, fijaba tarifas de vuelos internacionales, resolvía controversias entre aerolíneas, o bien, entre éstas y las diferentes autoridades aéreas de todo el mundo. Así la IATA creó manuales de operación, claves de destinos, rutas y horarios para hacer posible las conexiones internacionales y más placenteros los grandes viajes. En esta operación participaban las grandes aerolíneas de Norteamérica, Europa y del resto del mundo.

Entre las aerolíneas No IATA que volaban Europa-América durante los años 70’s y 80’s estaban Air Bahamas y Air Luxembourg que funcionaban como charters, más baratos pero… sin las ventajas que ofrecía la asociación. Así volar de Mérida a Europa se hacía con escalas Mérida-Miami (pernoctar), Miami-Bahamas, y finalmente el vuelo transoceánico. Lo mismo de regreso.

Para que el lector pueda darse una idea de la IATA, esta asociación agrupa hoy a 242 aerolíneas que representan el 94% de la oferta mundial de transporte internacional (hasta el 2013), es decir: es la autoridad que maneja el transporte aéreo a nivel mundial. La IATA simplifica el placer de viajar y mantiene precios bajos y justos en el transporte aéreo.

Vale la pena que el lector localice las diversas páginas de internet de la IATA para que se dé cuenta de la gran importancia a nivel mundial que tiene en el tráfico aéreo.

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Ricardo y Maricela Gutiérrez.

Cada semana venía a Uxmal Doña Maricela López de Gutiérrez, ella llevaba al hotel artesanías de otras partes de México para la tienda del hotel Hacienda Uxmal, como manteles, servilletas y telares de cintura de Oaxaca, cristal soplado del D.F., cazos, platos y otros objetos de cobre de Michoacán, libros en inglés relacionados con la civilización maya, blusas y ropas de bellos colores de Chiapas y Oaxaca, y tantas bellas cosas más. Además de las producidas en la aldea maya, que funcionaba en el jardín del hotel.

Doña Maricela era esposa de Don Ricardo Gutiérrez González, mi jefe cuando atendía grupos de Merida Travel, que en realidad fueron muchos años de back to back (uno después del otro) indefinidamente.

Don Ricardo (el Silver Fox) era toda una leyenda en el turismo ya en los años 60’s, había comenzado a trabajar turismo desde su juventud; al estallar la guerra se va a trabajar a Cuernavaca y al D.F. Regresa a su tierra con la misma vocación, el turismo. Conocí a Don Ricardo en los años 60’s, pero es a principios de los 70’s cuando empecé a trabajar en Merida Travel con los grupos suizos Kouni, que eran operados en Yucatán por ésa agencia cuya cabeza era don Ricardo. El jefe desde muy temprano, antes de las 7 de la mañana, ya estaba en la agencia, checando que todo estaba en orden; las salidas tempraneras a tomar vuelo; los expedientes de los clientes que llegaban en los primeros vuelos. El personal de la oficina de tráfico sabía que siempre iba a encontrarse al jefe, no importaba que temprano se levantase. Pero el equipo era bueno y bien coordinado: Rafael Orozco, Humberto Arjona y el Pollo tenían desde un día antes las listas en sus manos.

Don Ricardo Gutiérrez González poseía un magnífico inglés que perfeccionó muy joven en la Inglaterra misma, con su acento británico. Tenía gusto por tratar con la gente y se esmeraba explicándole a los clientes los monumentos a visitar, y la calidad del servicio. Era un gentleman en todo el sentido de la palabra como diríamos ahora, de la Vieja Guardia.

Con tantos años en el negocio del turismo, era conocido por los operadores de México, Norteamérica y Europa. Sus contactos le permitían hacer negocios en todo el mundo, era hombre de palabra reconocida. Muchos turistas llegaban recomendados a él personalmente lo buscaban tal y como les aconsejaban.

Con una personalidad charmante escuchaba atentamente antes de hablar, con las señoras era muy cortés, y paciente. Con los hombres, muy directo.

Frecuentemente viajaba en busca de nuevos contactos con las agencias de viajes. Su facilidad de palabra y don de gentes lo ayudaba cuando iba a cobrar a los clientes retrasados.

Don Rich desde su juventud fungió como cónsul honorario de Holanda, cargo en el que continuó toda su vida. Un hombre de buen corazón pero muy nervioso, constantemente llevaba su collar de cuentas que como rosario tenía en la mano (worry beads) para tranquilizarse.

Su personalidad simpática lo hizo consejero de la actividad turística en la Cámara de Comercio de Mérida, y frecuentemente llevaba la representación de Yucatán en eventos nacionales e internacionales.

El Zorro Plateado frecuentemente gustaba vestirse muy elegantemente, y usaba una bufanda ligera con saco sport. Naturalmente esto sucedía durante nuestra gélida temporada fría.

Por otra parte, Doña Maricela siempre fue una señora en todo el sentido de la palabra, seria, pero simpática, de sonrisa discreta y que sabía escuchar. Frecuentemente almorcé con ella durante sus visitas al hotel con pláticas interesantes.

Por azares de la vida Doña Maricela vivió su niñez en Nueva Orleáns. Al regresar a Yucatán hablaba muy poco español, así todas las tardes estudiaba este idioma con su mamá. Cuando sus compañeras de escuela se dieron cuenta que la niña ya entendía bien todo lo que le decían, a sus pláticas le agregaban palabras en maya. La niña desesperada no sabía qué hacer. La mamá pacientemente le explicó el significado de algunas palabras en maya. Finalmente la niña entendía toda la conversación, por lo que las compañeras cambiaron a la jerga yucateca del “pig latino” o uso excesivo de vocales extras en las oraciones, muy de uso en Yucatán durante la primera mitad del siglo XX.

Ante esta situación la mamá frustrada exclamó: “Déjalas, están locas”.

Pero regresando a Don Ricardo Gutiérrez González, conservo muchos recuerdos de nuestra relación de trabajo y amistad: como mencionara arriba, Don Rich desde su juventud fue el cónsul honorario de Holanda en Yucatán, por lo tanto se ocupaba de los negocios comerciales y turísticos de ese país. Así un buen día nos fuimos a Playa del Carmen en el viejo Opel de Rafael Orozco para ocuparnos de un barco de turistas de la naviera Holland America. Era el 16 de enero de 1976, me acuerdo bien como veremos más adelante, fue uno de los tours que uno nunca olvida.

Al llegar a Playa del Carmen, que en ese entonces era un pequeño pueblito, dormimos en un “hotelito” que tenía el piso de arena y al día siguiente fuimos a desayunar a una fondita de esas que existen en lugares prácticamente apartados y solitarios, de desayuno huevos, arroz y frijol con tortillas; no había menú para escoger. El caso es que cuando tomamos la carretera en el camino de regreso, la noche era fresca y clara, habíamos acordado cenar en el mercado de Valladolid, íbamos cansados del ajetreo de los últimos dos días pero contentos y bromeando; pero uno propone y Dios dispone. Ya era el 17 de enero en la noche, el caso es que de regreso a Mérida se echó a perder el auto a la entrada del pueblo llamado Tintal (no existía la supercarretera), y estábamos a 80 kilómetros de Cancún, y la misma distancia de Valladolid, el pueblo estaba oscuro y no había nadie en las calles, además había un frío terrible y Don Ricardo, a pesar de su saco y suéter, no dejaba de temblar de frío; Rafael y yo nos turnábamos para abrazarlo para darle calor, todavía recuerdo a Don Rich diciéndome: “abrázame Jorge, abrázame”.

Finalmente a las 4 de la mañana llegamos a Mérida, dejamos a Don Ricardo en su casa para ir a descansar. A las 8:30 de la mañana del día siguiente me presenté al hotel Mérida para recoger un grupo de turistas, Don Ricardo ya estaba en el hotel y me presentó a la conductora del grupo, (“caramba! También de apellido holandés”) Joana van der Gracht. Los lectores de este blog ya saben que caí inmediatamente enamorado, me casé y todavía seguimos casados.

Con la llegada de la navegación aérea las corrientes turísticasFolleto de Mexicana de Aviación aumentaron grandemente, todo era más cómodo y rápido. La Compañía Mexicana de Aviación S.A. hace frecuentemente vuelos de conexión entre la Ciudad de México y Mérida, pero es el 9 de junio de 1929 que inaugura su servicio regular. En los años 40’s se fusiona Mexicana de Aviación a Panamerican Airways comunicando Mérida con Miami, Nueva Orleáns, La Habana y Guatemala, ya para 1946 Mexicana opera 60 vuelos semanales al D.F. y 10 a Cuba.

Al estallar la segunda gran guerra el turismo desaparece en todo el mundo, pero en nuestra ciudad había comenzado la construcción del Hotel Mérida, mismo que fue inaugurado parcialmente en 1942, siendo el primer hotel moderno de estilo y formato norteamericano, con aire acondicionado, teléfono en cada habitación, agua fría y caliente, así como piscina, bar, restaurante, tiendas y un night club en el piso superior llamado “ El Mirador”. Hay que decir que es después de la guerra que se continúa con El Mirador del Hotel Méridala construcción de los últimos pisos de este hotel, propiedad de inversionistas yucatecos, y que fue el hotel más importante en Yucatán hasta los años 60’s; durante muchos años fue gerente administrador Don Fausto González Medina.

A mediados de los años 60’s el Hotel Mérida era considerado el mejor hotel de la ciudad y los precios variaban según la parte antigua o la parte nueva. Recordamos que al estallar la Segunda Guerra Mundial el turismo de detuvo y únicamente habían construido los dos pisos bajos del hotel, la torre y el mirador van a inaugurarse posteriormente, así la parte antigua costaba $100 pesos la noche mientras que la parte nueva costaba $135 pesos, ambas por habitación doble. En esa época el hotel estaba operado por la cadena BALSA y su gerente en Mérida era el señor Humberto Roma. Su comedor fue uno de los favoritos de los habitantes de la ciudad de Mérida, su cheff Medina fue muy famoso en toda la ciudad. Los libros guía recomendaban comer la sopa de lima por $6 pesos, carne asada por $16 pesos, el pan de cazón por $6 pesos y helado de guanabana también por $6 pesos.

En el Hotel Flamingo la habitación costaba $55 pesos por un doble y $40 por una sencilla.

El Hotel Colón con 20 habitaciones tenía costos variables, el doble de $80 a $122 pesos y sencillo de $60 a $90 pesos, anunciaba también su piscina, jardín, baños de vapor, estacionamiento, tienda de curiosidades, agencia de viajes y un restaurante a buen precio donde ofrecía sus especialidades de venado y pato asado en su menú.

Para mi sorpresa encontré un dato que nunca había escuchado, el PINAR con solo 5 habitaciones recibe la atención personal del señor y la señora Pinar que habitaban la residencia palacial adjunta. Doble $70 pesos, sencillo $50 pesos.

Muchos hoteles grandes y pequeños abrieron en esta década como el Alfonso García, Del Parque, San Luis, Casa del Balam, Panamericana, etc.

En el centro de la Ciudad existían numerosos cafés donde gente de Mérida, y turistas nacionales y extranjeros venían por un café,  un sándwich, una cerveza o una comida completa. Casi todos estos establecimientos ubicados en el centro están hoy cerrados. Pero en los años 60’s y anteriores fueron centros de reunión con el auténtico sabor provincial del antiguo Yucatán, como el Café Express, el Balsa, el Ferráez, el Louvre abierto 24/7, que no tenía ni puertas para cerrar y famoso por su club sándwich. El Café Peón Contreras en la esquina sur del teatro, lugar de reunión de todos los universitarios, o el Café Rodríguez en la esquina de la 57 x 60, contraesquina de la Universidad, famosísimo por sus vasos de leche fría, sus medias noches y cremas moriscas.

Otro recuerdo olvidado es el Drive In Hector’s situado en la esquina de la acera donde está hoy la Walmart en el Paseo de Montejo, las guías turísticas se refieren como buenas hamburguesas, perros calientes, sándwiches, tamales, malteadas, refrescos pero no english spoken, sorry.

La Casa de las Paellas en la calle 62 x 55 y 57, propiedad de una familia española-yucateca. Este restaurante era conocido como el Mesón del Castellano y la comida se preparaba a partir del momento que el cliente la solicitaba, por lo que frecuentemente había que esperar más de media hora para ser servido. Pero eso sí, la comida caliente, deliciosa y de primera calidad. Este restaurante tenía una particularidad, la puerta estaba siempre cerrada y al llamar acudían los propietarios para permitir el paso a los comensales. Era el único establecimiento de este género en Mérida que trabajaba de esta forma. El gran contraste con este restaurante era el Café Louvre, que como apuntamos anteriormente, ni siquiera tenía puertas para cerrar y permanecía abierto las 24 horas los 7 días de la semana.

Otros restaurantes de primera en la década de los 60’s en adelante son los representados en las siguientes imágenes con información sobre ellos.

Alberto. 2012.

El propietario del Alberto’s Continental Patio, Alberto Salum Abdala, siempre ha sido un gran restaurantero y sobre todo el mejor anfitrión de todos los restaurantes que han existido en Mérida, así, visitaba cada una de las mesas y frecuentemente se sentaba a conversar con los comensales, como sigue haciendo hasta el día de hoy. Alberto fundó el restaurante el 24 de febrero de 1962.

Muchísimas veces, los que éstos escriben, llevamos grupos de turistas norteamericanos y europeos, y otras veces con familia y amigos. El lugar es frecuentado por los artistas de cine, políticos y personajes distinguidos que visitan la ciudad. En la foto aparecen de blusa roja Joanna Van der Gracht de R., y Mary Lumby, visitante de Vancouver, Canadá.

Entonces los yucatecos visitaban el centro histórico de la ciudad, todo estaba en el centro, los cines, las tandas, restaurantes, bancos, hasta las agencias de automóviles estaban en el centro de la ciudad. Es la época antes de los malls.

El Mirador del Hotel Mérida, situado en el piso superior del hotel, fue por muchos años el único sitio que organizaba eventos sociales, graduaciones, bailes, y otros eventos con grandes orquestas en vivo, como las de Secundino Pech, Ponciano Blanqueto, Méndez Baeza, que hicieron la alegría durante las década de los 50’s y 60’s. A mediado de los 60’s nuevos sitios empezaron a participar en este mercado. El Hotel Mérida, que conservaba su antiguo bar La Cueva, donde era obligado a ir a tomar cerveza al mediodía los domingos, el lugar siempre lleno, con buena botana y con la atención especial de su mesero estrella, don Silas, este ambiente se conservó durante muchísimos años, aunque con el tiempo la clientela local acudía a otros sitios; años después abre justo en la esquina de las calles 57 y 60 un nuevo centro nocturno, La Trova, precioso lugar , cómodo, con aire acondicionado y al principio con la participación siempre exitosa de doña Judith Pérez Romero, y las Maya Internacional, que durante años fue un lugar de reunión preferido por las familias yucatecas y turistas que disfrutaban del ritmo y la alegría que transmitía doña Judith. Siendo muy jóvenes, un grupo de muchachos labora en el hotel durante los años sesenta, entre ellos recuerdo a Luis Rosado Canto, Julio Piña Monsreal, quien para su entrenamiento fué enviado al Hotel del Prado en el D.F., entonces uno de los grandes hoteles de México, con el cargo de auditor nocturno; otro joven de los años 60’s fué Miguel Ramírez Gamboa, quien laboró en diferentes hoteles durante muchos años. Al jubilarse su antiguo gerente, el señor Fausto González Medina, desfilan en el puesto varios personajes como cuando la cadena Nacional Hotelera arrenda la propiedad y envía como gerente al señor Umberto Roma; después de él envían a un joven yucateco, Aureo Baqueiro, quien tiene como segundo en la operación del hotel a Manlio Rosado Canto. Más adelante los Hoteles Misión envían como gerente del hotel y de todas sus operaciones regionales al señor Guillermo Bolaños Cacho, la agencia de viajes Rutas del Mayab forma parte de este conglomerado, tiene como gerente al señor Enrique Febles Ortiz, y la operadora es la señora Gloria Bacelis. Posteriormente, Enrique Febles se asocia con David y Benjamín Campos para adquirir la agencia de viajes Buvisa llamando a la señora Bacelis para que continúe a cargo de la operación de esta empresa. Posteriormente llega don Eduardo Santana, quién también tenía una larga cadena de gerencias de hotel en su pasado y quien inauguró el hotel Maya Tabasco, en Villahermosa, el señor Santana se encargó de su construcción, equipamiento y finalmente de la operación durante varios años antes de venir a Mérida; posteriormente fue designado director del hotel Misión Cancún, y actualmente continúa trabajando Pero también muchos amigos laboraron en el hotel como Manuel Palma Noguera, quien fungió como auditor general; Raúl Villajuana de la Piedra, jefe de recepción; el señor Cardeña, Gloria Bacelis, el chef Medina, quien fué uno de los primeros yucatecos en esa profesión, y el comedor era atendido por una par de jóvenes simpáticos, laboriosos y trabajadores, Juan Bosco y Claudio.

El Hotel Panamericana fué la primera competencia del antiguo Hotel Mérida, que hasta 1962 era considerado “el hotel en la ciudad”, construido por la familia Charruf y administrado por sus hijos son una nueva generación de turisteros, jóvenes con grandes ganas de trabajar se encargan de la administración del hotel hasta que algunos años después fue rentado a la cadena Barbachano’s, quienes traen como su primer gerente al señor Leça, un portugués de gran experiencia en el ramo, quien permanece algunos años en el cargo hasta trasladar su residencia a Cozumel. El nuevo gerente, don Wilbert González Fernández, va a permanecer en el cargo durante décadas y le va a dar un ritmo diferente.

Además de don Wilberth (“El Tigre”) González Fernández, laboraban don William Sosa y Miguel Montero como subgerentes; Gelda Carrillo y Lupita Cetina como jefas de Departamento; Silas Jr. era el jefe de Alimentos y Bebidas.

El entretenimiento constante era una cosa normal. El cuarteto Tropicana amenizaba el bar desde el mediodía, en las tardes continuaba el maestro Antonio Pérez Concha, al piano. Finalmente el Ballet Maya.

Una anécdota interesante conocida por los empleados del hotel: laboraba un joven muy delgado, bajo de peso, en el departamento de limpieza. Al enterarse el Tigre de su afición en su tiempo libre, lo transfirió a la cocina, para alimentarse bien (para ganar peso) y poder continuar con lo que le gustaba, el box. El joven era sparring de Miguel Ángel Canto Solís, y su nombre era Lupe Madera, ambos campeones mundiales de box.

El hotel me trae muchos recuerdos, la bella casona de principios del siglo XX fue conservada en su totalidad, todo era visualmente muy atractivo: sus techos altos que alcanzaban 6 metros de altura, las molduras en estuco que adornaban los corredores y las oficinas situadas en esta área antigua, las sólidas puertas de madera, con herrajes y cristales biselados, así como su patio interior rodeado de columnas y corredores que eran muy admirados por los turistas. Hacia 1965 la agencia de viajes Barbachano’s Travel Service, la más importante de ésa época, se instala en el hotel, el ir y venir de turistas y turisteros era continuo, mis amigos como Rafael Orozco, Viadest, Pepe Canto, Olegario González, Luis Leal, así como numerosas señoritas, los contadores… y otros amigos como Felipe Ortegón Casares, José Antonio López Lavalle, y otros muchos más. Su comedor en el segundo piso y con vista a la piscina era maravillosamente elegante, el Provenzal. En las noches, justo abajo del comedor, se encontraba el bar siempre repleto, los turistas abarrotaban el lugar, mientras se hacían las representaciones de bailables y ofrendas con vestimentas bien elaboradas, grandes penachos de pluma para representar el show El Mucuy Ka’ak, o Paloma de Fuego. Más tarde la diversión continuaba en el bar El Mural, otro de los espacios del hotel, este dedicado a la vida nocturna, allí estaban don Wilberth González y el señor Sosa, animando la fiesta, disparando los shots de tequila, mientras el conjunto musical hacía de su parte llevando la alegría desde temprano a todos los asistentes, era muy interesante porque todos los trabajadores hacían de todo para darle vida al hotel. Todo esto en aquella lejana época mientras el night club esperaba la llegada de su cliente especial, Roberto “El Musulungo” Herrera, famosísimo jugador de beísbol, y quien además de ser receptor de los Leones de Yucatán, era un gran músico. La fiesta se animaba en grande cuando avisaba por teléfono que el partido de pelota había terminado y que estaba en camino y cuando con su trompeta en mano tocaba los grandes éxitos del momento como “Juguito de Piña” y otros.

Es también Don Wilberth González quien empieza a organizar en el Hotel Panamericana, la fiesta anual de Fin de Año, misma que además de tener la mejor música de la ciudad, ofrecía un buffet de año nuevo y con las bebidas incluidas, y para no tener problemas con los huéspedes que pernoctaban en el hotel, se les invitaba gratis para asistir a la fiesta que terminaban hacia las 4 de la mañana. En fin, el hotel no paraba de trabajar desde el servicio de café a las 5 de la mañana que se ofrecía a los clientes que partían al amanecer, hasta darle vuelta al reloj. Años después otros hoteles empezaron a organizar esta celebración anual que todavía continúa.

A finales de los años 60’s, don Manuel Cáceres Baqueiro y sus socios construyen en el Paseo de Montejo dos bellos hoteles: El Montejo Palace y el Paseo de Montejo, siendo el primero más grande, y frecuentemente el mismo gerente servía para ambos establecimientos. El primer gerente del hotel fue don Ramiro Carrillo Herrera, turístero de toda la vida, cuando la cadena Nacional Hotelera rentó la propiedad vino como gerente el señor Humberto Rivera. También fueron gerentes del hotel en estos lejanos tiempos, don Luis Alfaro Baqueiro, Jorge Urcelay, así como llega a Mérida un chef de origen suizo, don Pedro Gullotti, y don Valerio Rivera.

En el último piso del hotel se instala un night club de primera con pista para bailar y que también atrae a mucha gente de Mérida y de Estados vecinos, el Aloha con su música en vivo es un club como de las grandes ciudades, de gran ambiente y de precio realmente moderado, además del ambiente del club, el Aloha ofrecía una vista nocturna de la ciudad, que le daba un plus único. En diciembre de 1971 se inaugura con la presentación del compositor y cantante yucateco Luis Demetrio, aquí actuaron los grandes shows a nivel nacional como Sandro de América, Chabuca Granda, Carlos Cuevas, Pasquale, y otros de igual fama. Pero vecinos de todas partes de la península venían los fines de semana para visitar los night clubs, ya sea de Ticul, Valladolid, Tizimín, Chetumal, Campeche, Ciudad del Carmen y tantos otros lugares.

Los jefes de meseros que controlaban la operación fueron Héctor Villanueva, y un joven guerrerense de apellido Sevilla.

Por su parte, su gemelo de enfrente, el Paseo de Montejo, abre su bar La Conquista, dónde se presentan artistas consagrados como Mozu “La Voz”, que estuvo largas temporadas. Este hotel también fue rentado una época durante los 70’s por Eduardo Menéndez Rodríguez, quién también tuvo en el lobby del hotel su agencia de viajes, Calesa Tours. Otro gerente del hotel fue don Pedro Gullotti.

Con el paso del tiempo, el personal cambia de lugar de trabajo, en ocasiones esto sucede frecuentemente, así que las personas que menciono laborando en algún hotel o empresa, los menciono posteriormente laborando en otros sitios, sobre todo en los años 60’s y principios de los 70’s cuando Cancún no existía, o empezaba a desarrollarse, muchos son sin duda que no recuerdo sus nombres, aunque a veces recuerda uno las caras de cómo éramos en esa lejana época.

En los años 70’s un grupo de jóvenes aparecen en las puertas de los hoteles turísticos: uno que cambia dólares, otro que vende monedas de plata, el güerito Bojórquez que ofrece sus sombreros de panamá; Armando el fotógrafo, que con gran simpatía toma fotografías de los turistas en los sitios arqueológicos; otros vendían hamacas, ropa típica, y a los turistas nacionales otros vendían quesos de bola, mantequillas de importación, talcos y cortes de pantalones.

Tengo a la mano uno de los famosos libros guías de 1964 que todos los turistas norteamericanos traían en su viaje: MÉXICO A $5 DÓLARES POR DÍA, de John Wilcock. Es muy interesante recordar las entradas que hizo sobre los diferentes lugares del país, con los precios, distancias y tiempos a recorrer. De este libro extraemos el siguiente párrafo:

“El restaurante más diferente a todos los demás en la ciudad de Mérida no se encontraba cerca del centro, sino en los alrededores, aproximadamente a 15 minutos en taxi, por lo que no se debe pagar más de $5 pesos. Es una buena idea ir a las 9 de la noche y pedirle al taxista que le venga a buscar hasta las 11, así tendrá tiempo para bailar y ver el espectáculo de cada noche. El restaurant se llama TULIPANES y una buena cena cuesta alrededor de $25 pesos  (es a la carta, con platos fuertes a partir de $9 pesos). Antes de dejar el restaurant baje al río subterráneo llamado cenote. El agua es muy limpia y según la leyenda era el lugar donde se bañaban las princesas mayas hace algunos siglos. Usted puede nadar si desea aunque no se hace frecuentemente debido a que hay algunos murcielagos volando alrededor de la cueva. “

Este restaurante que fue el gran éxito durante los años 50’s hasta los 70’s ocupaba una manzana de terreno y en el habían grandes árboles frutales y de flores que le daban una atmósfera única al lugar. Otra mención que es necesaria hacer es que el show de cada noche consistía en hacer un sacrificio de una princesa maya, la cual era arrojada al cenote, donde la esperaba un dios de la lluvia con una máscara de Yuum Cha’ac, el cuál no era nada más ni nada menos que el cajero del club nocturno, Raúl Rosado Baeza.

En el restaurante Gran Almendro’s, en el orden de costumbre: Rafael Orozco Padilla, nuestro “compadre”, Jorge Rosado Baeza, Miguel Rosado Uc y esposa Guadalupe Cetina Pinzón, quienes trabajaron en el Mayaland a principios de los años 60’s y posteriormente se fueron a trabajar a California, donde viven desde hace más de cuarenta años en el área conurbana de San Francisco, Joanna Van der Gracht de Rosado y la licenciada Rosy Quintal Euán. 2011.



1938.

1938.

Mapa de la península de Yucatán extraido de las páginas de Yucatan of Yesterday. 1938.

3 comentarios
  1. I did so much enjoy your lecture about Yucatecan Tourism. I had to hurry, so I did not get to stay around afterwards; but wanted to ask you for the name of the famous singer whom you mentioned–she was the one that sang because she liked to, not because she had to, (for she was married to a millionaire.) I’m hoping that there might still be a way to find her songs on CD.)

    I’m not very good at history, so I enjoy lectures which personalize it in the way that you did.

    Thank you very much.

  2. Rossy Euan permalink

    Gracias Lic Rosado, muchas gracias me encanta leer estos escritos, me hacen imaginar un mundo maravilloso del Turismo, y recordar muchas cosas vividas. Gracias!

  3. Querido Escritor, admiro mucho su blog. Usted sabe mucho sobre la historia de la arqueología y el turismo. Tengo preguntas muy importantes que hacer sobre esto. Estoy escribiendo un artículo sobre la historia de Alberto Ruz como jefe de los monumentos en el noreste. ¿Me podrías contactar a elaineschele@gmail.com? ¡Gracias!

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