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BALAMCANCHÉ (Asiento del Jaguar)

Naturalmente Chichén Itzá en los años 40’s y 50’s, así como los pueblos a su alrededor conservaban los usos y costumbres del campo yucateco, la gran mayoría de la población hablaba maya, la tradición religiosa, mezcla de catolicismo y la ancestral maya se practicaba abiertamente.

Es durante esos años que un joven, llamado José Humberto Gómez Rodríguez, frecuentaba Chichén Itzá durante largas temporadas para visitar a su abuela paterna, quien colaboraba en el hotel Mayaland, así, siendo muy joven, por ocuparse José Humberto ayudaba en todo, además de su habilidad natural en el manejo de herramientas eléctricas, mecánicas, de plomería, etc., y su don de observación le permitió saber dónde y cómo estaban hechas las instalaciones del hotel Mayaland. En 1957 siendo un joven de apenas 21 años es nombrado gerente del hotel.

Así durante su primera semana en este cargo, recuerda como el jardinero Don Beltún le dice: “Me voy a mi casa”, a lo que le respondió Humberto: “Pero si acaba de llegar”, “Si pero me voy a mi casa, me mordió una serpiente”; a pesar de los ruegos del joven gerente por llevarlo a la clínica, Don Beltún se fue a su casa a curarse a su manera, acompañado de una botella de ron, para sudar la fiebre, y una cataplasma de yerbas sobre la mordedura de la serpiente. El nombre verdadero de Don Beltún era Bernardino Tún, quién además de ser jardinero era Juez de Paz de su pueblo, Pisté.

Pero no fue el único caso, frecuentemente los trabajadores del hotel, o de la hacienda, empleados del INAH y vecinos de Pisté preferían visitar al viejo brujo de X’Calacoop, que visitar al doctor.

Pero el gerente del hotel Mayaland tenía otros trabajos, como supervisar la operación de la hacienda ganadera de Chichén, verificar que se arreglen las cercas, vigilar las milpas, buscar el ganado extraviado entre el monte, y como amigo intervenía en los conflictos entre vecinos, y en más de una ocasión sirvió para pedir la mano de alguna señorita en representación del pretendiente, esto es todo un ceremonial de tres o cuatro visitas hasta lograr el consentimiento del padre de la joven. Así José Humberto ya desde niño machete en mano acompañaba a los vaqueros Ramón Euán y Marcelino Tún, esto le permitió conocer muy bien los ranchos y caseríos vecinos, encontrando numerosos edificios mayas, montículos, cenotes, sartenejas, cuevas y muchas personas que únicamente hablaban maya, que habitaban en terrenos tan remotos que nadie o poca gente los conocía.

Así cuando algunos años después, siendo ya guía de turistas, continúa su interés en las exploraciones, hace un descubrimiento que llamó la atención de arqueólogos y autoridades: la cueva de Balamcanché; este descubrimiento también causó la sensación de todo el mundo, haciéndose reportajes en revistas y libros no solo de entonces, sino hasta ahora, y al que José Humberto llamó “The Greatest Emotion of my Life”.

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José Humberto Gómez Rodríguez

 

map of route

Balamcanché

La gruta de Balamcanché, nombre con el que se le conoce en la actualidad a éste sitio geo-arqueológico, indudablemente tuvo en su época de esplendor un nombre muy diferente y más acorde con sus funciones, éste lugar es conocido desde tiempos muy remotos como se ha podido comprobar con los estudios antropológicos llevados a cabo durante principios del siglo pasado, cuando la institución Carnegie de Washington estaba explorando Chichén Itzá, esto es por los años treinta de ésa época y se ubicaron en el área circunvecina de una serie de plataformas de tres metros de altura aproximada y también vestigios de construcciones con bóvedas mayas de posible uso religioso, político o habitacional, algunos con vestigios de estilo arquitectónico de puuc, todos ellos alrededor de la pared o muro que circunvala la entrada principal de la gruta.

mapa balamcanche

Trabajaron y exploraron éste sitio los Dres. Edwin Shook y Mr. Smith, en los años de 1932 y 1936 el Dr. Willys Andrews también estuvo haciendo trabajos exploratorios y tratando de encontrar en el interior de la gruta algunos animales acuáticos como peces diversos y alguna serpiente ciega, animales que se habían adaptado a la oscuridad por cientos de años y cuyos órganos visuales se habían atrofiado y todavía podemos verlos en el manto de agua al final de la gruta, por esas mismas fechas se hace mención de una o más vasijas de piedra cerca de unos mantos de agua de la primera sección y cuyo paradero en la actualidad se ignora.

Durante la construcción de la carretera Chichén-Valladolid se instaló cerca un campamento carretero e indudablemente algunos volqueteros usaron algunos de los basamentos prehispánicos como canteras y de forma por demás irresponsable trituraron las piedras para la construcción o relleno de la carretera, impidiendo un estudio más profundo del lugar, para 1954 regresó al lugar el Dr. Willys Andrews y reportó la destrucción de los vestigios y un camino para llegar a ellos, pero el daño ya estaba causado, en la actualidad el lugar está bajo el resguardo del INAH y CULTUR.

Por estudios superficiales hechos alrededor de la entrada, sabemos que ésta estuvo circundada por una pared o muralla casi redonda y con una altura y ancho de aproximadamente dos metros, es interesante observar que la entrada de la muralla no está alineada directamente con la entrada a la gruta, sino que hay una desviación de una a otra de aproximadamente cinco metros, por lo que ésta desviación pudo haber tenido funciones defensivas, religiosas o como un contén hidráulico con el fin de impedir una corriente de entrada de agua de lluvia directamente a la entrada proveniente de las partes altas. A la derecha e izquierda de la entrada principal a la gruta se pueden apreciar dos gruesas paredes hechas con piedras del mismo lugar, que bien pudieron servir como contrafuertes para evitar colapsos de la bóveda superior o a lo mejor fueron únicamente hechas por motivos estéticos, desde éste punto se desciende abruptamente por una pendiente que no presenta vestigios de haber tenido en una época antigua algún tipo de escalinata tallada en la piedra o construida artificialmente.

JOSE HUMBERTO GOMEZ RODRIGUEZ  (3)

José Humberto Gómez Rodríguez. 1959

 

Aproximadamente a trece metros de la entrada existe una pared parcialmente destruida y a unos 100 metros se encuentra otra pared similar, ambas fueron hechas tipo albarrada y con una argamasa muy rudimentaria, ninguna de éstas ha sido minuciosamente explorada o investigada para poder precisar su época de construcción o su uso real, éstas pudieron haber servido como defensas, como delimitación de áreas o usos, o tal vez sirvieron para alguna función religiosa, entre éstas dos paredes y del lado izquierdo hay unos túneles que conducen a unos mantos de agua.

En toda ésta primera sección se han encontrado diversos y variados objetos como pedazos de cerámica de muy variadas épocas, fragmentos de obsidiana, husos para hilados y lugares con vestigios de extracción de barro y abrasivos cual si fuera una mina o centro de trabajo artesanal; estudios parciales de ésta primera área estiman un uso continuo de tal vez tres mil años antes de la llegada de los españoles a Chichén Itzá. Los posibles usos en ésta época temprana han de haber sido muy variados, posiblemente al principio como uso habitacional, aprovisionamiento de agua, defensivo y religioso, a la época del abandono de Chichén Itzá se continuó usando como fuente de Sujuy-Hà o agua virgen para la ceremonia del Chaa Chaak o petición de lluvias y ocasional refugio de milperos y posiblemente una vez más como refugio durante la Guerra de Castas.

A cien metros de la segunda pared y siguiendo más al interior del camino llegamos a lo que se pensaba ser el final de la gruta y que resultó ser una sección artificialmente sellada por los Mayas para su protección y que el tiempo se había encargado de mimetizar desde épocas prehispánicas y aquí es donde comienza la segunda parte de ésta historia.

NARRACIÓN DEL DESCUBRIMIENTO

Sería alrededor del año de 1945 cuando tuve mi primer contacto con la zona arqueológica de Chichén Itzá, en esa época mi abuela paterna iba al Hotel Mayaland como colaboradora de mantenimiento durante los meses de vacaciones de verano y me llevaba con ella los meses de julio y agosto ya que también eran mis vacaciones, desde luego ni el hotel ni la zona arqueológica son en la actualidad lo que eran en esa época, el ahora hotel Hacienda Chichén era en ese entonces una hacienda ganadera de finos animales, caballos y reses de buena estampa, también apícola y básicamente surtía al hotel Mayaland de muchos elementos como carne, maíz, miel y leche entre otros productos. Esta situación permitió que a mi temprana edad pudiera pasear a pie o a caballo los montes aledaños a la gran Chichén Itzá y constantemente encontraba enorme montículos con piedras labradas y cubiertos por la vegetación y a gran distancia del templo principal de Chichén.

También tuve una gran convivencia con los jornaleros y milperos de la región y disfrutaba las charlas durante la ingestión del pozole de maíz y chile max por las mañanas y tal vez por impresionarme narraban historias de los aluxoob, del huay toro del huay chivo y muchas otras que son y serán inolvidables. Fue precisamente Don Bernardino “Beltún” Tún, quien en una plática y a sabiendas de mi inquietud por vagar y explorar éstos montes vecinos quien me mencionó en una forma muy a su manera como llegar y de la existencia de una cueva misteriosa –“sigues éste camino hasta un árbol de ramón, después a la izquierda hasta un árbol de pich, pasas un gran montículo, pasas un gran copó y ya llegaste”-, cosas como esto fueron sus direcciones –pero él no quiso llevarme en persona y sus razones tendría- siguiendo sus indicaciones, con mil y un problemas y después de varios intentos encontré el lugar y fue superior a lo imaginado. Únicamente alguien como Don Beltún que conociera éste sitio podría saber de su existencia y dar la forma de llegar a él, ya que la entrada estaba totalmente mimetizada por la vegetación y por las piedras caídas a su alrededor, solamente ver la boca de la cueva y la oscuridad inmediata eran de gran impresión, en varias ocasiones hice el recorrido de la hacienda a la gruta para familiarizarme con el camino, pero solamente para llegar a su enorme boca sin atreverme a entrar, sin embargo éstas visitas me fueron dando confianza, como quien domestica a un animal, hasta que me decidí a ver su negro interior, con la ayuda de unas velas sobrantes de una posada navideña del hotel Mayaland y lámparas de mano me arriesgue a ver el interior de éste monstruo geológico y aprendí gradualmente a tenerle confianza y seguir paso a paso por su interior, éste lugar me daba continuas sorpresas, túneles que se conectaban entre sí, pequeños agujeros que se abrían a grandes bóvedas y algunos que terminaban en mantos de agua de baja profundidad, pequeños pedazos de cerámica con vestigios de color siempre encontraba en cada visita y diferentes lugares, algo nuevo en cada visita, éste lugar llegó a ser para mí como la casa del árbol de un niño, un lugar privado y único, exploré por cientos de horas en total cada rincón y recoveco de éste sitio y llegué a pensar que no había un sitio no conocido por mí.

yaxché balamcanchér

En 1956 obtuve mi credencial nacional como guía de turistas e hice mis pininos como guía residente en el hotel Mayaland, lo que me acercó más a éste lugar y me permitió visitas mas continuas, incluyendo visitas esporádicas con turistas a quienes les agradaba explorar el inframundo de los Mayas, deseo mencionar al Sr. Rafael Orozco quien fue compañero de trabajo y aventuras de ésa época, también participó de éstas excursiones aunque luego él se dedicó al turismo administrativo, también cabe mencionar que mi interés en la cultura Maya se ha de haber debido al contacto que tuve con pioneros guías de turistas que en aquella época eran trece en total en el estado de Yucatán y menciono entre ellos al Profesor Manuel Sabido Solís, Jacinto Sosa, Martiniano Dzib, Gonzalo Centeno y otros que en paz descansen, quienes en todo momento estaban dispuestos a compartir sus conocimientos y experiencias con quien los quisiera escuchar, y yo estaba entre éstas personas que les prestaban atención.

Septiembre 09/1959.- Para éstas fechas ya estaba trabajando como guía-chofer para la agencia de viajes Barbachano’s Travel Service y me fue asignado un tour de tres noches en Chichén Itzá del siete al diez de éste mes, los servicios de los días 7 y 8 fueron normales, pero el día 9 por la tarde fui a buscar a mis clientes y en el hotel me informaron que estaban por la piscina, al entrevistarlos me comentaron que estaban muy agotados y que deseaban ésta tarde libre para continuar más descansados al día siguiente para Uxmal, y así quedamos de acuerdo, ellos se quedaban por la piscina, ¿Pero yo que iba a hacer?, no había en aquel entonces en Chichén T.V., Internet o alguna diversión parecida, por lo que a mi mente vino ¿Porqué no ir a mi cueva de relajamiento? Volver a ver todo por si algo había cambiado y además poder disfrutar del silencio y la belleza de la soledad. ¡Y todo cambio!

Manejé mi auto hasta el antiguo campamento carretero ya abandonado y caminé una corta distancia hasta la entrada de la gruta bajo una pequeña llovizna de éste mes de septiembre y entré a mi casa que es la cueva, veo las estalactitas/mitas y a los murciélagos que se inquietan con mi presencia, hago un pequeño recorrido y me encamino hacia el final del túnel más largo ¿Porqué? No lo sé, pero allí voy, el piso estaba bastante lodoso y escurría bastante agua del techo pues estábamos al final de la época de lluvias, así llego al final del túnel y aunque parece igual hay algo diferente, un escurrimiento de agua y una coloración desigual en la pared final, ¿Porqué? Usando el cuchillo de excavación que siempre llevaba conmigo comienzo a rascar la pared del fondo y el hilillo de agua toma un poquito m{as de fuerza y comienzo a golpear y palanquear ésta pared final del túnel que se empieza a agrietar y comienza a mostrar en su parte medular, algo para mi imposible, piedra y argamasa no natural de su formación geológica, piedra y argamasa que claramente indica que es una pared artificial hecha por el hombre, tal y como vemos en los edificios de Chichén Itzá, sin pensarlo mucho me puse a palanquear y golpear con más fuerza hasta que logre abrir un agujero que me permitiera ver al otro lado de la pared, no podía ver más que la oscuridad, por lo que continué mi excavación hasta abrir un agujero que me permitiera pasar reptando como iguana o culebra, en éste momento uno siente una serie de sentimientos encontrados, menos miedo o temor, es aquello de saber que no conozco toda la cueva y como ya no le tenía miedo, decido ver su lado escondido por tanto tiempo, tengo que verlo. El relleno de ésta pared era mayormente como una albarrada hecha de pequeñas piedras entrañadas y solamente hallé una piedra labrada, avanzando pecho a tierra como en tácticas militares y con el foco por delante seguí reptando hasta toparme con una gran roca lisa y muy mojada que me impedía continuar, por lo que tuve que desviarme a la derecha para poder continuar avanzando hasta llegar a una raíz que seguramente venía desde la superficie del terreno y es aquí donde pude ponerme en pie y ver a mi alrededor, me encontraba en una gran bóveda con un derrumbe posiblemente milenario, tuve que ver las cosas a muy corta distancia y caminar con tiento, me dirigí a mi izquierda para encontrar un túnel que solamente cubría unos treinta metros y quedaba ciego, por lo que tomé otro camino que daba a otro túnel pero en forma descendente y sin vestigios de escalinata, por lo que entre piedras y caídas llegué a su nivel de horizontalidad, grandes gotas de agua caían del techo de la bóveda y el piso estaba totalmente lodoso, entre temor y curiosidad fui siguiendo éste túnel tratando de hallar el final, una cosa muy curiosa fue que a pesar de tener pilas o baterías nuevas la luz de mi lámpara no avanzaba más que un metro o un poco más, como si una cortina de humo se lo impidiera, tiempo después los expertos me explicaron que éste lugar había estado cerrado por siglos por lo que casi no tenía polvo atmosférico que refractara la luz, “lo que es no saber”, éste túnel se me hacía interminable aunque es lo bastante grande para andar erguido, pero lo lodos y mojado hacían que el caminar fuera muy lento para no resbalarse o caerse, pero el inconveniente mayor fue la gran cantidad de murciélagos que salían y volaban por todos lados, podía sentirlos pero no verlos y seguramente estaban molestos y perturbados al romper con mi presencia los siglos de tranquilidad de que habían disfrutado.

Finalmente el piso empezó a tener un pequeño ascenso y pasé entre dos estalagmatos quebrados para enfrentarme a una majestuosa columna que parecía soportar el peso de una enorme bóveda, cuidadosamente fui rodeando ésta columna para darme cuenta de que no era chac tlalocuna sino dos columnas justo en medio de ellas observé con gran asombro y un poco de temor una vasija en forma de reloj de arena con la cara del dios Chaac-Tláloc, mitad en rojo y mitad en azul y que me veía no sé si con enojo o asombro, pero el asombrado y atónito era yo, con mucho cuidado fui explorando el área encontrando una cantidad respetable de ofrendas que circundaban la columna central, hasta éste momento no comprendo cómo pude caminar entre éstas ofrendas a mi entrada sin romper alguna con mis pies. El tiempo había pasado totalmente desapercibido y la luz de mi lámpara estaba ya quedando débil, por lo que decidí que ya no podía quedarme más tiempo en éste lugar, especialmente por no estar familiarizado con ésta nueva parte de la cueva y no podía quedarme a oscuras o me quedaría para siempre como parte de éste altar y años más tarde mi esqueleto sería motivo de estudio.

No fue difícil encontrar el camino de regreso por el túnel, pues mis huellas en el lodo eran muy claras, lo único molestoso eran los murciélagos y sus chillidos y solamente hubo un momento crucial de mucho miedo, al llegar a la raíz del árbol anteriormente mencionado y que había visto a mi entrada en ésta nueva sección traté infructuosamente de encontrar el agujero de entrada que había abierto y no estaba a la vista donde según mis cálculos debería de estar. ¿Qué estaba pasando? Después de algunas intentonas pude hallarlo y estaba muy por debajo del nivel del piso y no tomé en cuenta que al estar reptando a la entrada lo estaba haciendo en forma ascendente, al salir al otro lado de la excavación y ver parte de la cueva por mi ya conocida, los latidos de mi corazón variaron de ritmo, ya estaba en mis terrenos, en mi casa, pero sabía que lo que acababa de ver no era todo, tenía que haber más y se hacía imperativo volver a entrar aunque fuera de noche, al volver a la casa donde pernoctaban los guías me encontré con Don Atilio Cámara que había llegado con gente para pernoctar y le comenté de mi hallazgo invitándolo a entrar conmigo pero desechó mi invitación, por lo que me fui al poblado de Pisté a comprar otra lámpara de repuesto, baterías y una cuerda para señalar la entrada, pues no quería pasar otro susto o mal rato.

En ésta segunda incursión la situación fue más fácil, pues se siente uno con más confianza y por tener una idea de los caminos a seguir, de vuelta al recién descubierto agujero o pasadizo, dejé un extremo de la soga a la entrada y me llevé el otro extremo hasta la raíz del árbol y de allí a caminar sobre mis huellas para dar veracidad a lo que mis ojos habían visto anteriormente, al estar ante el altar de las dos columnas y con una lámpara más potente pude apreciar mejor y más detenidamente las variadas ofrendas: vasijas e incensarios con la máscara de Chaac-Tláloc y algunas todavía con vestigios de colores, otras también en forma de reloj de arena pero con protuberancias como piñas, algunas simples o en forma de jarrón y también pebeteros de piedra con finos tallados y todos en un orden que para los antiguos sacerdotes mayas han de haber tenido un significado muy especial, también pude notar que las columnas tenían unas manos estampadas que no había visto en mi primera visita. Al lado derecho de éste primer altar encontré otro túnel con una porción de agua en el costado izquierdo y con ofrendas, éste túnel es muy largo y en algunos tramos se podía andar erguido y en otros había que reptar pues la bóveda tiene forma ondulante y en cualquier lugar bajo habían pequeños estalagmatos (la unión de la estalactita con la estalagmita) y siempre ofrendas al pie de éstos, el final del túnel se abrió a una bóveda o salón de gran dimensión que tiene la peculiaridad de tener unos nichos naturales en las paredes con unas grandes vasijas rayadas en su interior y que parecían estar encarceladas pues estalactitas como barrotes de celda le habían crecido al principio del nicho y las vasijas habían quedado enjauladas, no habiendo más que explorar en éste salón, regresé por el camino andando hasta la primera sala, en éste túnel también se desbandaron cientos de murciélagos.

Al otro lado de la sala principal y en forma descendente había otro túnel, pero únicamente tenía acceso arrastrándose por el suelo pues la bóveda estaba casi a ras del piso, escarbando un poco y haciendo a un lado el lodo pude arrastrarme unos tres metros y entonces el túnel se abrió a otra gran bóveda y pude apreciar una cortina de estalagmatos con un número considerable de ofrendas al pide de los mismos y en perfecto orden, en éste lugar la bóveda ha debido de colapsarse siglos atrás pues se nota su desprendimiento en la parte superior, rodeando la parte colapsada a la izquierda, y removiendo algunas piedras pude llegar a otro lugar de ofrendas donde habían mezclados en el lodo y en total desorden docenas de pequeños metates y vasijas en las paredes, todas éstas ofrendas por su pequeño tamaño parecían juguetes, avanzando un poco más al frente y del lado izquierdo pude apreciar otro gran túnel el cual quise seguir, pero para mi sorpresa me caí al agua, el túnel estaba inundado con un espedo de agua totalmente cristalina, un verdadero río subterráneo y hasta aquí llegó mi descubrimiento.

Cambiando la lámpara y con un sentimiento inexplicable emprendí el regreso hacia la salida viendo así por primera vez lo que algunos sacerdotes mayas siglos atrás habían visto por última vez, recogí la soga y metió tapé con piedra y lodo la pared que había roto y al salir al mundo exterior me percaté de que habían pasado casi seis horas en el interior desde mi entrada, ya era de madrugada, traté de dormir en casa de los guías, pero las imágenes de lo que había visto y el chac tlaloc 2Chaac-Tláloc azul y rojo pasaban una y otra vez por mi mente y aquí empezó un dilema, quería contarle a cada persona que veía el tesoro que guardaba la gruta, pero esto hubiera causado un vandalismo, saqueo y posible alteración a los elementos del lugar sagrado, por lo que con mucha dificultad me guardé el secreto hasta mi arribo a Mérida el día diez y poder notificar a las autoridades pertinentes.

Ya en Mérida y en la agencia de viajes Barbachano’s Travel Service, solicité hablar con el Sr. Fernando Barbachano Gómez-Rull para contarle ésta historia, al quedar convencido de la veracidad de mi relato, se comprometió a denunciar éste hecho a las autoridades competentes y me dijo que me regresara a Chichén Itzá en espera de su arribo, en las primeras horas de la madrugada del día once llegó el Sr. Barbachano en compañía del Gobernador Sr. Agustín Franco Aguilar, Arqueólogo Ponciano Salazar de Monumentos Prehispánicos, el Buchanan, director de la CFE, y algunos empleados que trajeron un generador portátil, el historiador Ignacio Magalony y otras personas más y les di el primer servicio de guía en éste lugar recién descubierto. Comprobada la importancia de éste lugar, el Sr. Gobernador solicitó a Valladolid un destacamento del ejército y para el día once en la mañana éste lugar ya estaba bajo la protección federal y estatal.

Aquí termina mi participación en éstos hechos, aunque seguí colaborando con el equipo INAH-Monumentos Prehispánicos-Tulane en la clasificación de objetos, exploración y museología casi hasta la apertura de éste sitio al público. Siempre estaré agradecido al Gobernador Franco Aguilar y a las instituciones privadas quienes con su empeño lograron que las ofrendas no fueran removidas de su sitio para ser llevadas a diferentes museos y gracias a sus esfuerzos podemos admirar en su lugar original.

En la actualidad los trabajos del INAH y CULTUR han adecuado el lugar para beneficio de los visitantes, se cuenta con iluminación, algunos extractores de aire, se han ampliado los pasillos para andar erguido, se han hecho escalinatas y andadores y se le ha instalado un sistema de sonido narratorio en varios idiomas de parte de la historia del sitio, por lo que el lugar es totalmente distinto a mi primera o segunda experiencia, tiene también un museo de sitio y andadores alrededor de la entrada de la gruta que forman parte de un jardín botánico muy bien cuidado y con clasificación de las plantas, baños y un extenso aparcamiento para vehículos.

DESCRIPTIVO.- Aunque para su estudio se han enumerado las cámaras del uno al seis, solamente son tres las que se encuentran accesibles al visitante, de todas formas haremos una breve descripción de las ofrendas para su entendimiento, y esto puede ser cotejado con el DVD adjunto. El pasaje excavado para darle conexión a la primera parte de la gruta con la parte sellada fue de apenas unos 40 por 60 centímetros, ésta fue una sección tapiada en épocas prehispánicas y la constante filtración de piedra calina en su superficie se fue depositando y cubriéndola gradualmente hasta homogeneizarla con la bóveda-piso, hasta ocultarla totalmente por su semejanza a una formación natural o fin del túnel, al otro lado de éste punto había una gran roca lisa que impedía el ascenso por lo que había que desviarse a la derecha hasta una raíz que todavía se puede ver y que viene desde la superficie del terreno, actualmente los arqueólogos han cortado escalones para mayor accesibilidad, aquí hay una gran bóveda con un derrumbe centenario que creó un promontorio rocoso, a la izquierda de ésta sala hay un túnel ciego de unos 30 metros, descendiendo del promontorio y hacia el frente seguimos por un gran túnel que para septiembre de 1959 se encontraba totalmente lodoso y pegajoso y a unos 100 metros llegamos al altar denominado La Ceiba o cámara No. 1.

El nombre La Ceiba se le ha conferido porque en su parte central se encuentra una gran columna dividida en dos, resultado de la fusión de la estalactita con la estalagmita y ésta se encuentra descansando en un promontorio natural , lo que asemeja el tronco de un gran árbol con su follaje representado por las estalactitas quebradas en la bóveda, es de hacerse notar que en el piso del lugar no se encontraron pedazos de estalactitas, por lo que los pedazos arrancados del techo fueron llevados a otro lugar, alrededor del tronco de la Ceiba se encuentra una cantidad de vasijas cerámicas en forma de reloj de arena y con diversas figuras del dios Chaac-Tláloc, otras con pequeñas protuberancias adheridas, algunas panzonas, unos incensarios de piedra con motivos diversos como danzantes, una diosa no maya cubierta con una piel posiblemente humana, y también unos pequeños metates más simbólicos que de uso, nótese que en algunos lugares del piso hubo que arrancar la base de unas estalagmitas para usar los agujeros como nichos, esto desde luego durante la proyección prehispánica del altar y bajo la dirección de importantes sacerdotes. Descendiendo por un angosto pasillo del otro lado y a la izquierda de la columna pasamos a la sala No. 2 al bajar unos cuatro peldaños hechos por los arqueólogos, en una oquedad del lado derecho y en la parte alta de la misma podemos aprecias manos positivas que datan de la época de uso de los altares, avanzamos un poco más hacia arriba por un nuevo camino y podemos apreciar una cortina de estalagmatos con varias ofrendas al pie de las mismas, aunque a primera vista las vasijas parecen iguales, si observamos con detenimiento veremos que tienen variantes en su ejecución, el promontorio rocoso sobre el cual pasamos para ir a la sala No. 3 es el resultado de un colapso centenario o milenario, ya en la parte baja vemos unas grandes piedras en su posición original del colapso y a la izquierda vemosmetates aluxoob una profusión de pequeños metates que han sido ordenados por los museólogos, al verlos con detenimiento podemos ver que sus tamaños son distintos, que tienen diferente número de patas, y esto también ha de haber tenido un simbolismo así mismo como su número en total, también hay un número de pequeñísimas ollas y platos que parecen juguetes, ¿Serían para los aluxoob?

Al frente de las grandes piedras vemos un túnel que a primera impresión parece estar seco y que vemos el fondo, pero esto es una ilusión ya que lo que vemos es en realidad el reflejo del techo y el agua actúa como un espejo, éste túnel o río subterráneo que tiene un largo de casi 200 metros y una profundidad de 50 a 160 centímetros y termina en la denominada cámara No. 4, ésta cámara (no se visita) tiene una bóveda más pequeña que las anteriores y en una visita a ella con el arqueólogo Willy Folan encontramos una piedra sembrada en el piso cual estalactita artificial, con ofrendas alrededor de ella, entre ellas un plato con decoraciones y un Chaac-Tláloc con una nariz doble, un gancho para arriba y uno para abajo, algunas cosas se sacaron para su estudio mediante el uso de una batea de madera. Es de mencionarse que en el tramo de 200 metros de agua entre la cámara No.3 y la 4 a distancias regulares y sumergidas en el agua había vasijas ofrendarías con residuos de material quemado, por lo que se supone que en una época pasada éste túnel estaba seco.

Retornando a la cámara No. 1 y a la izquierda de la gran columna existe otro largo túnel al que hay que descender con cierta dificultad y a corta distancia hay un manto de agua con ofrendas denominada sala No. 5 (no se visita) y sumergido en el agua junto a otras ofrendas se encontró un fragmento de un tunkul (instrumento maya de percusión) que posiblemente fue cortado de uno completo, se continúa por un extenso túnel que se achica y agranda por la irregularidad de la bóveda y se avanza por unos 250 metros con ofrendas a ciertas distancias y siempre al pie o al frente de formaciones estalactíticas, al final del túnel hay una gran sala con ofrendas pero con la gran particularidad de que en las paredes laterales hay unas vasijas rayadas dentro de unos nichos naturales, éstas son de gran tamaño, algunas con rayas pintadas y con tapa. Con éstas seis salas naturales termina el recorrido físico y virtual de Balancanche, aunque debemos puntualizar que las cámaras 4 y 5 todavía son merecedoras de estudios más profundos para tener un mejor conocimiento de sus contenido histórico, la gran variedad de objetos encontrados en el interior de la parte sellada de la gruta y la falta de investigación y estudios continuados nos presenta resultados de factibilidad por un lado y de interrogantes por otro, veamos algunos ejemplos.

Las vasijas de cerámica en forma de reloj de arena son en su mayoría decoradas con variantes de Chaac-Tláloc manufacturados con un tipo de pastillaje añadido para formar la máscara, después cocido a fuego y finalmente pintado, sin embargo se encontró que algunas vasijas fueron originalmente simples, cocidas y posteriormente modificadas con elementos añadidos, recocidas y vueltas a pintar, esto es también detectable en algunas vasijas con protuberancias que les dan aspecto de piña y algunas en forma de cántaro barrigón, esto parece indicar que unas vasijas fueron introducidas en forma permanente y otras introducidas, usadas y removidas para su modificación y posteriormente fueron vueltas a introducir para finalmente formar parte permanente del altar. Por su representación a simple vista pueden clasificarse twin tlaloccomo del floreciente modificado, Mexicano temprano o posclásico temprano aunque también se han encontrado fragmentos de vasijas del cásico temprano y medio casi completamente lisas y que tal vez se usaron como espátulas. Vasijas en forma de reloj de arena no se han encontrado en ningún otro lugar de Chichén Itzá hasta el momento.

Por lo que respecta a los pebeteros o incensarios de piedra, éstos también son de variadas decoraciones aunque de tamaño casi uniforme, fueron elaborados en piedra local y en sus variantes vemos representaciones de guerreros con su atlatl o hulché y escudos circulares, danzantes ricamente ataviados, personajes con los brazos cruzados al frente en posición de meditación o sumisión, otros con el cuerpo o la cara cubiertos con piel superpuesta en representación de la diosa Xipe Totec, sobre la segunda plataforma del Caracol u Observatorio Astronómico de Chichén Itzá es el único otro lugar donde se encuentra unos pebeteros similares a los de la gruta, aunque de un poco mayor tamaño. Metatitos de piedra local de uso definitivamente ofrendarlo aunque no en el número encontrado en éste lugar, se han encontrado en Uaxactún y Dzibichaltún entre otros lugares, junto a éstos se han encontrado una relación de platos y vasijas también en miniatura, podríamos indefinidamente seguir explicando los detalles sobresalientes, pero vemos también algunas interrogantes.

En el Castillo de Chichén Itzá se han hecho unas pruebas de Carbono catorce y nos han arrojado unas fechas de 790 D.C. y 810 de la misma era con su más o menos, la misma prueba en un madero de las monjas del mismo sitio arrojó la fecha 780 D.C. Pruebas hechas en los incensarios de Balanchance y partes circundantes dieron con su más o menos la fecha de 860 D.C. de modo que éstas fechas están concordantes, aunque no tenemos una fecha exacta del arribo de la influencia mexicanizada o tolteca a ésta latitud, si tomáramos la fecha de 975 D.C. de acuerdo a J. Erick Thompson como el principio de esta influencia, nos encontraríamos con una diferencia de más de 100 años. ¿Podría ser que alguna avanzada extranjera al área maya se adelantó y reocupó este barrio? ¿Se pudo amalgamar con el grupo ocupante e iniciar prácticas secretas? ¿O fue un grupo practicante con culto propio dentro de la misma cultura como ha sucedido en otras partes del mundo? Definitivamente si comparamos las vasijas en forma de reloj de arenas encontradas en Tula Hidalgo, encontraremos una gran similitud aunque las de Tula fácilmente tienen el doble en tamaño, pero sin embargo hay mas vasijas de éste tipo en Balancanche que las encontradas en Tula.

Referente a los pebeteros de piedra definitivamente muestra una influencia también en su vestimenta ajena el área Maya, pero la parte más intrigante es la presencia relativa a Xipe Totec plasmada en algunas representaciones, ya que no existen vestigios conocidos de éstas representaciones en Tula, ya que por lo general se han encontrado en Teotihuacan y posteriormente fue una práctica llevada a cabo por los Aztecas. El contenido interno de las vasijas y pebeteros no es uniforme ya que algunas tenía dos o tres centímetros de material quemado y otras hasta diez o doce, de modo que su uso fue alternado o son de diferentes épocas, cabe mencionar que mayormente los residuos eran de carbón, huesos, pequeños fragmentos de conchas y nefrita, pero casi no había restos de copal.

En el tramo correspondiente a la recién abierta entrada y la cámara de la Ceiba, casi a la mitad del camino y del lado izquierdo, se encuentra un lugar que fue usado para la extracción de barro y abrasivo, allí había una vasija plana del período clásico y al hacer exploraciones se encontró un gran número de cuentas perforadas de nefrita y caracoles del Caribe cortados paravasijas ser engarzados, éstos no están en orden alguno y se encontraban diseminados, por lo que no fueron depósitos ofrendarios sino que fueron parte de brazaletes u ornamentos que se les rompieron a los extractores de los materiales, lo que demuestra que éstos obreros al portar ornamentos de valor eran gente de posición alta o media y que no cualquiera tuvo acceso a éste lugar por ser sagrado.

Partiendo de la cámara No. 1, pasando por la 5 y continuando a la No. 6 encontramos ofrendas cada cierta distancia, o mismo ocurre partiendo de la cámara 3 a la 4, éstas ofrendas están ahora bajo del agua, pero en los siglos 9 y 10 o antes, posiblemente estaba seco el piso y las ofrendas descansaban sobre suelo firme. De la entrada actual hasta la Ceiba no había ningún tipo de ofrenda aún y pesar de que el túnel es amplio y uniforme, los únicos vestigios cerámicos encontrados son grandes pedazos de vasijas usados como espátulas para obtención de barro, por lo que éstos pasillos no tuvieron uso ceremonial.

Aquí tenemos otra incógnita: La parte sellada recién descubierta no tenía casi la capacidad para que una persona pasar por ella, menos aún llevando objetos para depositar como ofrendas y portando alhajas de la época, de esto haber sucedido sin duda alguna muchas piezas se hubieran quebrado o perdido en ésta difícil entrada y no se encontró algo en ésta área, por lo tanto es muy probable que ésta no haya sido la entrada principal, la cámara No. 4 presenta grandes posibilidades de estar conectada con otro gran túnel y probablemente con otra entrada, pero como anteriormente mencionamos una exploración más profunda no se ha llevado a cabo.

Es muy interesante analizar ciertas situaciones como es el hecho de que todas las ofrendas se haya puesto a las formaciones en las que se unen la estalactita con la estalagmita ¿Cuál fue el razonamiento? ¿Eran representaciones de la unión del mundo superior con el inframundo? En gran variedad de cuevas y cavernas en Yucatán se han encontrado vestigios de entierros y en ésta por ningún lado ¿será que la invasión del agua fue la señal para sellar el lugar o llegaron al final de un ciclo? Estudios posteriores nos informarán, y para finalizar una pregunta más: Se encontraron algunos montones de carbón vegetal en su forma natural y también quemado ¿cómo soportaban el calor y la suspensión del humo cuando y durante los trabajos arqueológicos el humos de un cigarro quedaba suspendido por horas y notemos que también la falta de hollín en las bóvedas o paredes.

LA CEREMONIA.-Después de haberse ampliado los túneles de entrada y haber empezado los trabajos de investigación en Balancanche, una mañana se aproximó un grupo de aproximadamente 20 personas con sus lámparas Coleman y al frente venía el Sr. Romualdo Hoil del poblado de X’calacoop, decían que habían venido a ver el interior de la cueva y el acceso les fue negado por encontrase éste lugar bajo resguardo del gobierno para su estudio, antes su insistencia el Dr. Willys Andrews y D. Alfredo Barrera Vázquez entablaron un diálogo en el cual el Sr. Hoil argumentaba ser seguidor de la religión Maya y que en su conocimiento tradicional se sabía que un altar al dios de la lluvia Yuum Chaac había sido descubierto y profanado, y que de no efectuarse una ceremonia de desagravio, sucederían variadas catástrofes en ésta región, se propuso darle permiso para efectuar la ceremonia a condición de que ésta pudiera ser grabada y el Sr. Hoil se puso renuente a ésta propuesta aunque finalmente y de mala gana aceptó pero con el compromiso de que toda persona que hubiera estado en contacto con el altar participara físicamente en el ritual y que éstos cubrieran los gastos incurridos para el efecto de la misma, esto fue inmediatamente aprobado ya que esto brindaba la oportunidad única de grabar una ceremonia subterránea y en un lugar original.

El Sr. Hoil fijó la fecha de octubre 17 a las ocho de la mañana para el inicio de la ceremonia y en la fecha mencionada anteriormente se presentó puntual con sus acólitos y un variado número de cosas como pavos, gallinas, velas de cera negra, licor, tabaco, miel, etc., y se dio comienzo a la ceremonia, toda ésta se efectuó en su propio ritual y en la lengua maya, invocaron a sus dioses, se sacrificaron los animales que fueron cocinados afuera de la cueva y se asignó un lugar a cada quien, la ceremonia se efectuó indistintamente y a intervalos entre las cámaras 1 y la 3, hubieron recesos durante la ceremonia para la ingestión del sacá o bebida purificada y solamente se podía salir de la gruta con el permiso de los dioses y mediante la voz del Sr. Hoil, esto ocurrió dos veces y una de ellas fue porque se necesitaba agua virgen para preparar más licor y un acólito fue enviado al poblado de Xcalacoop por ésta agua virgen, la ceremonia terminó a las cuatro de la mañana del día 18 y al salir estaba lloviendo, lo que causó beneplácito al sacerdote Hoil y sus acólitos ya que esto era indicación de que sus plegarias habían sido escuchadas, se dijo que nadie absolutamente debería de entrar a la gruta y menos a los altares y se fijó la entrada de nuevo para el día 20 a las ocho de la mañana.

El día 20 a las ocho de la mañana con el Sr. Hoil por delante se entró de nuevo a la gruta directamente a la cámara No. 1 y cuatro velas estaban todavía prendidas, se santiguó el agua que por la lluvia había inundado ésta cámara y se procedió a hacer lo mismo en la cámara No. 3 de regreso a la primera sala se apagaron las velas encendidas y con una nueva ceremonia se entregó la gruta para que los trabajos de investigación pudieran ser continuados. Esta ceremonia fue grabada y traducida al Español e Inglés y constituye la única evidencia hasta ahora en su tipo (National Geographic Nov. 2004) y nos brinda una prueba palpable de las muchas tradiciones que la conquista Europea no ha podido erradicar hasta la presente fecha, pues ésta se mantiene vivas y activas.

Como nunca supimos a qué lugar mandó el Sr. Hoil a su acólito por agua virgen y como éste no tardó tanto, es probable que algún lugar cercano a Xcalacoop y no muy lejano de Balankanche haya una cueva que los provee de ésta agua y una podía tener conexión con la otra.

Desde muy temprana edad Humberto estuvo en contacto con los alrededores de Chichén Itzá y a pié o a caballo tuvo la oportunidad de explorar sus contornos, con la ayuda de jornaleros y milperos del área pudo conocer cenotes, cuevas y monumentos que hasta ahora no han sido restaurados, escuchó de los pioneros guías de turistas (+) interesantes relatos de la cultura maya y esto hizo que se le desenvolviera un apetito por aprender más del tema. Bajo la dirección de los Sres. Arq. Manuel Cicerol S. y el maestro José Canto López, logró adquirir su credencial de guía de turistas a nivel nacional en 1656 y con el No. 1503 y con esto pudo ejercer ésta digna profesión, tomar cursos y ser más que nada autodidacta. Después de más de mil horas de explorar una gruta que él creía conocer en su totalidad, le cupo en suerte encontrar en 1959 un pasaje sellado por los mayas y una nueva sección con seis altares intactos y más de 600 ofrendas, la pronta declaración de este hallazgo a las autoridades pertinentes, ha permitido la preservación de éste lugar como un museo subterráneo para admirar las piezas originales en su lugar original y desde luego su belleza geológica.

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3 comentarios
  1. Jose H. Gomez Ortiz permalink

    Muchísimas gracias por esta valiosa publicación, es un orgullo para un servidor que gente apreciada como usted valore parte de la trayectoria de mi señor padre, de nueva cuenta mi agradecimiento y mis respetos, atte. Lic. José Humberto Gómez Ortiz

  2. José Humberto Gómez Ortiz permalink

    Totalmente orgulloso de mi señor padre José Humberto Gómez Rodriguez, este 9 de septiembre de 2014 se cumple 55 años del descubrimiento de balamkanche, ojalá y pudiesen realizar nuevamente este reconocimiento a mi señor padre, les mando un afectuoso saludo a todos. Atte. Lic. José Humberto Gómez Ortiz

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