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MÉRIDA DE YUCATÁN

Mérida de Yucatán

Como muchas ciudades coloniales en México, nuestra Mérida de Yucatán estuvo ocupada por una cultura precolombina, los mayas. Desde el periodo pre-clásico maya un grupo se estableció en lo que hoy es el centro de la ciudad y su periferia, podemos decir que en la presente mancha urbana de la ciudad existieron aproximadamente 30 asentamientos precolombinos y que el municipio de Mérida cuenta con 858.41 km2 donde se tienen registradas 126 zonas arqueológicas, que contienen más de 4,500 edificios mayas, de los cuales un número superior a 40 indican por su altura y volumen que fueron importantes pirámides; muchísimas de las edificaciones conservan parte de sus muros en piedra y mortero, así como vestigios de estuco y techos originales abovedados, existen varios miles de nivelaciones de terreno de formas y tamaños variados así como incontables cimientos de habitaciones.

La importancia de Ichcansihó, como se llamó la ciudad maya localizada en el presente centro histórico de Mérida de Yucatán, quedó plasmada en los libros del Chilam Balam de Chumayel; una traducción hecha por Ralph Royce acerca de la fundación del gobierno de la ciudad dice así: “Entonces los gobernantes empezaron a fundar este país; ahí estaba el Ah Kin de Palonkab, ahí estaba el Ah Kin de Mutul (Tikal), Ah Kanul wayom chi’ch’ quien hablaba cuatrapeado (Sin duda un personaje no nacido en el área maya). También estaba el señor de Chablé; el señor de Ichkansihó, Holtún Balam. Su hijo Cha’kan recibió el símbolo del poder, el emblema del pájaro verde llamado Yaxún en Maya, Cotinga en el presente dialecto yucateco. Así los señores del once ahau tun fundaron el territorio y sus gobiernos. Entonces los de Holtún Aké (hoy Bonampak) bajaron; Sabakná (hoy Yaxilán) bajaron. Este señor es el origen de los Ná, así ellos todos asentados en Ichkansihó donde el símbolo del poder estaba (el petate del jaguar) durante el reino de Holtún Balam, en su cenote, durante el reino de Pochek-Ix-Tz’oy. El fue el origen de los Kopó; Tutul Xiú también pudo estar presente. El señor de Chacté, cuyo señores habían conquistado una región”.

Sabemos que el evento que hemos relatado acerca de la gran reunión de Reyes Gobernantes de Tikal, Bonampak, Yaxilán, Tutul Xiú y otros se celebró en el año 810; sabemos también que durante el período colonial Mérida se refería como T’oh o Ichcansihó; y que su señor gobernante durante la época de la conquista y primeros años de la Colonia habitaba el cercano pueblo de Caucel, el señor Ahau Kin Euán, a la llegada de los españoles este fue bautizado y llamado Fernando Euán.

Cabe mencionar que la estela 19 de Dzibilchaltún tiene grabada la siguiente inscripción: “K’ul Kan Ti Ho Ahau”, razón entre otras de que la reunión se efectuó en lo que hoy conocemos como Dzibilchaltún, pero que su extensión llegaba hasta el presente Anillo Periférico de la ciudad y era un poblado perteneciente a T’oh. Y la reunión se celebró en este sitio probablemente porque en este poblado habitaban el señor gobernante itzá en el momento, Ah Itzimthul Chac, y el sacerdote principal, Uayon Chich.

En el Chilam Balam de Tizimín se hace el anuncio de la fundación de Ichkansihó:
Se escuchará en toda la comarca
Se oirá en todo el territorio
Se oirá en el centro de la Tierra
El Nacimiento de
Ichkansihó

En su historia de Yucatán, Diego López de Cogolludo menciona varias veces la existencia de grandes nivelaciones de terreno artificiales. En los Chilam Balam de Tizimín y Chumayel se hace varias veces mención a T’oh y de su fundación en el Katún 11 Ahau por los señores de origen guatemalteco, Ah Kin Chablé y Holtún Balam, ambos del linaje Yaxún de la región del Quiché (en Guatemala).

Según el Atlas Arqueológico de Yucatán (Silvia Garza, Tarazona y Edward Barnakurjac) Vol. I SEP-INAH, señala que T’oh, Chichén Itzá, Uxmal e Izamal son sitios arqueológicos de primer rango, esto es asentamientos que presentan edificios monumentales de grandes dimensiones.
Para entender con claridad la ubicación de los monumentos prehispánicos en el centro de Mérida-T’oh, necesitamos conocer el contexto colonial y moderno de la ciudad.

En la Mérida de Yucatán las calles son numeradas, así: en dirección Norte-Sur todas las calles son pares; y de Este a Oeste impares. La Plaza Grande o Zócalo está rodeada por las calles 60, 61, 62 y 63; para aquellos lectores no familiarizados con la ciudad, sobre la calle 60 se encuentra la Catedral, en la 61 el Palacio de Gobierno estatal, en la calle 62 el Palacio Municipal, y finalmente, en la 63 la casa del conquistador Francisco de Montejo.

Los cronistas del siglo XVI frecuentemente designaron con el nombre incorrecto las grandes nivelaciones que existieron en la ciudad, en el presente trabajo sigo la tradición que nombra a la nivelación artificial que ocupaba el poniente del Zócalo con el nombre de BAKLUUMCHAC, y la del mercado municipal Lucas de Gálvez designada como H’CHUUM CAAN.

Existió una gran tercera nivelación en la que todos coinciden por su nombre como el Cerro de San Antón.
Muchos personajes del periodo colonial mencionan incorrectamente como el primer Real de los españoles el BAKLUUMCHAC, o el que se encuentra frente a la Catedral, cuando en realidad, como se verá más adelante, este Real estuvo en la nivelación del mercado o H’CHUUM CAAN.

 


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La Fundación de Mérida de Yucatán

Entrado el año de 1542 los españoles resolvieron dar principio a la fundación de la ciudad. Hechas las consultas y estando todos de acuerdo, se escogió el 6 de enero, fiesta de los Santos Reyes. Don Francisco de Montejo como Teniente de Gobernador, Justicia Mayor, Repartidor y Capitán General proveyó ante Rodrigo Álvarez, escribano del juzgado, un auto donde jurídicamente constase el nombre de la ciudad y para el servicio del Rey. (Pag. 265 L. 1. Cogolludo)

Así, usando los poderes que para ello tenía, edifica una ciudad de 70 vecinos, la Ciudad de Mérida de Yucatán, que nuestro Señor guarde para su santo servicio. Así mismo procedió a nombrar a los primeros alcaldes y autoridades.

Al día siguiente, 7 de enero, comenzaron la fundación material de la Ciudad pensando en la traza y edificación de viviendas. Escogiendo el sitio, el contorno del cerro donde había estado el Real por ser llano y la cantidad de piedras que en él y otros cerros cercanos había. Entre aquél gran cerro y otro como él, hecho a mano, que está a la parte Oriente de la ciudad (el situado en el mercado), se determinó fuese fundada la Mérida de Yucatán.

El viernes 13 de enero (1542) Cristóbal de San Martín, Alguacil Mayor, solicitó y obtuvo autorización para plantar el Árbol de la Justicia y Cuchillo, para castigo a malhechores y ejemplo a los vivientes, y para ejecución de lo acordado señalaron el Árbol de la Justicia, un cerro en la parte del Levante (Este), aquí nos indica la existencia de otro cerro.

El 29 de diciembre de 1542, juntado el Cabildo pidieron a D. Francisco de Montejo que por cuanto querían hacer casas y moradas en que vivir, que su merced les mande hacer trazar la Ciudad dónde edifiquen sin perjuicio. Montejo respondió sacando un pergamino grande donde tenía dibujada la Ciudad firmado de su nombre, se lo entregó al Cabildo.

Venía en él señalado solar a cada uno, puesto su nombre en el espacio en blanco para que por él se rigiesen y que padrón se fijase en el libro del Cabildo para cuentas y razón de lo que a la república conviniese.

Luego señaló 500 pasos en contorno para ejido y arrabales, con protesta de que si fuese necesario aumentarle. Y luego se mandó que nadie edificase en aquél espacio cosa alguna, so pena de perderlo. También se decretó que ninguno entrase con arma ofensivas ni defensivas, bajo la pena de prenderlo para que no suceda cosa alguna escandalosa a la república.

El 22 de enero de 1543 el Cabildo por público pregón notificó a todos los ciudadanos, todos los que tuviesen señalados solares en las trazas de la Ciudad, que dentro de 20 días los tuviesen limpios y desmontados, para que pudiesen los diputados medir la Ciudad y compararla; así quedaron las calles capaces, iguales y derechas.

Había junto a donde está hoy la plaza (Cogolludo) entre otros cerros uno que llamaban el grande de los “Kues”, adoratorio que fue de ídolos, lleno de arboledas y boscaje y porque Alonso López de Herrero le desmontase a su costa, y dejase como querían, o sea que quitara todas las piedras, le dieron el sitio por suyo con toda la cuadra de cuatro solares, para que las calles sigan parejas. (Calle 62 x 61 y 59, ángulo Noroeste de la plaza). Pero se decidió enviar a Alonso López de Herrero, cuñado de Montejo, como enviado de las provincias para dar cuenta al Rey del buen estado de la población y pacificación de esta tierra; así como Procurador para solicitar del Emperador lo acordado por el Cabildo:
1.- Confirmar el nombre con que habían llamado a la Ciudad.
2.- El otorgamiento de un escudo de armas para la nueva ciudad.
3.- Que su majestad designe como gobernador a Francisco de Montejo, hijo.
4.- El establecimiento de un hospital, etc.
5.- y muchos otros privilegios para los conquistadores.

Con el viaje de Alonso López de Herrera se frustró el proyecto mencionado y el lote de la esquina después pasó a nombre de Juan de Argáiz, y donde la calle fue trazada sobre el cerro para que siguiera lo acordado de calles capaces, iguales y derechas…

Eligio Ancona, gran historiador yucateco del siglo XIX, quién personalmente conoció las grandes nivelaciones de la ciudad, dice en su Historia de Yucatán al referirse a esta gran nivelación: “Era un vasto terraplén que podía tener más de 800 pies de largo (más de 240 metros), más de 400 pies de ancho (más de 120 metros), y de 15 a 30 pies de elevación (6 metros o más). Se ascendía a él por una escalera de piedra de 7 gradas tan altas que dieron lugar a pensar que solo podían ser subidas por gigantes”.

Por las varias narraciones del periodo colonial podemos decir que esta gran nivelación que se hallaba en el zócalo de la ciudad debió ser de gran tamaño, y ocupaba el total de la manzana donde se encuentra el Palacio Municipal. Así sobre la calle 62 medía desde cerca de la calle 59 hasta cerca de la esquina de la calle 65. De esta manera en lo que hoy es la calle 63 frente a la plaza principal, se pensó que para atravesar el “cerro” se debería excavar un túnel de aproximadamente 150 metros de largo aunque las manzanas que resulten no sean como las deseadas en la cuadrícula de fundación.

Palacio Municipal 1883

Palacio Municipal, foto tomada por Desiré Charnay hacia 1883.

Cogolludo continúa su narración…

“Salía una calle por el cerro grande, que había junto a las casas del Teniente de Gobernador que era causa de perderse y cerrarse las calles, así que a petición de Juan Sosa cuyo trabajo era precisamente medir la Ciudad y ajustarla se resolvió el 23 de febrero de 1543 que aquella calle fuese por debajo del cerro, aunque los solares de aquellas cuadras quedasen mayores” (sic). Esquina de las calles 63 y 62 (Ángulo Suroeste de la plaza).

Las casas del Teniente de Gobernador son la Casa de Montejo, y vecinas, toda la manzana sur fue acordada de propiedad del conquistador y descendientes.

De la calle 61 después de que Alonso López de Herrero fue enviado a España, el proyecto fue olvidado por un tiempo y el camino o la calle fue trazada sobre el mismo cerro.

Pero aunque ya nos adelantamos debemos saber de dónde viene el nombre de nuestra Ciudad. De acuerdo con las relaciones de Mérida 18 de Febrero 1579 escritas por Martín de Palomar y Gaspar Antonio Xiú, Montejo le dió el nombre de Mérida, porque en su asiento se encontraron edificios de cal y canto bien labrados y muchas molduras, como los que los romanos hicieron en Mérida la de España… y añade más adelante, “Esta Mérida se encuentra a 20° 20 minutos de latitud y al año el sol hace 3 diferentes sombras” (sic)…

Y continúa Martín de Palomar: “Está asentada esta ciudad de Mérida en un sitio llano, alegre y sano de buenas calles y casas de cal y canto. Tiene 2 plazas y en la mayor en la parte oriente está de Catedral y al Norte están las Casas Reales, donde vivían los Gobernadores. Al sur, la Casa de Don Francisco de Montejo, el Capitán General, y al Poniente un cerro de piedras muy grande, donde continuamente había un oráculo y donde los indios sacrificaban; de este cerro se toma piedra y tierra para construir la Catedral y casas de los vecinos” (sic).

Palacio de Gobierno

Grabado de las Casas Reales, en el mismo lugar se construyó el actual Palacio de Gobierno de dos pisos, y al fondo la Iglesia del Jesús o de la Tercera Orden.

 

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Plaza y Alrededores

Una mirada a las antiguas crónicas de Mérida nos permite saber de la existencia de construcciones mayas en lo que hoy es la plaza principal y alrededores de nuestra ciudad de Mérida de Yucatán.

Martín de Palomar (1579) nos menciona que el cerro muy grande que todavía existía… donde los españoles habían asentado su Real… (Balumchan).

Cogolludo (siglo XVII): “Llegados a Tiho los españoles asentaron su real para mas seguridad en un cerro de los muchos que habían allí, hechos a mano, y era el mayor que estaba en la quarda (sic) que hoy haze frente (sic) a la Santa Catedral.” En esta descripción hallamos la frase “de los muchos que habían allí”.

En 1622 el Oidor de la Audiencia de los Confines, Lic. Tomás López adquirió una casa en las aceras de las Casas Reales, en la esquina de la calle 61 y 62.

En tal edificio una plataforma de algunos metros de elevación sobre el cual se asentaba un mal caserón de piedra de un solo piso. Llegábase a él por cualquiera de los ramales de grandes exteriores que se unían en la plataforma (sic). En esta se abría una raquítica galería que decoraba la fachada del edificio. Constaba este de un espacioso salón destinado a sesiones del Cabildo, tres piezas para el archivo y la alhóndiga en el interior. Descendiendo por una lóbrega galería se llegaba a un patio que contenía en uno de sus lados una hilera de habitaciones pequeñas. Era la cárcel de la ciudad. Esto nos señala que todavía en 1622 existían partes del gran kú en el centro de la ciudad, ya que el predio de la esquina que menciona Tomás López se encontraba claramente sobre él.

Jhon Lloyd Stephens, durante su muy breve estancia de 4 días en la ciudad de Mérida en 1839, hizo una breve anotación acerca de los monumentos mayas, y dice: “por todos lados se encuentran vestigios de los edificios construidos por los indios (sic)”.

Jorge Ignacio Rubio Mañé encuentra un documento de 25 de abril de 1735 en el que el Capitán Pedro Pardo Argáiz solicita enajenar una casa de Mayorazco (López y Argáiz) mencionando las colindancias… al Levante de las casas del cabildo… (hoy Palacio Municipal) se terminó de construir en 1736.

Pero es precisamente en este año 1735 que se inicia la construcción del primer edificio del Ayuntamiento en el costado oeste de la Plaza Mayor, aunque continuarán los trabajos para quitar las piedras del cerro y hacer lugar gradualmente para el mercado, matadero y la cárcel en la misma manzana comprendida entre las calles 61, 62, 63 y 64 del Centro Histórico. Como mencionamos más adelante, el primer Palacio Municipal también fue construido sobre el kú monumental del Zócalo y su construcción se inició 193 años después de la fundación de la ciudad, lo que hace del Palacio Municipal el último edificio colonial construido alrededor del Zócalo.

Con el paso del tiempo se fueron cambiando los diversos departamentos a un nuevo mercado o matadero, así el terreno comprendido en la esquina de las calles 61 x 62 se vendió, y en esta parte de la manzana es donde hoy se encuentra el Centro Cultural Olimpo. Al demolerse el edificio anterior en el ángulo sur poniente se demolió también lo que quedaba derruido del antiguo gran kú a mediados de los años 70 del siglo XX.

Pero el actual Palacio Municipal y sus anexos se encuentran hoy a diversos niveles y esto se debe al gran kú que fué acomodando poco a poco las nuevas instalaciones. La parte más alta que se conserva del kú original tiene 1.60 metros de altura aproximadamente por unos 20 de ancho y 40 de largo, es el llamado Jardín de los Compositores. Y son fácilmente de notar su altura y dimensión así que hasta el día de hoy no se ha terminado de destruir la gran terraza construida por los mayas para asentar su templo.

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En una breve descripción del siglo XIX, el primer edificio del Palacio Municipal era una estructura de un piso construido sobre una terraza artificial, de varios metros de altura. Más adelante el arqueólogo Ligorred Perramón añade: “Las casas de las manzanas entre las calles 61, 62, 64 y 65 el primer nivel en fachada existe solo en apariencia, ya que el segundo nivel está construido sobre la antigua plataforma”. Los muros de las primeras casas coloniales de Mérida fueron levantados con “sillares de recubrimiento”, usando la misma técnica constructiva maya propia de los edificios ancestrales, según se descubrió fortuitamente en 1997, gracias al programa municipal de remozamiento de fachadas del Centro Histórico, que retiró la cubierta que cubría viejos muros de piedras de los edificios coloniales (Casa Pedz Balam).

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Renán Irigoyen Rosado, primer cronista moderno de la ciudad de Mérida, en su obra “La calle antigua más larga de Mérida” (la 65) escribió: “Situada la primera alhóndiga a la altura de la confluencia de las actuales calles 62 y 65, la ubicación de los cerros hacia el Levante, determinaron la prolongación de la calle a partir del punto mencionado… cuidando el trazo acordado”.

Más adelante aclara Hernando de San Martín, compañero de Montejo durante la conquista, para proteger a los pobres fundó esta primera alhóndiga… y recordando a Cogolludo menciona que: “el asiento de la ciudad, es tan llano, apenas tienen corrientes las calles, hay algunos pozos pero no existe suficiente desagüe”.

Durante los diversos trabajos por renovar cables, tuberías o re-pavimentar calles y plazas se encontraron muchas constancias arqueológicas de la T’oh precolombina, como también de la Mérida Colonial. Así en los trabajos efectuados en 1999 frente a las tres puertas de la Catedral se hallaron sendos pisos de piedra y argamasa, entierros con osamentas humanas, cerámica, conchas y otros materiales.

En la explanada se halló un muro en forma de L de piedra y mortero. (Frente a la Catedral) Junto a la entrada del Pasaje de la Revolución se halló un piso empedrado de losas de piedras.

Plaza Mayor y Catedral

Vista de la Catedral durante el siglo XIX, cuando el Zócalo estaba rodeado de una reja metálica, al fondo con toda claridad se observan las Casas Reales, y la Iglesia del Jesús o Tercera Orden.

 

Frente al Palacio Municipal durante los trabajos de 1999 se hallaron vestigios de una construcción pre-hispánica, un muro de piedra y mortero de 40 cms de ancho, el piso con 60 piedras labradas, pedazos de un metate con su rodillo, cerámica y otros materiales.

En 2011 se halló frente al Palacio Municipal un muro de 40 cms. de altura y piso cubierto de estuco pintado de rojo; algunos días antes se había encontrado otro fragmento del mismo muro enfrente de la Casa de Montejo, así mismo se halló frente a la Casa de Montejo un piso de piedras y argamasa similar a los existentes frente a las puertas de la Catedral.

En diversas obras en el Centro Histórico se hacen similares hallazgos, así en los trabajos del parque de San Juan en 2009, que siguieron hasta la Ermita del Buen Viaje (o Ermita de Santa Isabel) se hallaron rellenos y nivelaciones del terreno pre-hispánico, piedras talladas, ollas, algunas con trazos de pintura; cajetes, un silbato de barro en forma de pájaro, un pedazo de olla con una figura pintada de un ave acuática y más de 3,000 pedazos de barro. Naturalmente se hallaron numerosos objetos del periodo colonial como loza, metal, vidrio, etc.

Se hallaron en 2011 entierros con vestigios de hueso, vestimenta y cerámica en el Parque Hidalgo y el Callejón del Congreso, además de innumerables objetos de origen maya, principalmente cerámica.

Puede decirse que en cada metro cuadrado del área de 350 hectáreas que ocupó la antigua T’oh existen reliquias del período maya.
Martín del Palomar, vecino y Regidor de la ciudad de Mérida refiere en su “Relación de la Ciudad de Mérida” de 1579:

“Esta ciudad de Mérida está en comarcas de cuatro provincias de indios; la más principal está en la parte del sur, y llamándose Tutulxiu en lengua de los naturales, y es nombre mexicano. A la parte norte está la provincia de Quepeche, y a la del este está la de Aquinchel, y al oeste está la de Acanul”.
En 1848 escribía Justo Sierra en “El Fénix”, periódico publicado en Campeche, acerca de uno de los conjuntos arquitectónicos del centro de Mérida: “…sentaron sus reales en un cerro de los muchos que allí habían hechos a mano, y que a la cuenta debió de ser el que estuvo en el lugar que hoy ocupan las casas consistoriales de Mérida, y del cual se ven vestigios en el patio de la casa a la izquierda”.

En el apéndice, el Diccionario Universal y de Historia de Geografía, último tomo de la gran obra de Manuel Orozco y Berra, inspirado en los escritos de Justo Sierra y publicado en 1856, se hace referencia a aspectos de población a partir de las distintas fuentes coloniales:

“muy grande debió ser nuestra población; bastante según la expresión del reverendo Las Casas para fundar muchas ciudades y muy ricas. Debió serlo, puesto que en la famosa batalla de T’oh que se peleaba… (11 de junio de 1541) 60,000 indios gandules o de guerra, según uno, y 40,000 según los que menos, salieron de allí a la defensa de su patria y de sus dioses. Si se considera que esta gran multitud era solo de los aliados de Cocom, puesto que los Tutulxius eran confederados de los españoles, de modo que solo estaba allí representada allí la región que sigue desde Izamal al oriente, no pareciera exagerado suponer una población de más de medio millón, sobre todo, no estando despoblado entonces, como lo está ahora, el rumbo de Champotón, donde sufrió el conquistador los primeros y más desgraciados encuentros”.



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H’Chuum Caan

Resolvieron fundar la ciudad entre los dos grandes cerros… el primero ya descrito anteriormente, se encontraba en lo que es hoy el Zócalo-Palacio Municipal llamado BAKLUUMCHAC.

El segundo que ahora nos ocupa tuvo su asiento en el lugar donde hoy se encuentra el mercado municipal, y otros edificios alrededor, y se llamó el H’CUUM CAAN. Entre ambas nivelaciones solo hay 300 metros de separación que hasta el día de hoy es la zona que ocupa el Centro Histórico y el corazón comercial de la ciudad de Mérida de Yucatán.

Entre las prevenciones que ordenó el Rey al autorizar a Francisco de Montejo para hacer la conquista de las islas de Yucatán y Cozumel estaba construir dos fortalezas. Al ocupar Montejo la nivelación o el cerro donde se encuentra actualmente el mercado, fundó su Real, es decir su asentamiento militar para la ocupación de la ciudad, con el paso de los años el Real se convirtió en el fuerte de San Benito, fortaleza que protegió la ciudad durante el periodo colonial.

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Diego de Landa escribió… “El primer edificio de los cuatro cuartos nos dió el Adelantado Montejo a nosotros, hecho un monte áspero; limpiámosle y hemos hecho en él con su propia piedra, un razonable monasterio todo de piedra, y una buena iglesia que llamamos de la Madre de Dios. Hubo tanta piedras de los cuartos que (aún) está entero el del mediodía y en parte los de los lados, y dimos mucha piedra a los españoles para sus casas, en especial para sus puertas y ventanas; tanta era su abundancia”.

Esta nivelación y terrenos que la rodeaban ocupa el contorno de las calles 63 hasta la 69 y de la 56 hasta la 52 aproximadamente y pedazos de las manzanas colindantes, y estaba limitado al Norte por el Paseo de las Bonitas o la Alameda, misma que corría del actual parque Eulogio Rosado hasta la plazoleta oriente que ocupan hoy los camiones de carga en la esquina de la calle 65 y 54; al oriente tenía la arquería llamada de la Pescadería, y al poniente el Portal de Granos, ambos edificios de valor histórico.

Paseo de las Bonitas

Uno de los primeros cronistas de Yucatán, Fray Lorenzo de Bienvenida, en 1548, hablando de la recién fundada ciudad de Mérida, escribió una acuciosa descripción de los antiguos edificios de T’Hó, los cuales, poco tiempo después de la invasión, con el clima tropical de la península de Yucatán, estaban ya cubiertos con vegetación:

“La civdad está tierra adentro treinta y tres lleguas, llámase la civdad de Mérida; pusiéronle asi por los edificios superbos que ay en ella, que en todo lo descubierto de Indias no se an hallado tan superbos (sic); edificios de cantería, bien labrados y grandes las piedras, no ay memoria de quien los hizo; parecenos que se hizieron antes de la venida de Christo porque tan grande estava el monte encima dellos como en lo baxo de la tierra: son altos de cinco estados, de piedra seca, y encima los edificios, quatro quartos todos de celdas como de frayles, de veinte pies de luengo y de diez de ancho, y todas las portadas de una piedra lo alto de la puerta, y debóveda; y destos ay en la tierra otros muchos. Esta gente natural no abitava en ellos, ni hacen casa sino de paja y madera, aviendo mas aparejo de sal y piedra que en todo lo descubierto. En estos edificios tomamos sitio los frayles para Casa de San Francisco, lo que avia sido cultura de demonios, justo es que sea templo donde se sirva Dios; y el primero sacramento que se a puesto en la tierra, es allí, que por nuestros pecados no lo ay en otra parte…” (sic).

Es claro que la ciudad si no completamente abandonada ya había perdido importancia política, pues existía “el monte encima dellos como en lo baxo de la tierra” (sic). Su crónica es de las primeras ya que la fundación de Mérida había acaecido solo 6 años antes.

Regresando a Fray Diego de Landa, obispo de Yucatán del siglo XVI, en su Relación de las Cosas de Yucatán, dibujó un mapa bellísimo y lleno de interés de la nivelación existente, misma que como vimos anteriormente, parte de la cual le fue otorgada a los franciscanos por el conquistador Francisco de Montejo. Así mismo escribió: “los segundos edificios que en esta tierra son más principales y antiguos (tanto que no hay memoria de sus fundadores) son los de T’oh, están a 13 leguas de los de Izamal y a 8 del mar como nosotros. Los españoles fundaron aquí una ciudad y llamáronla Mérida por la extrañeza y grandeza de los edificios, el principal de los cuales señalaré aquí como pudiere o hice con el de Izamal para que mejor se pueda ver lo que es” (sic).

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“Este es el borrón que he podido sacar del edificio, para cuyo entendimiento se ha de saber que este es un asiento quebrado, de mucha grandeza, porque tiene más de dos carreras de caballo desde la parte del oriente. Comienza la escalera desde el suelo; y esta escalera será de siete escalones de la (misma) altura de los de Izamal. Las demás partes del mediodía, poniente y norte, salen de una parte muy fuerte y muy ancha. Todo aquel henchimiento del cuadro es de piedra seca, que espanta la altura y la grandeza que tiene tal henchimiento hecho a mano” (sic).

“Después, en la parte plana de arriba, comienzan los edificios de esta manera: por la parte del oriente se sigue una ala recogida a lo largo, unos seis pies hacia adentro, que no llega a los cabos, labrada de una parte a la otra de muy buena tería y toda (ocupada) por celdas de doce pies de largo y ocho de ancho; las puertas, en medio de cada una, no tienen señal de batienes, ni manera de quicios para cerrarse, (que son) llanas, de piedra muy labrada, y la obra está bajada a maravilla y cerradas por lo alto todas las puertas con tezas de piedra enteriza; tiene en medio un tránsito con arco de puente y por encima de las puertas de las celdas un releje de piedra labrada que (corre) a lo largo de toda el ala, sobre el cual (releje) salían hasta lo altos unos pilajeros, la mitad de ellos labrados redondos y la mitad metidos en la pared. Estos pilajeros seguían hasta lo alto de las bóvedas de que las celdas estaban hechas y cerradas por arriba. Por encima de estos plaritos salía otra releje enrededor de todo el cuarto. Lo alto era de terrado, encalado y muy fuerte como allá se hace con cierta agua de corteza de un árbol. Por la parte del norte había otro cuarto de celdas, tales como estas otras, salvo que el cuarto, con casi la mitad no era tan largo. Al poniente seguían otra vez las celdas, y (cada) cuatro o cinco había un arco que atravesaba, como el de en medio del cuarto de oriente, todo el edificio, y luego un edificio redondo, algo alto, y luego otro arco, y lo demás eran celdas como las restantes. Este cuarto atraviesa todo el patio grande en buena parte y así forma dos patios, uno por detrás, al poniente, y otro a su oriente, que viene a estar cercado de cuatro cuartos, el último de los cuáles es muy diferente porque está hecho hacia el mediodía, de dos piezas cerradas con bóveda; la primera de estas piezas tiene un corredor de muy gruesos pilares cerrado por arriba con muy hermosas piedras labradas y enterizas. Por en medio va una pared sobre la que carga la bóveda de ambos, con dos puertas para entrar al otro cuarto. De manera que todo lo cierra por arriba un encalado.”

Fray Alonzo Ponce, visitador franciscano vino a Mérida en el año de 1588; durante este viaje visitó todas las instalaciones franciscanas y al llegar a nuestra ciudad se refiere del convento grande así:

“Nuestro convento está pegado a la misma ciudad, puesto sobre un Ku o Mul antiguo, y aun edificada parte de él sobre los mismos edificios viejos de los indios antiguos. Todo él está labrado de cal y canto, con su claustro alto y bajo, dormitorios y celdas. Hay en él una buena huerta, en que se dan muchas naranjas, limas, limones, plátanos, aguacates, zapotes, chicozapotes, zaramullos, pitahayas, guayabas, dátiles y mameyes de Santo Domingo. Hay también sañafístolos, los cuales, aunque llevan flor de que se hace cierta conserva, que sirve de purga delicada, nunca ha cuajado la caña. Todo esto y la hortaliza se riega con agua que se saca de una noria” (sic).

Acompañado del Licenciado José Herberto García Argáez, quien fue Jefe de Mercados y Administrador del Mercado Lucas de Gálvez, y quien como parte de su experiencia laboral conoce el sitio del mercado principal de Mérida, hice varias visitas y como producto de ellas sabemos que la veta de agua de la que nos habla Federico de Waldeck durante sus visitas a Yucatán en 1834 y 1836 se encuentra en lo que fué la Noria del Convento, apenas a 20 mts del pasillo que corre en dirección norte-sur, cerca de la sección de joyería, y que lo sabe porque durante su administración hizo que se retirara una larga manguera industrial que corría a lo largo del pasillo más de 50 mts de largo y fue él quien ordenó la presente instalación sanitaria.

Por lo que refiere a los subterráneos que menciona el abad Charles de Bourgbourg, podría ser parte de él, el presente basurero general del mercado, mismo que hace 60 años fue el estacionamiento del Lucas de Gálvez cuando se construyó el edificio.

Del Castillo de San Benito escribió Policarpo Echánove en 1813.

“Tres cuadras al oriente del Centro de Mérida se encuentra el Castillo de San Benito, de figura regular, en orden de fortificación, con cinco pequeños baluartes contenido en una loma o pan de azúcar. No es natural, sino formado a mano, de piedra suelta, dominando toda la ciudad. Su artillería es de dieciocho, muy antigua. Está provisto de dos pozos de agua inagotable, con almacenes de útiles y armamento.”

El Castillo rodeaba con sus murallas el convento, y así frailes y visitantes tenían que pasar por las puertas controladas por los militares, por lo que frecuentemente había dificultades entre los franciscanos y las autoridades militares.

Finalmente el viajero norteamericano John Lloyd Stephens hizo una extensa explicación del convento grande, de sus tres iglesias, celdas de los frailes, y demás instalaciones tres siglos después de la explicación que nos hizo Landa, aunque el convento ya estaba abandonado, su amplitud maravilló al viajero. Pero también se refiere al Castillo de San Benito, fortaleza que protegió a la Ciudad, este conjunto convento-fortaleza fue demolido finalmente en los años 50 del siglo XX. Afortunadamente existe una memoria fotográfica de este conjunto religioso-militar.

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“Tiene el convento una iglesia de bóveda de un cañón, con su arco toral y capilla mayor, labrada de lazos de cantería, y en esta capilla están colgadas y se guardan las banderas que trajeron los españoles en (esta) Provincia cuando la conquistaron” (sic).

El Convento Mayor de San Francisco en Mérida fue tan importante como la Catedral, son los franciscanos quienes se encargaron de la evangelización de la península, propietarios de extensas propiedades, controlaban la actividad económica de la Provincia. Su Convento Mayor contaba con tres grandes iglesias y en la principal fueron sepultados muchos conquistadores y otros personajes del Yucatán colonial. Pero eran verdaderas avanzadas de la cultura europea, en el convento estaba el médico y hospital de la ciudad, con farmacia y medicamentos europeos y locales, pero también estaba la Alhóndiga para almacenar maíz y otros granos; la escuela para la evangelización, gramática española, música, canto, etc. Existían los talleres de carpinterías, herrería, carruajes y todo lo necesario para el uso de la ciudad. Fue el eje alrededor del cual funcionaba la ciudad a lo largo del período colonial.

Pero sin duda alguna el trabajo más laborioso e interesante de los franciscanos fue el trabajo literario, que consistió en hacer diccionarios Maya-Español-Maya, que fueron baluarte de la religión para poder transmitir a los indígenas el pensamiento católico europeo. Fueron muchísimos estos diccionarios, pero para mencionar algunos tenemos el Calepino de Antonio de Ciudad Real, que consistió en seis volúmenes de 200 páginas cada uno, o el Bocabulario de Mayathan (sic), el Diccionario llamado de Motul que contiene 930 páginas, y muchos otros diccionarios, traducciones de sermones, catequismos, oraciones y tanto material que se usó en las iglesias, y que fueron obra de Pedro Beltrán de Santa Rosa o Antonio de Ciudad Real y otros hermanos de la misma orden.

La importancia del Convento Grande de San Francisco se refleja en las frecuentes menciones que existen durante el periodo colonial, se refleja hasta en ser lugar de descanso de grandes señores mayas y españoles como refiere Fray Bernardo de Lizana:

“Villalpando mandó decir a los caciques circunvecinos que les enviaran a sus hijos para adoctrinarlos y catequizarlos, luego relata el primer bautismo hecho en T’Hó y las características del bautizado:

‘… y los dos Santos varones Fray Luys, y Padre Benauente se ocupavan en catechizar a los alrededores de la ciudad, y siete leguas en contorno, y dieron principio al santo bautismo, y por primicias desta apostólica labor. El primero que recibió el bautismo fué vn gran sacerdote de los Idolos, Y Señor del pueblo de Caucel; celebróse este bautismo con mucha solenidad; hizole compañía el señor, y Cazique del pueblo de Cicipach, que tambien era hombre de muy buen entendimiento, y fue padrino de los dos principes el Adelantado Montejo,… mas el Señor de Caucel, que se llamó Francisco Euan, fue muy fiel Coadjutor de los Religiosos en la conuersion de los demas naturales sus compañeros (sic), era este don Francisco Euan de mas de cincuenta años de edad, y aprendió a leer, y escriuir, y tenia tan buena persuasiva, que no platicó con los Yucatecos vez alguna en cosas de la Fé, que no los persuadiese a que le recibiesen, y como era tenido por muy sabio entre ellos en sus ciencias, y gran sacerdote de los ídolos, creían ser verdad lo que les dezia, y de muy buena voluntad se convertían, y acudían a la doctrina sin ser llamados: murió este Cacique el año de 1560. Y fue enterrado en la Iglesia vieja del Monasterio que está debajo del dormitorio principal, y fue muy grande el sentimiento de los Religiosos, por la falta que hacerles podía tal Coadjutor, si bien se consolaba con haber hecho un Santo, y que se va a gozar del Cielo el que era ministro del Infierno pocos años antes.’” (sic).

A continuación narra acerca de los frailes enterrados en esa capilla del convento grande de San Francisco, donde años después estuvo la ciudadela de San Benito –una parte del convento y la otra cuartel– y que fue absorbida en el decurso de los siglos por el ferrocarril Mérida-Peto (oficinas de la Empresa), por la Cía. del Agua Potable, mercado y Centro Educacional Felipe Carrillo Puerto, este último, donde estuvo el huerto. Algunos de estos establecimientos ahora han desaparecido.

Allí en la capilla tuvieron sepultura fray Diego de Landa; Fray Luis de Villapando el primero que escribió un vocabulario de la lengua maya–; fray Francisco de la Torre; fray Antonio de Tarancon (Taranzón) quién vivió dedicado a la agricultura, especialmente en el huerto del convento.

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San Antón

En la tercera gran nivelación de la ciudad, ya fuera de la cuadrícula original planteada por el conquistador, entre vegetación y algunas casas de paja habitadas por los mayas, se encontraba el cerro de San Antón.

Al Oriente del cerro en que se encontraban el convento y la ciudadela, había otro en el que se levantó una capilla dedicada a San Antonio. Diego de Landa se refiere así: “A dos tiros de piedra hay otro mul muy alto, sobre el cual hay un gran patio con 3 montículos, encima de los cuales sobre cada uno, hay un oratorio, con sus bóvedas de la misma forma que usan en sus otros edificios”.

Cogolludo (1688) escribió: “este es el mayor Kú en la ciudad, tiene 180 mts de largo en dirección Este-Oeste y 120 mts de ancho en dirección Norte-Sur”.

Por su parte Antonio de Ciudad Real menciona que en los alrededores existían “3 Kúes donde hubieron sacrificado humanos y otros más pequeños también cercanos” (sic).

Afortunadamente conocemos las dimensiones y los límites de esta elevación, pero es interesante saber que justo paralelo a ella pasaba el sacbé a Izamal (actual calle 65) lo que nos habla de la importancia de este gran kú ya que como nos refiere Diego de Landa en su Relación de las Cosas de Yucatán, la gran importancia religiosa de Izamal entre los mayas y como centro de peregrinación, por la creencia que allí nació Itzamná (el dios creador), y que el dicho sacbé pasara paralelamente a esta nivelación y probablemente terminara en esta gran plaza nos da la importancia del mismo.

Es interesante mencionar que en el Bocabulario Mayathan de Viena, o sea, un diccionario maya-español del siglo XVI, que contiene muchas anotaciones de las antigüedades de Yucatán. Leemos: Uac Lom Chaan es el ídolo que tenían los antiguos de Mérida, y por él llamaron así al Kú o cerro grande que está detrás de San Francisco en dirección al Oriente.

En el Calepino maya-español de Motul, escrito entre 1551-1617, se señala a Ah Chum Can’, “el cerro grande que está detrás de San Francisco de Mérida”, y también al ídolo de los indios antiguos de la ciudad (sic).

Paralelo a este sacbé, justo enfrente de la nivelación existió una gran depresión natural usada como laguna para aprovisionarse de agua; de alguna manera existió un puente durante largo tiempo, ya que durante el periodo colonial, al construirse las monumentales puertas de la ciudad, la puerta, o arco como se llaman, situado en la esquina de las calles 50 y 53, se llama Arco del Puente.

En 1867 Lord Stephen Salisbury escribió en su Historia de los Mayas:

“La divinidad más adorada en T’oh fue Bac Lum Chan y el templo levantado a este dios fue poco inferior al templo de Izamal y llevaba el título de Yaham Cumú, o “el más Bello Templo”.

Este gran Kú ocuparía hoy el área en la presente ciudad de Mérida un total de 21,600 mts2 y entre 6 y 8 metros de altura, y ocupaba las presentes manzanas comprendidas entre la calle 65 y 67 en dirección Norte-Sur y de la 50 a la 46 en dirección Este-Oeste, además de que ocupaban parte de las manzanas aledañas. Como mencionamos, por sus dimensiones, no existía la calle 50 ni la calle 48, ésta última nunca fue abierta, y hasta el día de hoy se convierte en calle ciega o como le decimos localmente chop calle, misma que termina en la parte central del edificio conocido como la Casa del Pueblo.

El mapa de Mérida que repetidamente mostramos en este blog como ayuda al lector fue elaborado bajo la administración del Gobernador Ingeniero José Salazar Ilárregui (1864-65). Se puede ver la explanada que ocupaba el gran Kú, aunque muestra la calle 50 abierta a la circulación, cosa que no fue sino hasta 16 años después. La única explicación que puede darse acerca de esta calle que aparece abierta en el mapa del plano de la ciudad es que probablemente ya existía este proyecto con anterioridad y era conocido por algún integrante de la comisión. Para precisar los años en que se hizo el trabajo topográfico de la ciudad tenemos que mencionar que pertenecen al Segundo Imperio Mexicano, o sea, el de Maximiliano de Habsburgo.

El gobernador Benito Pérez de Valdelomar ordenó la apertura de una calle en medio del Kú para unir el nuevo templo de la parroquia de San Sebastián con el camino a Izamal en 1880. La apertura de esta calle después de vencer grandes dificultades debió considerarse una obra de gran magnitud ya que en la fachada del predio Nº 531 de la nueva calle (calle 50) se empotraron dos láminas de piedra, una con la leyenda: “Calle del Ymposible y Cebenció” (sic), y otra mayor ampulosa elogia la memoria del Gobernador y Capitán General Benito Pérez de Valdelomar.

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Las placas que se encuentran el día de hoy en el sitio son copias fieles, las originales se encuentran en el Museo de la Ciudad (antiguo edificio de Correos y Telégrafos), en ambas se aprecia la escritura antigua del español sobre todo abreviada y algunas interesantes figuras.

En una carta abierta del historiador Fabián Carrillo Suáste publicada el 18 de mayo de 1880 en la Revista De Estudios Yucatecos dice: “que al ser abierto el cerro se encontraron en él elementos de viejas construcciones mayas y en sus muros pinturas antiquísimas”.

Hacía 1883 fue demolido lo que quedaba de la parte oriental del cerro para levantar en su sitio la estación y almacenes del Ferrocarril Mérida-Valladolid.

Para concluir, esta gran extensión o kú, ya desmontado parcialmente, fue utilizado desde finales del siglo XIX como terminal del ferrocarril Mérida-Valladolid, siendo su propietario el general Francisco Cantón Rosado. Posteriormente, al inaugurarse la terminal única de ferrocarriles en la ciudad, este gran terreno fue fraccionado, y en él se encuentra la llamada Casa del Pueblo, hoy ocupada por el PRI, así mismo un centro de salud estatal, una terminal de autobuses, un mercado de frutas y otros muchos locales comerciales.
Atravesando la calle 50, justo en la esquina donde existe la terminal de autobuses del Noreste se encuentran al día de hoy las réplicas de las inscripciones mencionadas

Trabajo dedicado a los alumnos de la escuela de turismo Tecnología Turística Total con la intención de que conserven una información veraz del nacimiento de nuestra Mérida de Yucatán. Gracias.
Jorge Rosado Baeza.
Joana van der Gracht de Rosado.

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