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MÉRIDA DE YUCATÁN VI PARQUES

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El viajero relator de aventuras, Desiré Charnay, visitó varias veces Mérida, en una de éstas visitas, hacia 1860, tomó una interesante fotografía de una procesión religiosa en Viernes Santo, justo cuando los peregrinos cruzaban la confluencia de las calles 60 y 59 de la ciudad. Esta foto es muy conocida por que en ella se ve una gran cantidad de personas caminando, pero a pesar de que están en movimiento, la imagen es perfecta. El original se encuentra en el museo Quai de Branly en París.

En ella pueden distinguirse las imágenes del Nazareno cargando una pesada cruz, así como la de su madre María Dolorosa, marchando en dirección poniente de la calle 59.

La foto es interesante para nosotros, porque muestra la ciudad como era entonces, hace más de 150 años.

Así vemos al Parque Hidalgo, entonces una explanada sin vegetación, y al fondo la casa colonial que sería destruida para construir el Gran Hotel.

El día de hoy este espacio es uno de los parques más bellos de Mérida, lugar de descanso obligatorio para propios y visitantes, las sombras que proyectan sus almendros hacen un verdadero oasis para el visitante, el fresco y la brisa vespertina hacen del parque Hidalgo un lugar favorito con sus numerosas bancas de madera y sus confidentes en piedra. Al centro se encuentra un original monumento escalonado del prócer yucateco don Manuel Cepeda Peraza. Pero a finales de los años 1800, la arquitectura cambió con la construcción de una bellísima casa que forma el ángulo nororiente del parque, así como unos años después se construye el bello Gran Hotel de arquitectura europea de la época, que hasta el día de hoy contiene bronces, lámparas y muebles de la belle époque. Qué lugar más agradable para sentarse y no hacer nada, sobre todo en los años de juventud cuando la preparatoria de la Universidad de Yucatán, y la Facultad de Leyes se encontraban a unos pasos.

A lo lejos se distinguen las torres de la Catedral. En la acera de enfrente se ve la casa de dos pisos con balcones y marcos de puertas y ventanas de antiguas piedras, que se conserva hasta hoy intacta. Todas las casas que se encuentran en la acera de enfrente han sido destruidas. Todas eran de una sola planta, la última a la izquierda es el Palacio del Gobernador, desde principios del período colonial. Al fondo se ven los árboles de la Plaza Grande… en primer plano está la gran cruz de piedra en la esquina de la iglesia del Jesús.

Pero también, sentado en una banca del Parque Hidalgo, podemos apreciar la sólida construcción del muro sur de la Iglesia del Jesús, que incluye muchas piedras provenientes de los edificios mayas de la antigua T’oh, algunas de ellas con figuras clásicas que encontramos en los sitios arqueológicos. Así mismo tenemos la puerta de entrada a la Pinacoteca del Estado, que forma parte del antiguo conjunto religioso-escolar de los jesuitas, en su interior el edificio es de dos plantas, y comunica con el edificio antiguo del Congreso del Estado, mismo que se encuentra en el llamado hoy Callejón del Congreso, y que en el momento de su apertura hacia 1823, se llamó el Callejón del Cabo Piña.

Para los viajeros que vienen a Mérida y para los habitantes de nuestra ciudad es sorprendente por su tranquilidad una serie de parques que encuentran a escasos metros uno del otro, partiendo de la Catedral sobre la calle 60 en dirección al Norte. Los parques en Mérida, y en especial sobre esta calle 60, son verdaderos oasis para descansar, pasar el tiempo, bolearse los zapatos, o simplemente no hacer nada. Las sombras de los árboles estratégicamente plantados y sus numerosas bancas atestiguan el paso de muchos propios y extraños. Así, en este pequeño escrito les invito a que visiten el centro de Mérida y efectúen este pequeño recorrido, que saliendo de la Catedral, y a lo largo de 300 metros nos permite visitar 3 parques: 1)El Parque Hidalgo, 2)El Parque de la Madre o de la Maternidad, y finalmente, 3) El parque de Santa Lucía.

Para aquellos que tienen más tiempo, recorriendo cuatro calles sobre la misma 60, al llegar al cruzamiento de la calle 47 nos encontramos la bellísima iglesia de Santa Ana, y el parque adjunto llamado oficialmente Andrés Quintana Roo. Es un recorrido muy bello que nos lleva también al inicio de la calle más bella de Mérida, la más buscada por los turistas, que es el Paseo de Montejo.

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No ha cambiado mucho ésta esquina, cruzamiento de las calles 60 y 59 del centro de Mérida, desde la famosa peregrinación de Viernes Santo mostrada arriba.

 

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Parque Hidalgo con el monumento a don Manuel Cepeda Peraza, líder liberal del Estado de Yucatán.

 

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Justo enfrente al parque Hidalgo se encuentra la Iglesia del Jesús; al fallecer el conquistador Martín del Palomar, dejó toda una manzana de terreno y una dote de $26,000 pesos oro para que los jesuitas tuvieran un lugar en la Mérida de Yucatán.

En 1611, el rey Felipe III de España autorizó a los jesuitas para abrir la Real y Pontificia Universidad de Mérida, que dedicaron a San Javier, aunque la apertura formal de los cursos sucede 7 años después, en 1618. Así, prestos como siempre, fueron gradualmente ocupando toda la manzana; además de la iglesia, celdas, noria, comedor, etc., se edificaron las aulas y demás servicios. Ésta Universidad de Mérida es la segunda más antigua de Norteamérica, después de la de la Ciudad de México, fundada en 1551.

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Al fondo la Iglesia del Jesús.

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Al fondo la casa de los jesuitas, y el costado del teatro José Peón Contreras.

La fachada principal del Jesús, con sus altas torres, es uno de los edificios coloniales más grandes de la ciudad de Mérida, sobrio, pero muy atractivo. Con la llegada del México Independiente, en Yucatán como en el resto del país, los antiguos escudos religiosos y familiares fueron borrados a golpe de cincel, o bien, discretamente cubiertos con argamasa. Afortunadamente sobre la puerta de la iglesia se conserva un escudo de armas de la familia real española Habsburg. Este monumento de forma cuadrada de aproximadamente un metro por lado, muestra las posesiones de ésta familia en Europa: Austria, España, Aragón, Dos Sicilias, Flandes, Borgoña, y tantas otras más.

El interior de la iglesia es elegante, con piso de mármol blanco y negro, y en sus muros, decorados con cinco grandes pinturas al óleo, que representan la vida de Jesús, también las paredes fueron pintadas con una profusión de figuras, que contienen hoja de oro. Estas pinturas datan de los años 1930, y hacen de la iglesia del Jesús muy atractiva para las ceremonias nocturnas por el resplandor que ofrece el precioso metal.

El Altar Mayor de la Iglesia del Jesús data de 1961, fue un proyecto diseñado por un famoso arquitecto mexicano, Nicolás Mariscal, quien después de visitar el templo de estilo sobrio del Renacimiento, se decidió por el estilo que vemos el día de hoy para darle armonía a la construcción y al Altar Mayor. El trabajo de ebanistería fuer elaborado por un conocido maestro escultor y trabajador de la madera yucateco, don Francisco Mena Valdés, quien ingeniosamente empleó maderas de la región, cedro, caoba y bojóm, que hacen lucir columnas, frisos, gradas con los colores naturales de la madera.

Su gran concha central luce rayos dorados y una blanca paloma en medio de las nubes, símbolo del espíritu santo, en la parte más alta del altar, sobre la concha, destaca la imagen de Jesús, acompañada a derecha e izquierda por la Inmaculada Concepción y San Ignacio de Loyola, que como todos sabemos, fue el fundador de la Compañía de Jesús. La imagen de Jesús mide 2.20 metros, y las figuras laterales, 1.80 metros cada una, y son obras también del maestro yucateco Francisco Mena.

Cuando Carlos III ordenó la salida de los jesuitas de todo su imperio, en 1767, comienza la decadencia de la cultura y el saber en Yucatán y todo el mundo español. Pero también los edificios del complejo religioso comienzan a ser cubiertos de vegetación que gradualmente dañan las estructuras.

En 1767 Benito Pérez de Vadelomar fracciona y vende parte de la manzana, que durante décadas estuvo abandonada con la vegetación creciendo y los edificios prácticamente derruidos, así al vender los lotes uno de ellos es adquirido por Pedro José Guzmán y Joaquín de Quijano, quienes construyen el primer teatro de la ciudad, el San Carlos, de muy pequeñas dimensiones.

La antigua noria estuvo cubierta, y hacia 1960, con la construcción de un edificio de varios pisos que nunca logró terminarse, se desplomó la tapa de ésta antigua excavación dejándola otra vez en descubiertos. Y hoy se encuentra en los jardines del edificio de la esquina que forma parte del segundo edificio del Ex Congreso, que ocupó este lugar hasta el año 2015, y que hoy se encuentra otra vez tapada en los jardines del edificio de la esquina.

Pero tal y como podemos ver en las antiguas imágenes, pegado a la iglesia existían construcciones de dos 251pisos para usos del Colegio de San Javier, los cuales fueron destruidos para hacer lugar a un bello parque, “El Parque de la Madre”, construido en 1909 a iniciativa de la Benemérita Liga de Acción Social, llamado así por su monumento a la maternidad, copia francesa cuyo original del escultor francés Alfred Lenoir se encuentra en París, rodeado de un hemiciclo con banca corrida de cemento, que se ha convertido en una de las obras más atractivas del Centro de la ciudad. Este es un segundo lugar de descanso para leer, hojear el periódico, conversar con los amigos o disfrutar de la sombra, o si lo prefieren, dar algunos pasos para poder admirar el Teatro Peón Contreras, o bien, la Universidad, o la iglesia del Jesús, en fin, un lugar muy turístico. Pero realmente para los que frecuentamos el centro, es un oasis entre tanto vehículo y gente en su diario ir y venir. Los vetustos árboles de catzín nos proporcionan una sombra y tranquilidad deliciosas.

Hacia 1823, como resultado de la división de la manzana, y la apertura del Callejón del Cabo Piña, se enajenaron lotes que fueron adquiridos por particulares, y uno de ellos, fue utilizado para la construcción del teatro de San Carlos, antecesor del Peón Contreras, que puede admirarse en las antiguas imágenes. El teatro Peón Contreras, de una belleza de estilo europeo, necesitaría un volumen completo para explicar en detalle, pero basta con asomarse y admirar su amplio corredor y escalera monumental para darse cuenta que estamos ante un monumento construido con gran dedicación por artesanos yucatecos, y numerosos italianos residentes en la ciudad, en la que destacan la gran profusión de molduras pintadas de diversas formas que vale la pena admirar en toda su grandeza. Éste teatro inaugurado en 1908 es uno de los más bellos de México, a la altura de Bellas Artes en la Ciudad de México, o el teatro Juárez de Guanajuato, o el Teatro Degollado de Guadalajara.

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Pero para apreciar el teatro es necesario asistir a sus funciones, usar el intermedio para explorar sus pasillos, fumador, terraza, todos llenos de gran belleza y simplicidad, estucos, columnas, todo. Y finalmente sentarse en el parque de la Madre y admirar su extensión, entre las ramas de los catzínes que dan un marco extraordinario.

Peon-Contreras1Entre los italianos que trabajaron en el teatro Peón Contreras, encontramos al primer arquitecto y contratista, Enrico Deserti, quien trabajó según el proyecto de Pío Piacentini para una ciudad calurosa como Mérida, con amplios espacios abiertos para ventilación. Después de dos años de trabajo se agotó el presupuesto y Deserti se fué de Yucatán. Así llega Allegretti a continuar la obra acompañado de un maestro napolitano, Alfonso Cardone. Numerosos artesanos italianos fundaron sus talleres con operarios locales como: Benedicto Barone, albañilería, pisos y pintura; José Canlevarus, instalación mecánica y sanitaria; Elmo Strenta y Leopoldo Tomassi, marmolería. Fernando Cericola fue constructor de la fachada principal. Así hace un hermoso teatro de estilo italiano, de amplias dimensiones, con un foyer elegante, y con grandes aperturas para dejar pasar el aire fresco de las noches. El elegante busto de José Peón Contreras, es manufactura de E. Riatti, quien contribuyó también con obras de hierro y bronce en el teatro de las Bellas Artes en la Ciudad de México.

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La rica economía dependiente del henequén ofrecía suficiente trabajo, lo que hizo que muchos artesanos permanecieran en Yucatán. Trabajo en los edificios públicos, en el naciente Paseo de Montejo, así como numerosas residencias antiguas del Centro que se transformaron en bellas casas de estilo italiano pero conservando patios interiores, corredores y columnatas. Casas a las que se modificaron con fachadas con figuras de yeso, grandes protectores de hierro, y en los interiores, las salas y comedores también tenían moldes de yeso, y el techo cubierto con lienzos pintados en pintura de aceite, así mismo fuentes, pisos de mármol, etc.

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El que esta columna escribe, recuerda que en la dirección de la Escuela Orlando Cortés, calle 59 entre 66 y 68, existió un plafón de tela de grueso algodón, dibujado en pintura de aceite; un inmenso cielo azul, con angelitos jugando, musas poco cubiertas, fuentes de agua, nubes, etc. Cuando castigado por portarme mal, recuerdo admirar tan bello lienzo que algún día desapareció.

Al sentarse en el parque de la Madre, se admira una bella arquitectura, ya sea la casona que hoy forma parte de un hotel; El Antiguo edificio del Colegio de S. Pedro (S. XVIII) que formó parte de la institución educativa de los jesuitas, y que posteriormente se convirtió en el Instituto Literario y finalmente en la Universidad Autónoma de Yucatán. No fué sino hacía 1938 que se modificó el antiguo Colegio de San Pedro, al que se le construyó un tercer piso, y la antigua puerta de entrada de sencilla forma colonial, que estaba sobre la calle 60 fue llevada a la esquina de la calle 60 por 57, creándose un chaflán y un bellísimo portal de piedra, obra del escultor Enrique Gottdiener Soto.

El día de hoy, los edificios del Ex Congreso y de la Universidad están deshabitados y las autoridades estatales y universitarias han anunciado que en ambos sitios se levantarán centros culturales y artísticos, que de llevarse a cabo, darán un lustre especial a este sector de la ciudad.

Los fines de semana, la calle 60 (principal arteria del Centro en dirección Norte-Sur) es cerrada los viernes y sábados a partir de las 21 horas; los cafés y restaurantes instalan sillas y mesas en la calle, contratan grupos musicales que animan la calle hasta las 3 de la madrugada. Locales y visitantes comen, beben, bailan; la algarabía en general. Mucha gente va y viene, vale la pena estar en Mérida el fin de semana por la noche.

Los domingos la calle 60 se cierra hacia las 8 horas para dar lugar a la Biciruta hasta las 14 horas. Niños, jóvenes, familias enteras en bicicleta recorren esta kilométrica ruta del Centro sobre la calle 60, el Paseo de Montejo hasta el llamado Circuito Colonias.

Finalmente, 100 metros después de la Universidad sobre la misma calle 60, cruzamiento con la calle 55 se encuentra Santa Lucía, con sus grandes árboles, la pequeña iglesia. Originalmente era una ermita del Siglo XVI.

Justo frente a la iglesia está el parque de Santa Lucía (of course) con sus arcos del periodo colonial, y al centro una columna en memoria a Sebastián Molas, como recuerdo a la Guerra de Castas (S. XIX).

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Este pequeño parque lleno de restaurantes es el centro de atracción para buen comer, beber y pasarla bien.

El jueves por la noche, desde hace cerca de 50 años, a las 21 horas, se lleva a cabo una fiesta yucateca, con música y poesía, mientras la gente cena, bebe una copa y los niños caminan hacia las marquesitas, helados…

Los domingos en la mañana hacia las 10 se instala un mercado de pulgas, muy concurrido, hacia las 11 empieza la música bachatera, mientras que sobre la calle 60 la Biciruta continúa rodando.

Mientras sentado en una banca de madera bajo la sombra de vetustos árboles veo a la gente pasar sin prisa.

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