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DON FERNANDO BARBACHANO PEÓN

La aparición de un joven lleno de energía, cargado de ideas y entusiasmo quien Don Fernando Barbachano Peónsubía hasta los barcos que fondeaban frente a Progreso para convencer a los viajeros a convertirse en sus clientes. Este joven Balam, que habla inglés correctamente, es Fernando Barbachano Peón, quien, en 1924, funda Mayaland Tours (The Oldest and Most Dependable Travel Agency in Mexico), y que, acompañado de John W. Germon (sobrino de William P. Young), y Refugio García, “el Huach”, oriundo de Silao, Guanajuato, operan la naciente empresa turística, en el rumbo de San Cristóbal. Tal y como lo afirma en sus folletos es Mayaland Tours la primera agencia de viajes en México.

Hablar de turismo en el Sureste mexicano es hablar de Fernando Barbachano Peón, poblano de nacimiento, hijo de padres yucatecos, fundador de Mayaland Tours, y quién falleciera en noviembre de 1964 en su casa de Mérida, donde hoy se encuentra el hotel Casa del Balam. Al ser la primera agencia de viajes en México, cada uno de los itinerarios, folletos, manuales de operación y formatos fueron producto de su trabajo y dedicación.

Es en Puebla donde comenzó sus estudios e hizo amistad con un niño que también se convertiría en un gran personaje, Don Vicente Lombardo Toledano, con quién siempre guardó una gran amistad, el tipo de amigos que conservamos toda la vida, los de la niñez.

En los años 20’s después de la Primera Gran Guerra, la economía mundial empezaba a mejorar, pero el Turismo era una experiencia para los muy ricos y poderosos que preferían pasar largas temporadas en Europa, y viajes adicionales a Egipto o en el Oriente Express. ¿Yucatán? ¿Dónde está eso?

Durante éstos años Don Fernando trabaja sin cesar atrayendo los primeros visitantes a Yucatán, su simpatía personal, ingenio y pasión por la civilización maya funcionan, convenciendo a los viajeros en los barcos de la Ward Line que semanalmente visitaban Progreso. Pero su visión le hace tomar decisiones que permitirían agrandar las jóvenes empresas, a lo largo de las siguientes décadas, pero no son una o dos sino muchas. Podría decirse que se imaginó el turismo como está el día de hoy; así adquiere las entonces lejanas, de difícil acceso y semiabandonadas haciendas de Chichén Itzá y Uxmal y amplios terrenos de playa en la Isla de Cozumel, donde en 1961 construye el Hotel Isleño en la Avenida del Malecón con precios de cuarto sencillo por 12 dólares, en doble por 20 dólares, y suites de una, dos y hasta tres recámaras con cocineta, sala de estar y comedor cuyos precios fluctuaban entre 18 y 28 dólares la noche. Al adquirir la bellísima playa de San Juan en la misma isla en 1963 comienza la construcción del Hotel Cozumel Caribe, que, después de su fallecimiento, su hijo continuara construyendo. Así adquiere la laguna de Chancanaab con los terrenos que la rodean, y que hoy son un parque ecológico; y la bellísima playa de San Francisco a donde llevaban a los clientes de los tours Robbinson Crusoe a almorzar, es decir, adquiere alguna de las playas más bellas de la isla.

Lo que comenzó en una pequeña oficina por el rumbo de San Cristóbal, en la casa de sus padres, reunió a una docena de empresas: agencias de viajes, hoteles, transportadoras, alquiladoras de vehículos, inmobiliarias, etc.

La agencia cambia de nombre a Barbachano´s Travel Service o B.T.S. como acostumbrábamos llamarla, es durante este período que comienza la construcción del hotel Mérida, financiada por empresarios yucatecos, amigos de Don Fernando, quién se hace cargo de la organización y gerencia del hotel, estableciendo ahí mismo la agencia de viajes.

En alguna época a finales de los años 50’s, pretendió asociarse con los propietarios de la Casa de Montejo, conservando el edificio colonial tal como se encontraba y al fondo del predio hacer una torre hotelera. Desafortunadamente el proyecto no se llevó a cabo. Por otra parte adquirió el edificio del Teatro Peón Contreras, uno de los símbolos arquitectónicos de Mérida, mismo que la familia conservó hasta su expropiación por interés público en la década de los 70’s.

La visión natural del joven emprendedor atrae numerosos jóvenes para laborar con él. La empresa turística es la más antigua de México y la más conocida, producto de una intensa campaña de folletería que cada año atrae nuevos clientes. Así Don Fernando es representante de empresas rivales como son las arrendadoras Hertz y Avis, Waggon Lits Cook y American Express.

Con nuevas alianzas y sin cesar de trabajar para el proyecto de su vida; él es el único contacto para cualquier persona que por razones de trabajo o diversión llega a la Península. Sus amigos y conocidos lo frecuentaban en el café Peón Contreras, en la esquina sur del teatro sobre la calle 60. Así llegaban a platicar con él grandes maestros como: Román Piña Chan y Don Alberto Ruz L’huillier, políticos y otros.

Pero no todo era trabajo, “el Viejo”, como le decían, era más joven que alguno de sus amigos, y aunque trabajaba mucho, recuerdo que siempre estaba sentado pensando, escribiendo, dibujando, siempre ocupado. Según decía mi padre, dormía poco, solamente unas horas durante la noche, en estas horas de oscuridad, seguía pensando y planeando su trabajo, y al despertar al día siguiente empezaba a ejecutar metódicamente lo planeado la noche anterior; ya sea herrerías tal como las deseaba, o los ladrillos del piso, ventanas, árboles, o edificios completos. Sus hoteles los soñó antes de construir. Pero también tenía tiempo para sus buenos amigos, muchos capitanes de la de industria, el comercio y la banca de Yucatán eran sus amigos, y otros muy cercanos con los que se dirigía al café Peón Contreras, o a la Cueva del Hotel Mérida, o también al Club 57 que estaba muy de moda en esa época. Encontramos en su núcleo más cercano a Johny W. Germon; lo recuerdo delgado, de lentes, de guayabera y sombrero de paja, hablaba español guatrapeado y de altura media, serio, de poco hablar. Por otra parte el más simpático de su grupo de amigos era Fernando Rosado Juanes, comerciante y propietario del Night Club 57 (que se encontraba a un costado Peón Contreras); Fernando hablaba inglés con soltura, era el más joven del grupo, bromista y platicador hasta con nosotros los jóvenes; él siempre le ponía alegría a las reuniones. Recuerdo algunas bromas que se jugaban entre ellos y en las que Fernando siempre salía ganando, finalmente él era la alegría del grupo.

Por cierto, Don Fernando tenía un amigo, un niño de 10 años, güerito llamado Raúl Eduardo, quien a escondidas de su papá iba a visitar a su amigo, y después de platicar brevemente al despedirse recibía un billete de cincuenta pesotes, y cuando era descubierto… no había gastada.

Pero el Gran Balam sufría de agorafobia, es decir, estar en grandes espacios abiertos, por lo que rara vez dejaba la ciudad, si había alguna obra enviaba a mi padre a inspeccionar y tomar fotos, no recuerdo nunca haber escuchado de sus visitas a los hoteles. Recuerdo una anécdota del tío Pepe Germón quien en compañía del Dr. Raúl Cárdenas Torre y mi padre lo llevaron en una ocasión a Chichén Itzá, Don Fernando decidió permanecer más tiempo, por lo que los acompañantes regresaron a Mérida. Algunos días después, el viaje de regreso es el más memorable de Pepe y según sus palabras una pesadilla… al fin de regreso a Mérida, todo nervioso y descompuesto pide que lo dejen en el café, cosa que hizo el joven gringo, al verlo bajar, todo sudoroso y ansioso todo el mundo quedó pasmado, entre ellos don John W. Germon quién con su cara sorprendida no acertaba abrir la boca.

Al terminar la Segunda Gran Guerra el Balam hizo nacer la Fundación Maya con el objeto de expandir el conocimiento de nuestros antepasados, así con autorización de la Institución Carnegie de Washington, que había durante muchos años publicado los trabajos que llevaba a cabo en Chichén Itzá, Don Fernando mandó publicar en 1958 un facsímil en gran formato de diferentes sitios mayas, no solo de Yucatán sino de Guatemala, Copán, y otros lugares, que dibujó Tatiana Proskuriakoff (acompaña al presente escrito algunas de las imágenes). Estos volúmenes fueron enviados a numerosas universidades y bibliotecas de Estados Unidos y Canadá para promover la civilización maya.

Ése no fué el único acto de la Fundación Maya, recuerdo comentarios del escándalo que se armó cuando solicitó el regreso a su lugar original, en el Templo de la Cruz de Palenque, las figuras en relieve que todavía permanecen en el Museo Nacional de Arqueología en el D.F. Pero el viejo Balam no descansaba, como amante de los mayas de Yucatán, sentimiento que todavía es mayor cuando los yucatecos viven alejados de su tierra, inició en el verano de 1964, algunos meses antes de fallecer, un nuevo enfrentamiento con el INAH, esta vez acusa a las autoridades de la destrucción de monumentos y saqueo de piezas arqueológicas entre las que figuran la conocida Reina de Uxmal procedente de la Pirámide del Adivino de Uxmal y otra llamada el Rey de Kabáh procedente del Codz Pop en Kabáh.

Pero este inquieto joven no solo trabajó para Yucatán, él fué el primero en organizar los viajes por carretera desde Texas hasta el Distrito Federal, visitando los puntos de interés a lo largo del camino. Después de permanecer algunos días en la Ciudad de México, los visitantes se dirigían hacia Cuernavaca, Taxco y finalmente Acapulco, donde permanecían varias noches antes de regresar vía aérea a su lugar de origen.

Como fué pasando el tiempo, las oficinas cambiaban de lugar, del rumbo de San Cristóbal a un local de Hotel Itzá sobre la calle 59, al inaugurarse el Hotel Mérida, pasó al lobby y posteriormente a su Casa del Balam.

Este corto escrito no hace justicia a la persona que hizo todo por el turismo, y yo le soy agradecido, porque me dió grandes satisfacciones y alegrías toda mi vida. Todavía recuerdo las imágenes de Don Fernando serio, adusto, sentado en su silla de ruedas, siempre pensativo… de eso ya será 52 años en diciembre de 2016.

En 1962 Don Fernando Barbachano Peón, en su incansable deseo de crear toma en renta el nuevo y recién construido Hotel Panamericana para que le sirva de operaciones a la Agencia Barbachano’s, la cual dona a su hijo Fernando Barbachano Gómez-Rull, pero le pide al licenciado Rosado que vaya con él en la nueva aventura con su hijo. “El viejo” por su parte permanece en su casa, lo que es hoy el Hotel Casa del Balam, e inaugura una nueva operadora, Mérida Travel Service, en el mismo local en compañía de su nueva socia, su hija Carmen Barbachano Gómez-Rull a quien había enviado a la Ciudad de México para contactar a varios turisteros yucatecos que deseaban regresar a su terruño. Así vuelve a Mérida Don Ricardo Gutiérrez González, Don Francisco Martínez, acompañado de su esposa, también turistera, Doña Josefina Flores. Todos ellos habían trabajado muchos años en la Ciudad de México y contaban con amigos y contactos en toda la República.

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