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SUSIE ORNELAS

Muy a principios de la lejana década de los 70’s conocí a una joven bonita, trabajadora, con mucho carácter, dinámica, etc., que formaba parte del gremio de Guías Acompañantes; siempre llevaba grupos de una agencia con la que trabaja todo el año con turismo francés cuyo corresponsal entonces era un francés, D. Bernard Chevalier. Susie Ornelas hacía los largos itinerarios back to back de 2 ó 3 semanas recorriendo México, saliendo del D.F., hoy CDMX, ciudad que visitaban 3 días antes de iniciar su recorrido con Cuernavaca, la ciudad de la eterna primavera. Aunque después de la visita continuaban hasta Taxco para pernoctar. Taxco (Juego de Pelota), capital de la artesanía de la plata, cuyas minas continúan produciendo el preciado metal. Fué en los años 30’s que William Spratling trajo a ésta pequeña ciudad colonial una nueva tecnología para dar más lustre al metal, naciendo una nueva industria al adormecido pueblo, que rápidamente, no solamente creció, sino también embelleció. Después de la visita al pequeño pueblo colonial, hechas las compras de éste metal precioso para sí mismos o para regalar entre sus amistades y parientes, el grupo continuaba a Acapulco; eran los años cuando éste destino turístico era el más importante para el turismo de sol en México. Así, después de 3 días de sol y arena, el grupo volaba hacia Oaxaca, la antigua Antequera, ciudad llena de sol, encanto, colores y artesanías. La ciudad es una joya colonial con su Catedral de piedra verde, el Convento de Santo Domingo, impresionante construcción que alberga un museo extraordinariamente extenso además de contener miles de piezas preciosas prehispánicas encontradas en las tumbas de Monte Albán; el Mercado Central lleno de artesanías, el Templo de la Soledad, el Andador Macedonio Alcalá, la Plaza y la Alameda, y mucha arquitectura colonial. Entre las muchas cosas que visitan está el viaje a Monte Albán, situado en las afueras de la ciudad sobre una montaña aplanada por los mismos habitantes y desde donde se domina el paisaje alrededor; otro día la visita también obligada a la cercana Santa María del Tule, para visitar el monumental árbol, creo el de mayor tronco en todo México, y continuar a visitar la gran capital de las grecas y mosaicos, la antigua Mitla.

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Parte del tronco del árbol del tule, Santa María del Tule.

Pero uno de los atractivos que más gustaba a los viajeros en esos lejanos años era visitar el taller de alfarería de Doña Rosa, en San Bartolo Coyotepec. Doña Rosa, menudita pues era indígena, pero con fuertes manos, rápidamente le daba forma al barro para crear maravillas: jarrones de todos tamaños, ollas, collares, figuras, etc.; naturalmente toda la producción llevaba su nombre estampado, “Doña Rosa”. Pero la casita-tienda donde atendía a los turistas estaba rodeada de gallinas, pavos y cerdos, y esparcidos en el terreno los familiares, todos alfareros de barro negro. Ahí estaban los rudimentarios hornos para cocer la producción, y montones de leña de ocote, el olor de la madera quemada impregnaba todo el lugar dando al sitio un carácter encantado.

También veíamos caminar a los jóvenes con estrafalaria ropa y cabellera en su viaje a Huautla de Jiménez, donde una pequeña chamana de avanzada edad, Doña María Sabina, en su pequeña choza recibía a los peregrinos que venían a pedirle un “viaje”. Muchos jóvenes famosos venían de incógnito, pero uno, el más famoso, fue John Lennon acompañado de Yoko Ono, así en su peregrinar deambulaban entre calles o caminos polvorientos en busca del nanacatzín (como le llaman al hermano peyote en mazateco). Doña Sabina atendía a todos a cambio de unos pocos pesos. Falleció en 1985 a los 90 años de edad, en la misma choza que habitó toda su vida. Hasta el día de hoy, 2016, pueden adquirirse en el mercado de Oaxaca camisetas con su imagen fumando plácidamente, una imagen legendaria que vivió y murió en la completa pobreza.

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Planta del magüey.

Así, las visitas a los pueblos nos llevaban a Teotitlán del Valle, un pueblecito donde se ve hasta el día de hoy a las tejedoras trabajar en centenarios telares, y que muestran a los turistas el uso del insecto que tiene el nopal, la “cochinilla”, y su transformación mágica al combinarla con con gotas de limón, una pizca de cal y otros componentes, y admirar cómo el rojo se torna en verde, amarillo, café, morado, etc., colores que usan hasta hoy en sus trabajos: tapetes de figuras modernas o tradicionales y otros tantos productos; o bien, visitar la fábrica de mezcal y admirar el proceso de su elaboración artesanal. Otra de las visitas que le encanta a los turistas es visitar Santa María Atzompa para admirar la fabricación de utensilios en barro verde: platos, platones, jarras, ollas y muchas cosas más.

Luego venía Villahermosa, Tuxtla Gutiérrez, Palenque, cada sitio con su encanto propio.

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Piñas del magüey, de donde se obtiene el producto para elaborar mezcal.

Algunos años después Susie viene a residir a Mérida, ya casada con otro amigo turistero; ahora va a dedicarse a otro grupo de turismo muy diferente: los italianos. Durante años se va a dedicar a llevar a los grupos de ésta nacionalidad y domina el idioma con soltura. Pero Susie comienza su vida de trabajo en una aerolínea, Aeronaves de México, cuyo requisito de ingreso era el conocimiento del idioma inglés. Ella es un ejemplo de adaptabilidad, estudio y mejoría constante, y forma parte de aquella primera generación de guías que podían comunicarse en varios idiomas.

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