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LICENCIADO HUMBERTO ROSADO ESPÍNOLA

Desde joven, el Licenciado Rosado Espínola disfrutaba visitar los sitios de Uxmal, Chichén Itzá y otros que aún no eran frecuentados. Llevaba su cámara fotográfica y nos dejó testimonios de estas visitas como demuestran las imágenes de este blog; para ello tenía sus botas altas amarradas con largos cordones, sombrero duro tipo colonial inglés y cantimplora, todo un explorador. Frecuentemente conversaba con los maestros arqueólogos Pavón Abreu, Piña Chan, Barrera Vázquez, Ruz L’Huillier, y nuestro amigo y vecino Víctor Segovia Pinto, entre otros, quienes con frecuencia lo invitaban para acompañarlos durante las temporadas de excavación. Lejos estaba de trabajar en el turismo. Todavía era estudiante del Instituto Literario y posteriormente de la Universidad.

Abogado por la Universidad del Sureste, ahora U.A.D.Y., desde joven, siendo estudiante, trabajó como litigante en el despacho del Lic. Cámara Milán, y después con el Lic. Peniche Castellanos, aunque algunos años después con las obligaciones que trae una familia acepta el cargo de agente investigador, un trabajo pesado de 24 horas de turno por un día de descanso. Entonces solamente había 2 agentes y el jefe del Departamento. Frecuentemente cuando había algún incidente fuera de Mérida, el descanso desaparecía para trasladarse hasta el lugar de los hechos. Lo recuerdo subiendo al jeep portando su pistola al cinto, investigando homicidios, fraudes, robos y toda clase de delitos cotidianos, unos más graves que otros, día tras día.

En 1953 abandona el cargo de investigador-ministerio público y acepta una oferta de trabajo de Don Fernando Barbachano Peón. El turismo es su nueva pasión, pero también siente una gran admiración por Don Fernando, admiración que siempre manifestó por “el Viejo” como le llamaba. En ese entonces los hoteles eran pequeños y a partir de ese tiempo fueron creciendo debido a la constante demanda, en estos años muchos jóvenes ingresan a la empresa que crece rápidamente, la transformación fue completa y rápida. El número de turistas aumentó y la planeación y ejecución de las actividades diarias tuvo que modificarse para tener un servicio las 24 horas del día. En Turismo no hay fin de semana, ni Navidad, Año Nuevo ni nada de eso, los aviones viajan y los turistas necesitan los servicios contratados y prepagados.

El Licenciado Rosado Espínola fué un trabajador por excelencia y con muchas virtudes: intuitivo, creador e ingenioso. Todo esto lo lleva pronto a dirigir la agencia con facilidad e incorporarse como mano derecha de D. Fernando en sus nuevos proyectos. Como Don Fernando, él también tenía el don de saber leer el futuro y preparar sus planes de acción.

¿Problemas? Vamos a preguntarle al Lic. Rosado. Su capacidad de resolver todos los problemas fué siempre admirada por todos, y digo todos porque en la agencia B.T.S. durante los 70’s había más de 50 empleados. Correspondencia, reservaciones, aeropuerto, tráfico, etc., pero también problemas de los hoteles en Mérida, Uxmal, Chichén Itzá y Cozumel: se descompuso la bomba del pozo de Uxmal, o amenazas de ciclón en el Caribe, ó bien, era la oficina en el aeropuerto de Aeromaya, que era propiedad del mismo consorcio turístico y de la cual fué vicepresidente. O de Aviateca (la línea guatemalteca de aviación) de la cual era Gerente de Estación, aerolínea que frecuentemente hacía vuelos extras llenos para llevar a los turistas a sus recorridos por Centroamérica, lo cual causaba mucho alboroto entre los viajeros que debían esperar con los dedos cruzados la llegada del avión. Siempre había pendientes, de domingo a domingo, el teléfono repiqueteaba sin cesar por sus consejos.

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Licenciado Humberto Rosado Espínola en Chichén Viejo.

Así con nuevos intereses y siendo muy estudioso, se puso a estudiar de nuevo, hablaba inglés, francés e italiano, y, aunque ustedes no lo crean, ruso. Nos preguntamos si leyeron bien, ¿ruso? Sí, compró su método Assimil de discos de vinil, tipo long play, que venía acompañado de un libro de texto y un pequeño diccionario y sí, lo hablaba, como escuché en un par de ocasiones. El aseguraba, “algún día vendrán turistas rusos, y yo ya estoy preparado”. Pero también aprendió la escritura cirílica, y tenía cuadernos y más cuadernos llenos de ejercicios de esta escritura. Ahora que muchos grupos de esa nacionalidad visitan el Caribe, comprendo que vivió una generación adelantada.

En 1962 Don Fernando Barbachano Peón, en su incansable deseo de crear toma en renta el nuevo y recién construido Hotel Panamericana para que le sirva de centro de operaciones a la Agencia Barbachano’s, la cual dona a su hijo Fernando Barbachano Gómez-Rul, pero le pide al licenciado Rosado que vaya con él en la nueva aventura con su hijo. “El Viejo” por su parte permanece en su casa, lo que es hoy el Hotel Casa del Balam, e inaugura una nueva operadora, Mérida Travel Service, en el mismo local en compañía de su nueva socia, su hija Carmen Barbachano Gómez-Rul a quien había enviado a la Ciudad de México para contactar a varios turisteros yucatecos que deseaban regresar a su terruño, así vuelve a Mérida Don Ricardo Gutiérrez González, Don Francisco Martínez, acompañado de su esposa, también turistera, Doña Josefina Flores. Todos ellos habían trabajado muchos años en la Ciudad de México y contaban con amigos y contactos en toda la República.

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Licenciado Rosado Espínola en compañía de Don Ricardo Gutiérrez González, el Silver Fox.

Lo vi llorar cuando Don Fernando “el Viejo” falleció, para él fué un segundo padre que le enseñó la vida con una visión avanzada. Tan diferente a la mayor parte de la gente que vivía en esta provincial ciudad en 1964, cuando hablar por teléfono era algo raro, la mayor parte de la población no tenía este servicio, y la larga distancia era una proeza lograda con horas de esperar hasta que llegaba tu turno.

Cuando el mes de abril comenzaba, un secreto a voces corría por los pasillos del Hotel Panamericana; ya viene el cumpleaños del Lic. El chef y sus ayudantes empezaban a planear la fiesta, Wilberth González Fernández, gerente del hotel planeaba dónde sería la fiesta, quienes ayudarían con el servicio, el día 15 al mediodía se detenía el trabajo, los músicos del hotel prestos empezaban a cantar junto a la piscina; los bocadillos, pasteles y refrescos salían de la cocina, mientras uno a uno llegaban a la fiesta sonriendo a festejar al admirado jefe por un par de horas, para que el Lic. tenga tiempo para ir a su casa a almorzar con su familia.

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Al Licenciado Rosado Espínola le gustaba viajar, así conservamos muchísimas fotografías de sus viajes a Europa en compañía de mi mamá, siempre de traje y corbata, formalmente vestido, ya sea en París, Roma, Venecia, Madrid y muchos otras ciudades que recorrieron en Europa, Estados Unidos y Canadá. Siendo él, precisamente el contacto de agencias de viajes europeas y norteamericanas en el Sureste de México, los descuentos eran tantos que casi siempre era todo regalado. ¿Por qué? Porque Barbachano’s representaba el 90% del turismo de importación de primera clase en esta zona del país, y hasta las aerolíneas daban y recibían cortesías del 100% a sus socios agentes de viajes. Barbachano’s Travel fué también la primera agencia I.A.T.A. (International Air Transport Association) en México. Es decir, fué la primera autorizada para vender boletos de avión internacionales en esa lejana época. No tuvo que dar fianza ni llenar requisitos que hacían difícil este nicho de mercado desde los años 70’s.

El Silver Star

De los años 50’s tengo el recuerdo de un yate turístico a Yucatán (no eran cosa ordinaria como ahora los cruceros turísticos) que atracó en Progreso, se trataba del Silver Star. El capitán invitó a mi padre para que trajera a la familia a visitar el crucero en el próximo viaje. Naturalmente fuimos instruidos por mamá: “No toquen nada, ni hablen en voz alta o corran” (calladitos se ven bonitos). Al llegar al embarcadero, todos los hermanos quedamos boquiabiertos, en verdad apantallados, con la vista del barco, un gran hotel de lujo que cruza los mares. Naturalmente para un niño como yo, de entonces 10 años, todo era más grande. Todo lo que visitamos estaba fresco por el aire acondicionado, todo bonito y en orden.

Para nuestra sorpresa, mientras mis padres departían con el capitán, nos dieron sándwiches y un refresco, para mantenernos entretenidos y calladitos. Los ojos, abiertos a más no poder, registraban todo. Para despedirnos, el capitán le dió unos souvenirs a mi padre, para los muchachos, entonces no entendíamos nada de inglés. Al fin mi papá nos dijo: “repitan conmigo. Thank you (tankiú)”.

Son muchos los recuerdos que conservo de él; su seriedad y dedicación al trabajo, y seguridad al hacer las cosas fueron sus características. Un hombre de decisiones. Después de su eterno descanso, su recuerdo permanece entre los antiguos turisteros que lo conocieron, frecuentemente al encontrarlos me mencionan a la persona que mantenía el negocio trabajando; pero su recuerdo permanece también en los manuales turísticos que él mismo diseño para la operación cotidiana; objetos que trajo de los congresos y convenciones a los que asistió, y sobre todo muchos folletos turísticos que conservó de los años en que disfrutó de su trabajo como turistero.

Falleció el 13 de septiembre de 1988, un día que los yucatecos recordamos como el día antes del gran ciclón del siglo XX, el huracán Gilberto. A lo largo de su vida trabajó en lo que amó: el Turismo, lo que lo hizo un hombre feliz.

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