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TURISMO EN YUCATÁN

Hacia el año 1923 se presentan en nuestro estado varias circunstancias que en su conjunto van a favorecer el nacimiento y desarrollo del Turismo en Yucatán y en México como actividad económica de gran importancia.

Felipe Carrillo Puerto y cía.

Foto publicada por el Diario de Yucatán el 26 de julio de 1981.

Una de ellas es el interés de Don Felipe Carrillo Puerto, Gobernador de Yucatán, quien apoya la actividad turística de diversas maneras: Funda el Museo Yucateco, construye la carretera Dzitás–Chichén Itzá, organiza y promueve visitas a Yucatán de dignatarios, periodistas y hombres de negocios, apoya y gestiona ante el Gobierno Federal la solicitud de la Institución Carnegie para participar en la restauración de Chichén Itzá, estos trabajos pusieron por primera vez a Yucatán ante la posibilidad del desarrollo turístico, ya que la llegada de la Institución Carnegie en 1924, con su tecnología moderna y amplios recursos económicos, permitió hacer excavaciones y trabajos de restauración en Yucatán hasta 1939, en la que participaron numerosos arqueólogos y antropólogos extranjeros bajo la dirección de Sylvanus G. Morley, mientras que los mexicanos trabajan bajo la dirección de las autoridades federales dependientes de la Secretaría de Educación Pública. Fue el inicio de la segunda gran guerra que obligó a la suspensión de los trabajos en Chichen Itzá.

Dr. Morley con el Staff de Carnegie

Sylvanus G. Morley y parte del Staff del Proyecto Chichén Itzá de la Carnegie.

Como mencionamos anteriormente, la intervención de Felipe Carrillo Puerto no fue únicamente política, sino que personalmente participó en las visitas de los funcionarios norteamericanos, y los acompañó en varias ocasiones a Chichén Itzá; fue él quien en 1923 dió a conocer el contrato formal celebrado con la institución Carnegie y el gobierno mexicano representado por el secretario de Agricultura y Fomento, desafortunadamente don Felipe Carrillo Puerto no vio ni siquiera el inicio de estos trabajos ya que fue asesinado el 3 de enero del año siguiente, es decir 1924.

Cabe mencionar que entonces no existía el Instituto Nacional de Antropología e Historia, que fue creado el 3 de enero de 1939, cuando se promulga la ley con fines específicos, así como los reglamentos que desde entonces regulan toda la actividad en los monumentos arqueológicos del país.

El acervo original del Museo Yucateco, provino de diversas fuentes tal como una colección de objetos valiosos que durante su vida como párroco el ilustre obispo de Yucatán, don Crescencio Carrillo y Ancona, recogió de sus visitas a lo largo y ancho de los Estados de Yucatán y Campeche. El obispo Carrillo y Ancona fue uno de los yucatecos más ilustrados del siglo XIX; maestro, filósofo, mayista, escritor de variados temas acerca de los mayas y de Yucatán, novelista, viajero, coleccionista, etc.

A mediados del siglo XIX, el gobierno del Estado convoca a los presidentes municipales a recoger y enviar a la ciudad de Mérida los objetos históricos o interesantes que se encontraran en su jurisdicción.

También recibió aportaciones de objetos preciosos o interesantes de particulares yucatecos cuyas familias habían coleccionado éstos objetos durante muchos años.

Así mismo, adquisiciones que el Gobierno del Estado hizo directamente de personas que tenían objetos de las cualidades ya mencionadas.

Cabe mencionar que al fallecer el obispo en 1897, el Estado de Yucatán heredó los objetos de su propiedad.

El Museo Yucateco estuvo instalado hasta principios de los años 60’s en la calle 61, enfrente al costado norte de la Catedral, donde hoy existe un estacionamiento, un edificio de dos pisos, y la iglesia de San Juan de Dios.

Chichen Itza_blog

Se sabe muy poco de los trabajos arqueológicos realizados por un entrañable amigo de don Felipe Carrillo Puerto, el poeta Luis Rosado Vega, quizá porque la gente lo identifica únicamente como el poeta romántico autor de Peregrina. Pero don Luis Rosado continúa enamorado de los trabajos arqueológicos, y así, en 1927 lo vemos todavía como jefe del Museo Arqueológico de Yucatán, participa también en los primeros trabajos de restauración de Uxmal debido a un derrumbe que sufrió el Palacio del Gobernador.

En 1933 Luis Rosado Vega junto con Alberto Escalona Ramos realiza una inspección en el entonces inaccesible sitio de Palenque, con el objeto de rendir un informe del estado general del sitio y los urgentes trabajos de conservación.

En 1937, todavía siendo director del Museo, es designado jefe de un gran proyecto nacional, el gobierno federal organiza una gran Expedición Científica Mexicana a Quintana Roo, ésta expedición en la que participan expertos en diferentes especialidades; fueron convocados para reconocer el terreno y los recursos naturales existentes en esa entonces desconocida jungla en el lado este de Yucatán; y sugerir las obras necesarias para incorporar este gran territorio económicamente a la República Mexicana, que hasta entonces carecía de carreteras y medios de comunicación. Únicamente existían los pequeños caminos vecinales donde los vehículos automotores no podían penetrar.

En su calidad de jefe de este gran esfuerzo nacional que incluía también el estudio de los sitios arqueológicos, don Luis Rosado Vega se hace acompañar de un grupo de distinguidos arqueólogos mexicanos como Alberto Escalona Ramos, Eduardo Nogera Auza, Miguel Ángel Fernández, César Lizardi Ramos, entre otros. Más de cuarenta sitios precolombinos fueron reportados durante este viaje y es la primera ocasión en que las autoridades mexicanas fijan sus ojos en los sitios mayas de la costa de Quintana Roo que pronto empezará a explorar y restuarar.

Manuel Sabido, el Professor, era fuerte como un toro, le encantaba cantar y escuchar la guitarra, buen platicador, buena onda con todos, hasta con los jóvenes; era un toro de verdad, era el compañero guarura de la fiesta, y era de los señores que nos invitaban a dos como la gente, y le gustaba también compartir con los jóvenes. Todo este grupo tenía su actividad en el centro de la ciudad, cuando Mérida tenía alrededor de 150,000 habitantes, y todos podían llegar a su casa caminando.

La buena voluntad del jefe de la Oficina de la Población, Don Pablo Castillo Cervera, quien ofreció todas las facilidades a los viajeros para visitar Yucatán y desembarcar sin contratiempos de los barcos que hacían las rutas en el Golfo de México.

Hacia 1939 visita Yucatán una funcionaria del gobierno federal en un viaje semioficial y turístico, la funcionaria después de terminar dicho viaje por el Sureste, escribió un maravilloso librito en el que nos permite ver en sus relatos como era Mérida, Yucatán y los yucatecos, en ese lejano año del 39. A su llegada a la ciudad en el aeropuerto en un pequeño bimotor, probablemente un DC-4, los agentes de viajes y hoteleros ofrecían sus servicios entre los que escribe: el Hotel Reforma es el más moderno, cuartos con baño y precios módicos. El Hotel Itzá está en una de las casas aristocráticas de la ciudad. Ella y sus acompañantes se dirigen a una casa de huéspedes en la esquina de las calles 70 y 67, es decir, donde hoy se localiza el Hotel Deschamps, y que en esa época se llamaba la Casa del Conejo, nombre peculiar como se designa hasta el día de hoy este cruzamiento de la ciudad. La atención es inmejorable y la persona encargada, doña Matuch, las atiende con el cariñoso nombre de las “ninias”, desde su llegada las consiente, les envía chinas (naranjas) para calmar la sed, y aunque esta visita a Yucatán sucede durante los últimos días de febrero y primeros de marzo, el caminar por las calles les causa mucho calor.

Así, una vez instaladas, salen a visitar la Plaza Principal, y los edificios monumentales alrededor de la misma, el Museo Arqueológico e Histórico, y diferentes calles de la ciudad. Muy temprano al día siguiente, las despierta el tintinear de unas campanas, y al asomarse a la ventana de su habitación, ve un rebaño de cabras, cada cabra lleva atada al cuello una campanita con la que anuncia que pasa con las ubres llenas de leche. Un corto tiempo después el sonido de otra campana más grave interrumpe su amanecer, es el carro de un vendedor de carbón que tirado por un caballo lleva atado al cuello un cencerro, buscando a los clientes para ofrecer su producto para preparar el desayuno. También muy temprano, apenas amanecía, escucha el sonido de unas palmadas: 3 palmadas, seguidas de un largo intervalo que repite con frecuencia, es el panadero que pregona su olorosa mercancía recién salida de los hornos, encerrada en unas cajas redondas de hojalata que aquí llamamos globos. Las guaguas (autobuses) también son ruidosas, con sus campanillas estridentes recorren las calles, ante este ruido los coche-calesas se detienen para dejar pasar el autobús; son pocos los automóviles que se desplazan por el centro de la ciudad, y no es mucha la gente que camina por las calles.

A la mañana siguiente, después de desayunar, dirigiéndose al centro son interpeladas por una señora que les pide visitar su taller de costura, en el que una docena de mujeres no cesa de trabajar bordando hipiles, zapatos, bolsas y muchos objetos más de henequén. Le llama la atención los ternos, o huipiles usados por las mujeres de Yucatán para los días de gran fiesta, por un módico costo de 30 pesos.

Naturalmente, durante su visita a Yucatán dedica un día para ir a Chichén Itzá, así, a las 4 de la mañana son despertadas para prepararse y dirigirse a la ciudad de los brujos del agua. La oscuridad es completa, apenas en lo alto se ven las pálidas estrellas cuando el automóvil que las conduce atraviesa las calles desiertas. La tranquilidad es absoluta, no hay nadie en la calle, ni vehículos ni personas. Un gallo canta y a poco tiempo otros le contestan y otros, también se escucha el ladrar de los perros, que continua hasta dejar la ciudad. Son 127 kilómetros a recorrer, pero el estado de la carretera es tan malo que es difícil ir a más de 20 kilómetros por hora. A lo largo del camino observan los árboles, a los que su chofer, gentilmente, les dice su nombre: el Pich, al que se enredan las lianas y bejucos; el Pixoy, de duras bellotas en forma de flor; el Chaká, de cuya madera se hacen los palillos de los cerillos, los palillos para las paletas heladas y otros usos; el Yaxché, donde se esconde la X’Tabay para esperar a los hombres pasar por el camino.

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Las garrapatas eran comunes por ser Chichén una hacienda ganadera, en cuanto al pica-pica (pinolillo) existe aún en todos los montes de la Península.

Después de horas de travesía, llegan al pequeño poblado de Pisté, donde desayunan en la orilla de un pequeño cenote (probablemente el conocido con el nombre el X’Tohil) en el centro del pueblo; después de este breve refrigerio bajo la sombra de un gran árbol, unos kilómetros después se encuentra el maravilloso sitio arqueológico, el cual visitan entre espesa vegetación, y son víctimas de los peches (garrapatas), y el chekech (el pinolillo), que les causan una comezón intolerable. Maravilladas por cada uno de los monumentos que visitan, el Castillo, el Templo de los Guerreros, el Juego de Pelota, Cenote Sagrado, Observatorio, las Monjas, y otros. Antes de emprender el camino de regreso toman un picnic en medio de los monumentos arqueológicos y la vegetación, admiran las flores de x’canlol y balché, así como los pájaros que vuelan cerca, esta frugal comida consistente de galletas, laterías, leche condensada y pan duro. . Nuestro guía es un indio ya viejo, recio y erguido, habla maya a la perfección, y sabe de memoria las leyendas de sus antepasados.

La señora y sus acompañantes tienen conocidos en la ciudad de Mérida, mismos que frecuentemente las invitan a departir en compañía de otras personas, así en una ocasión van a almorzar al hotel Itzá, y escribe: “los guisos son excelentes: pescados, carnes, dulces. La cocina yucateca es rica y muy especiada”. La conversación gira sobre diversos tópicos. Como de costumbre, los yucatecos alaban su tierra y sus gentes, y en realidad no les falta razón, herederos de una gran historia, es un pueblo dichoso que se siente orgulloso de su historia y de sus hombres, de sus costumbres y de su suelo.

Durante su permanencia en el Estado también visitan el sitio arqueológico de Uxmal, apenas a una hora y media de distancia por una carretera nueva recién construida, y en buen estado, para la visitante el sitio es como una visión cinematográfica, se maravilla con la pirámide del Adivino, el Juego de Pelota, la Casa de las Tortugas, el Palacio del Gobernador y el más bello de todos los monumentos, la casa de las Monjas. Y de las que escribe: “aquí la piedra adquiere una calidad insospechada; toma figuras aladas; parece una espuma, una filigrana… Finalmente ya se hace tarde y es preciso regresar a Mérida, en el camino se encuentran varios cazadores que van con su escopeta a la espalda. Son las víctimas de la X’Tabay, nos dice riendo el chofer”.

Se dirigen a la playa, visitan el pequeño muelle de madera en el puerto de Progreso, donde encantadas ven el atardecer al ponerse el sol rojo de colores brillantes, asisten a la vaquería en el cercano pueblo de Umán, comen panuchos y salbutes, y sin duda, algunos platillos más de nuestra gastronomía recomendados por sus amistades durante sus estancia en nuestra pequeña Mérida que tenía alrededor de 80 mil habitantes.

Esta historia nos relata cómo era la Mérida que visitaban los turistas y visitantes que por diferentes circunstancias venían a la ciudad y a la Península de Yucatán hacia 1939.

Desde su fundación en 1919 en La Haya, Holanda, la IATA fué la autoridad máxima que resolvía los problemas entre aerolíneas y sus vuelos internacionales, fijaba tarifas de vuelos internacionales, resolvía controversias entre aerolíneas, o bien, entre éstas y las diferentes autoridades aéreas de todo el mundo. Así la IATA creó manuales de operación, claves de destinos, rutas y horarios para hacer posible las conexiones internacionales y más placenteros los grandes viajes. En esta operación participaban las grandes aerolíneas de Norteamérica, Europa y del resto del mundo.

Entre las aerolíneas No IATA que volaban Europa-América durante los años 70’s y 80’s estaban Air Bahamas y Air Luxembourg que funcionaban como charters, más baratos pero… sin las ventajas que ofrecía la asociación. Así volar de Mérida a Europa se hacía con escalas Mérida-Miami (pernoctar), Miami-Bahamas, y finalmente el vuelo transoceánico. Lo mismo de regreso.

Para que el lector pueda darse una idea de la IATA, esta asociación agrupa hoy a 242 aerolíneas que representan el 94% de la oferta mundial de transporte internacional (hasta el 2013), es decir: es la autoridad que maneja el transporte aéreo a nivel mundial. La IATA simplifica el placer de viajar y mantiene precios bajos y justos en el transporte aéreo.

Vale la pena que el lector localice las diversas páginas de internet de la IATA para que se dé cuenta de la gran importancia a nivel mundial que tiene en el tráfico aéreo.

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Con la llegada de la navegación aérea las corrientes turísticasFolleto de Mexicana de Aviación aumentaron grandemente, todo era más cómodo y rápido. La Compañía Mexicana de Aviación S.A. hace frecuentemente vuelos de conexión entre la Ciudad de México y Mérida, pero es el 9 de junio de 1929 que inaugura su servicio regular. En los años 40’s se fusiona Mexicana de Aviación a Panamerican Airways comunicando Mérida con Miami, Nueva Orleáns, La Habana y Guatemala, ya para 1946 Mexicana opera 60 vuelos semanales al D.F. y 10 a Cuba.

Al estallar la segunda gran guerra el turismo desaparece en todo el mundo, pero en nuestra ciudad había comenzado la construcción del Hotel Mérida, mismo que fue inaugurado parcialmente en 1942, siendo el primer hotel moderno de estilo y formato norteamericano, con aire acondicionado, teléfono en cada habitación, agua fría y caliente, así como piscina, bar, restaurante, tiendas y un night club en el piso superior llamado “ El Mirador”. Hay que decir que es después de la guerra que se continúa con El Mirador del Hotel Méridala construcción de los últimos pisos de este hotel, propiedad de inversionistas yucatecos, y que fue el hotel más importante en Yucatán hasta los años 60’s; durante muchos años fue gerente administrador Don Fausto González Medina.

A mediados de los años 60’s el Hotel Mérida era considerado el mejor hotel de la ciudad y los precios variaban según la parte antigua o la parte nueva. Recordamos que al estallar la Segunda Guerra Mundial el turismo de detuvo y únicamente habían construido los dos pisos bajos del hotel, la torre y el mirador van a inaugurarse posteriormente, así la parte antigua costaba $100 pesos la noche mientras que la parte nueva costaba $135 pesos, ambas por habitación doble. En esa época el hotel estaba operado por la cadena BALSA y su gerente en Mérida era el señor Humberto Roma. Su comedor fue uno de los favoritos de los habitantes de la ciudad de Mérida, su cheff Medina fue muy famoso en toda la ciudad. Los libros guía recomendaban comer la sopa de lima por $6 pesos, carne asada por $16 pesos, el pan de cazón por $6 pesos y helado de guanabana también por $6 pesos.

En el Hotel Flamingo la habitación costaba $55 pesos por un doble y $40 por una sencilla.

El Hotel Colón con 20 habitaciones tenía costos variables, el doble de $80 a $122 pesos y sencillo de $60 a $90 pesos, anunciaba también su piscina, jardín, baños de vapor, estacionamiento, tienda de curiosidades, agencia de viajes y un restaurante a buen precio donde ofrecía sus especialidades de venado y pato asado en su menú.

Para mi sorpresa encontré un dato que nunca había escuchado, el PINAR con solo 5 habitaciones recibe la atención personal del señor y la señora Pinar que habitaban la residencia palacial adjunta. Doble $70 pesos, sencillo $50 pesos.

Muchos hoteles grandes y pequeños abrieron en esta década como el Alfonso García, Del Parque, San Luis, Casa del Balam, Panamericana, etc.

En el centro de la Ciudad existían numerosos cafés donde gente de Mérida, y turistas nacionales y extranjeros venían por un café,  un sándwich, una cerveza o una comida completa. Casi todos estos establecimientos ubicados en el centro están hoy cerrados. Pero en los años 60’s y anteriores fueron centros de reunión con el auténtico sabor provincial del antiguo Yucatán, como el Café Express, el Balsa, el Ferráez, el Louvre abierto 24/7, que no tenía ni puertas para cerrar y famoso por su club sándwich. El Café Peón Contreras en la esquina sur del teatro, lugar de reunión de todos los universitarios, o el Café Rodríguez en la esquina de la 57 x 60, contraesquina de la Universidad, famosísimo por sus vasos de leche fría, sus medias noches y cremas moriscas.

Otro recuerdo olvidado es el Drive In Hector’s situado en la esquina de la acera donde está hoy la Walmart en el Paseo de Montejo, las guías turísticas se refieren como buenas hamburguesas, perros calientes, sándwiches, tamales, malteadas, refrescos pero no english spoken, sorry.

La Casa de las Paellas en la calle 62 x 55 y 57, propiedad de una familia española-yucateca. Este restaurante era conocido como el Mesón del Castellano y la comida se preparaba a partir del momento que el cliente la solicitaba, por lo que frecuentemente había que esperar más de media hora para ser servido. Pero eso sí, la comida caliente, deliciosa y de primera calidad. Este restaurante tenía una particularidad, la puerta estaba siempre cerrada y al llamar acudían los propietarios para permitir el paso a los comensales. Era el único establecimiento de este género en Mérida que trabajaba de esta forma. El gran contraste con este restaurante era el Café Louvre, que como apuntamos anteriormente, ni siquiera tenía puertas para cerrar y permanecía abierto las 24 horas los 7 días de la semana.

Otros restaurantes de primera en la década de los 60’s en adelante son los representados en las siguientes imágenes con información sobre ellos.

Alberto. 2012.

El propietario del Alberto’s Continental Patio, Alberto Salum Abdala, siempre ha sido un gran restaurantero y sobre todo el mejor anfitrión de todos los restaurantes que han existido en Mérida, así, visitaba cada una de las mesas y frecuentemente se sentaba a conversar con los comensales, como sigue haciendo hasta el día de hoy. Alberto fundó el restaurante el 24 de febrero de 1962.

Muchísimas veces, los que éstos escriben, llevamos grupos de turistas norteamericanos y europeos, y otras veces con familia y amigos. El lugar es frecuentado por los artistas de cine, políticos y personajes distinguidos que visitan la ciudad. En la foto aparecen de blusa roja Joanna Van der Gracht de R., y Mary Lumby, visitante de Vancouver, Canadá.

Entonces los yucatecos visitaban el centro histórico de la ciudad, todo estaba en el centro, los cines, las tandas, restaurantes, bancos, hasta las agencias de automóviles estaban en el centro de la ciudad. Es la época antes de los malls.

El Mirador del Hotel Mérida, situado en el piso superior del hotel, fue por muchos años el único sitio que organizaba eventos sociales, graduaciones, bailes, y otros eventos con grandes orquestas en vivo, como las de Secundino Pech, Ponciano Blanqueto, Méndez Baeza, que hicieron la alegría durante las década de los 50’s y 60’s. A mediado de los 60’s nuevos sitios empezaron a participar en este mercado. El Hotel Mérida, que conservaba su antiguo bar La Cueva, donde era obligado a ir a tomar cerveza al mediodía los domingos, el lugar siempre lleno, con buena botana y con la atención especial de su mesero estrella, don Silas, este ambiente se conservó durante muchísimos años, aunque con el tiempo la clientela local acudía a otros sitios; años después abre justo en la esquina de las calles 57 y 60 un nuevo centro nocturno, La Trova, precioso lugar , cómodo, con aire acondicionado y al principio con la participación siempre exitosa de doña Judith Pérez Romero, y las Maya Internacional, que durante años fue un lugar de reunión preferido por las familias yucatecas y turistas que disfrutaban del ritmo y la alegría que transmitía doña Judith. Siendo muy jóvenes, un grupo de muchachos labora en el hotel durante los años sesenta, entre ellos recuerdo a Luis Rosado Canto, Julio Piña Monsreal, quien para su entrenamiento fué enviado al Hotel del Prado en el D.F., entonces uno de los grandes hoteles de México, con el cargo de auditor nocturno; otro joven de los años 60’s fué Miguel Ramírez Gamboa, quien laboró en diferentes hoteles durante muchos años. Al jubilarse su antiguo gerente, el señor Fausto González Medina, desfilan en el puesto varios personajes como cuando la cadena Nacional Hotelera arrenda la propiedad y envía como gerente al señor Umberto Roma; después de él envían a un joven yucateco, Aureo Baqueiro, quien tiene como segundo en la operación del hotel a Manlio Rosado Canto. Más adelante los Hoteles Misión envían como gerente del hotel y de todas sus operaciones regionales al señor Guillermo Bolaños Cacho, la agencia de viajes Rutas del Mayab forma parte de este conglomerado, tiene como gerente al señor Enrique Febles Ortiz, y la operadora es la señora Gloria Bacelis. Posteriormente, Enrique Febles se asocia con David y Benjamín Campos para adquirir la agencia de viajes Buvisa llamando a la señora Bacelis para que continúe a cargo de la operación de esta empresa. Posteriormente llega don Eduardo Santana, quién también tenía una larga cadena de gerencias de hotel en su pasado y quien inauguró el hotel Maya Tabasco, en Villahermosa, el señor Santana se encargó de su construcción, equipamiento y finalmente de la operación durante varios años antes de venir a Mérida; posteriormente fue designado director del hotel Misión Cancún, y actualmente continúa trabajando Pero también muchos amigos laboraron en el hotel como Manuel Palma Noguera, quien fungió como auditor general; Raúl Villajuana de la Piedra, jefe de recepción; el señor Cardeña, Gloria Bacelis, el chef Medina, quien fué uno de los primeros yucatecos en esa profesión, y el comedor era atendido por una par de jóvenes simpáticos, laboriosos y trabajadores, Juan Bosco y Claudio.

El Hotel Panamericana fué la primera competencia del antiguo Hotel Mérida, que hasta 1962 era considerado “el hotel en la ciudad”, construido por la familia Charruf y administrado por sus hijos son una nueva generación de turisteros, jóvenes con grandes ganas de trabajar se encargan de la administración del hotel hasta que algunos años después fue rentado a la cadena Barbachano’s, quienes traen como su primer gerente al señor Leça, un portugués de gran experiencia en el ramo, quien permanece algunos años en el cargo hasta trasladar su residencia a Cozumel. El nuevo gerente, don Wilbert González Fernández, va a permanecer en el cargo durante décadas y le va a dar un ritmo diferente.

Además de don Wilberth (“El Tigre”) González Fernández, laboraban don William Sosa y Miguel Montero como subgerentes; Gelda Carrillo y Lupita Cetina como jefas de Departamento; Silas Jr. era el jefe de Alimentos y Bebidas.

El entretenimiento constante era una cosa normal. El cuarteto Tropicana amenizaba el bar desde el mediodía, en las tardes continuaba el maestro Antonio Pérez Concha, al piano. Finalmente el Ballet Maya.

Una anécdota interesante conocida por los empleados del hotel: laboraba un joven muy delgado, bajo de peso, en el departamento de limpieza. Al enterarse el Tigre de su afición en su tiempo libre, lo transfirió a la cocina, para alimentarse bien (para ganar peso) y poder continuar con lo que le gustaba, el box. El joven era sparring de Miguel Ángel Canto Solís, y su nombre era Lupe Madera, ambos campeones mundiales de box.

El hotel me trae muchos recuerdos, la bella casona de principios del siglo XX fue conservada en su totalidad, todo era visualmente muy atractivo: sus techos altos que alcanzaban 6 metros de altura, las molduras en estuco que adornaban los corredores y las oficinas situadas en esta área antigua, las sólidas puertas de madera, con herrajes y cristales biselados, así como su patio interior rodeado de columnas y corredores que eran muy admirados por los turistas. Hacia 1965 la agencia de viajes Barbachano’s Travel Service, la más importante de ésa época, se instala en el hotel, el ir y venir de turistas y turisteros era continuo, mis amigos como Rafael Orozco, Viadest, Pepe Canto, Olegario González, Luis Leal, así como numerosas señoritas, los contadores… y otros amigos como Felipe Ortegón Casares, José Antonio López Lavalle, y otros muchos más. Su comedor en el segundo piso y con vista a la piscina era maravillosamente elegante, el Provenzal. En las noches, justo abajo del comedor, se encontraba el bar siempre repleto, los turistas abarrotaban el lugar, mientras se hacían las representaciones de bailables y ofrendas con vestimentas bien elaboradas, grandes penachos de pluma para representar el show El Mucuy Ka’ak, o Paloma de Fuego. Más tarde la diversión continuaba en el bar El Mural, otro de los espacios del hotel, este dedicado a la vida nocturna, allí estaban don Wilberth González y el señor Sosa, animando la fiesta, disparando los shots de tequila, mientras el conjunto musical hacía de su parte llevando la alegría desde temprano a todos los asistentes, era muy interesante porque todos los trabajadores hacían de todo para darle vida al hotel. Todo esto en aquella lejana época mientras el night club esperaba la llegada de su cliente especial, Roberto “El Musulungo” Herrera, famosísimo jugador de beísbol, y quien además de ser receptor de los Leones de Yucatán, era un gran músico. La fiesta se animaba en grande cuando avisaba por teléfono que el partido de pelota había terminado y que estaba en camino y cuando con su trompeta en mano tocaba los grandes éxitos del momento como “Juguito de Piña” y otros.

Es también Don Wilberth González quien empieza a organizar en el Hotel Panamericana, la fiesta anual de Fin de Año, misma que además de tener la mejor música de la ciudad, ofrecía un buffet de año nuevo y con las bebidas incluidas, y para no tener problemas con los huéspedes que pernoctaban en el hotel, se les invitaba gratis para asistir a la fiesta que terminaban hacia las 4 de la mañana. En fin, el hotel no paraba de trabajar desde el servicio de café a las 5 de la mañana que se ofrecía a los clientes que partían al amanecer, hasta darle vuelta al reloj. Años después otros hoteles empezaron a organizar esta celebración anual que todavía continúa.

A finales de los años 60’s, don Manuel Cáceres Baqueiro y sus socios construyen en el Paseo de Montejo dos bellos hoteles: El Montejo Palace y el Paseo de Montejo, siendo el primero más grande, y frecuentemente el mismo gerente servía para ambos establecimientos. El primer gerente del hotel fue don Ramiro Carrillo Herrera, turístero de toda la vida, cuando la cadena Nacional Hotelera rentó la propiedad vino como gerente el señor Humberto Rivera. También fueron gerentes del hotel en estos lejanos tiempos, don Luis Alfaro Baqueiro, Jorge Urcelay, así como llega a Mérida un chef de origen suizo, don Pedro Gullotti, y don Valerio Rivera.

En el último piso del hotel se instala un night club de primera con pista para bailar y que también atrae a mucha gente de Mérida y de Estados vecinos, el Aloha con su música en vivo es un club como de las grandes ciudades, de gran ambiente y de precio realmente moderado, además del ambiente del club, el Aloha ofrecía una vista nocturna de la ciudad, que le daba un plus único. En diciembre de 1971 se inaugura con la presentación del compositor y cantante yucateco Luis Demetrio, aquí actuaron los grandes shows a nivel nacional como Sandro de América, Chabuca Granda, Carlos Cuevas, Pasquale, y otros de igual fama. Pero vecinos de todas partes de la península venían los fines de semana para visitar los night clubs, ya sea de Ticul, Valladolid, Tizimín, Chetumal, Campeche, Ciudad del Carmen y tantos otros lugares.

Los jefes de meseros que controlaban la operación fueron Héctor Villanueva, y un joven guerrerense de apellido Sevilla.

Por su parte, su gemelo de enfrente, el Paseo de Montejo, abre su bar La Conquista, dónde se presentan artistas consagrados como Mozu “La Voz”, que estuvo largas temporadas. Este hotel también fue rentado una época durante los 70’s por Eduardo Menéndez Rodríguez, quién también tuvo en el lobby del hotel su agencia de viajes, Calesa Tours. Otro gerente del hotel fue don Pedro Gullotti.

Con el paso del tiempo, el personal cambia de lugar de trabajo, en ocasiones esto sucede frecuentemente, así que las personas que menciono laborando en algún hotel o empresa, los menciono posteriormente laborando en otros sitios, sobre todo en los años 60’s y principios de los 70’s cuando Cancún no existía, o empezaba a desarrollarse, muchos son sin duda que no recuerdo sus nombres, aunque a veces recuerda uno las caras de cómo éramos en esa lejana época.

En los años 70’s un grupo de jóvenes aparecen en las puertas de los hoteles turísticos: uno que cambia dólares, otro que vende monedas de plata, el güerito Bojórquez que ofrece sus sombreros de panamá; Armando el fotógrafo, que con gran simpatía toma fotografías de los turistas en los sitios arqueológicos; otros vendían hamacas, ropa típica, y a los turistas nacionales otros vendían quesos de bola, mantequillas de importación, talcos y cortes de pantalones.

Tengo a la mano uno de los famosos libros guías de 1964 que todos los turistas norteamericanos traían en su viaje: MÉXICO A $5 DÓLARES POR DÍA, de John Wilcock. Es muy interesante recordar las entradas que hizo sobre los diferentes lugares del país, con los precios, distancias y tiempos a recorrer. De este libro extraemos el siguiente párrafo:

“El restaurante más diferente a todos los demás en la ciudad de Mérida no se encontraba cerca del centro, sino en los alrededores, aproximadamente a 15 minutos en taxi, por lo que no se debe pagar más de $5 pesos. Es una buena idea ir a las 9 de la noche y pedirle al taxista que le venga a buscar hasta las 11, así tendrá tiempo para bailar y ver el espectáculo de cada noche. El restaurant se llama TULIPANES y una buena cena cuesta alrededor de $25 pesos  (es a la carta, con platos fuertes a partir de $9 pesos). Antes de dejar el restaurant baje al río subterráneo llamado cenote. El agua es muy limpia y según la leyenda era el lugar donde se bañaban las princesas mayas hace algunos siglos. Usted puede nadar si desea aunque no se hace frecuentemente debido a que hay algunos murcielagos volando alrededor de la cueva. “

Este restaurante que fue el gran éxito durante los años 50’s hasta los 70’s ocupaba una manzana de terreno y en el habían grandes árboles frutales y de flores que le daban una atmósfera única al lugar. Otra mención que es necesaria hacer es que el show de cada noche consistía en hacer un sacrificio de una princesa maya, la cual era arrojada al cenote, donde la esperaba un dios de la lluvia con una máscara de Yuum Cha’ac, el cuál no era nada más ni nada menos que el cajero del club nocturno, Raúl Rosado Baeza.

En el restaurante Gran Almendro’s, en el orden de costumbre: Rafael Orozco Padilla, nuestro “compadre”, Jorge Rosado Baeza, Miguel Rosado Uc y esposa Guadalupe Cetina Pinzón, quienes trabajaron en el Mayaland a principios de los años 60’s y posteriormente se fueron a trabajar a California, donde viven desde hace más de cuarenta años en el área conurbana de San Francisco, Joanna Van der Gracht de Rosado y la licenciada Rosy Quintal Euán. 2011.



1938.

1938.

Mapa de la península de Yucatán extraido de las páginas de Yucatan of Yesterday. 1938.

3 comentarios
  1. I did so much enjoy your lecture about Yucatecan Tourism. I had to hurry, so I did not get to stay around afterwards; but wanted to ask you for the name of the famous singer whom you mentioned–she was the one that sang because she liked to, not because she had to, (for she was married to a millionaire.) I’m hoping that there might still be a way to find her songs on CD.)

    I’m not very good at history, so I enjoy lectures which personalize it in the way that you did.

    Thank you very much.

  2. Rossy Euan permalink

    Gracias Lic Rosado, muchas gracias me encanta leer estos escritos, me hacen imaginar un mundo maravilloso del Turismo, y recordar muchas cosas vividas. Gracias!

  3. Querido Escritor, admiro mucho su blog. Usted sabe mucho sobre la historia de la arqueología y el turismo. Tengo preguntas muy importantes que hacer sobre esto. Estoy escribiendo un artículo sobre la historia de Alberto Ruz como jefe de los monumentos en el noreste. ¿Me podrías contactar a elaineschele@gmail.com? ¡Gracias!

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