Skip to content

RICARDO Y MARICELA GUTIÉRREZ

Ricardo y Maricela Gutiérrez.

Cada semana venía a Uxmal Doña Maricela López de Gutiérrez, ella llevaba al hotel artesanías de otras partes de México para la tienda del hotel Hacienda Uxmal, como manteles, servilletas y telares de cintura de Oaxaca, cristal soplado del D.F., cazos, platos y otros objetos de cobre de Michoacán, libros en inglés relacionados con la civilización maya, blusas y ropas de bellos colores de Chiapas y Oaxaca, y tantas bellas cosas más. Además de las producidas en la aldea maya, que funcionaba en el jardín del hotel.

Doña Maricela era esposa de Don Ricardo Gutiérrez González, mi jefe cuando atendía grupos de Merida Travel, que en realidad fueron muchos años de back to back (uno después del otro) indefinidamente.

Don Ricardo (el Silver Fox) era toda una leyenda en el turismo ya en los años 60’s, había comenzado a trabajar turismo desde su juventud; al estallar la guerra se va a trabajar a Cuernavaca y al D.F. Regresa a su tierra con la misma vocación, el turismo. Conocí a Don Ricardo en los años 60’s, pero es a principios de los 70’s cuando empecé a trabajar en Merida Travel con los grupos suizos Kouni, que eran operados en Yucatán por ésa agencia cuya cabeza era don Ricardo. El jefe desde muy temprano, antes de las 7 de la mañana, ya estaba en la agencia, checando que todo estaba en orden; las salidas tempraneras a tomar vuelo; los expedientes de los clientes que llegaban en los primeros vuelos. El personal de la oficina de tráfico sabía que siempre iba a encontrarse al jefe, no importaba que temprano se levantase. Pero el equipo era bueno y bien coordinado: Rafael Orozco, Humberto Arjona y el Pollo tenían desde un día antes las listas en sus manos.

Don Ricardo Gutiérrez González poseía un magnífico inglés que perfeccionó muy joven en la Inglaterra misma, con su acento británico. Tenía gusto por tratar con la gente y se esmeraba explicándole a los clientes los monumentos a visitar, y la calidad del servicio. Era un gentleman en todo el sentido de la palabra como diríamos ahora, de la Vieja Guardia.

Con tantos años en el negocio del turismo, era conocido por los operadores de México, Norteamérica y Europa. Sus contactos le permitían hacer negocios en todo el mundo, era hombre de palabra reconocida. Muchos turistas llegaban recomendados a él personalmente lo buscaban tal y como les aconsejaban.

hpqscan0002_1a

Rafael Combaluzier, Ricardo Gutiérrez, Humberto Rosado Espínola, Doña Maruja y D. Fernando Barbachano Gómez-Rul.

Con una personalidad charmante escuchaba atentamente antes de hablar, con las señoras era muy cortés, y paciente. Con los hombres, muy directo.

Frecuentemente viajaba en busca de nuevos contactos con las agencias de viajes. Su facilidad de palabra y don de gentes lo ayudaba cuando iba a cobrar a los clientes retrasados.

Don Rich desde su juventud fungió como cónsul honorario de Holanda, cargo en el que continuó toda su vida. Un hombre de buen corazón pero muy nervioso, constantemente llevaba su collar de cuentas que como rosario tenía en la mano (worry beads) para tranquilizarse.

Su personalidad simpática lo hizo consejero de la actividad turística en la Cámara de Comercio de Mérida, y frecuentemente llevaba la representación de Yucatán en eventos nacionales e internacionales.

El Zorro Plateado frecuentemente gustaba vestirse muy elegantemente, y usaba una bufanda ligera con saco sport. Naturalmente esto sucedía durante nuestra gélida temporada fría.

Por otra parte, Doña Maricela siempre fue una señora en todo el sentido de la palabra, seria, pero simpática, de sonrisa discreta y que sabía escuchar. Frecuentemente almorcé con ella durante sus visitas al hotel con pláticas interesantes.

Por azares de la vida Doña Maricela vivió su niñez en Nueva Orleáns. Al regresar a Yucatán hablaba muy poco español, así todas las tardes estudiaba este idioma con su mamá. Cuando sus compañeras de escuela se dieron cuenta que la niña ya entendía bien todo lo que le decían, a sus pláticas le agregaban palabras en maya. La niña desesperada no sabía qué hacer. La mamá pacientemente le explicó el significado de algunas palabras en maya. Finalmente la niña entendía toda la conversación, por lo que las compañeras cambiaron a la jerga yucateca del “pig latino” o uso excesivo de vocales extras en las oraciones, muy de uso en Yucatán durante la primera mitad del siglo XX.

Ante esta situación la mamá frustrada exclamó: “Déjalas, están locas”.

Pero regresando a Don Ricardo Gutiérrez González, conservo muchos recuerdos de nuestra relación de trabajo y amistad: como mencionara arriba, Don Rich desde su juventud fue el cónsul honorario de Holanda en Yucatán, por lo tanto se ocupaba de los negocios comerciales y turísticos de ese país. Así un buen día nos fuimos a Playa del Carmen en el viejo Opel de Rafael Orozco para ocuparnos de un barco de turistas de la naviera Holland America. Era el 16 de enero de 1976, me acuerdo bien pues, como veremos más adelante, fue de ésos tours que uno nunca olvida.

Al llegar a Playa del Carmen, que en ese entonces era un pequeño pueblito, dormimos en un “hotelito” que tenía el piso de arena y al día siguiente fuimos a desayunar a una fondita de esas que existen en lugares prácticamente apartados y solitarios; de desayuno huevos, arroz y frijol con tortillas, no había menú para escoger. El caso es que cuando tomamos la carretera en el camino de regreso, la noche era fresca y clara, habíamos acordado cenar en el mercado de Valladolid, íbamos cansados del ajetreo de los últimos dos días pero contentos y bromeando; pero uno propone y Dios dispone. Ya era el 17 de enero en la noche, el caso es que de regreso a Mérida se echó a perder el auto a la entrada del pueblo llamado Tintal (no existía la supercarretera), y estábamos a 80 kilómetros de Cancún, y la misma distancia de Valladolid, el pueblo estaba oscuro y no había nadie en las calles, además había un frío terrible y Don Ricardo, a pesar de su saco y suéter, no dejaba de temblar de frío; Rafael y yo nos turnábamos para abrazarlo para darle calor, todavía recuerdo a Don Rich diciéndome: “abrázame Jorge, abrázame”.

Finalmente a las 4 de la mañana llegamos a Mérida, dejamos a Don Ricardo en su casa para ir a descansar. A las 8:30 de la mañana del día siguiente me presenté al hotel Mérida para recoger un grupo de turistas, Don Ricardo ya estaba en el hotel y me presentó a la conductora del grupo, (“caramba! También de apellido holandés”) Joana van der Gracht. Los lectores de este blog ya saben que caí inmediatamente enamorado, me casé y todavía seguimos casados.

A %d blogueros les gusta esto: