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Hacienda Uxmal en el presente

El domingo 11 de septiembre de éste año, 2016, después de un delicioso fin de semana literario que tuvo lugar en el hotelimg_1712 Hacienda Uxmal, y en el que estuvieron presentes algunos de los mejores literatos del Estado y de nuestro país, a invitación del gerente del hotel, señor Bersaín Velázquez Nájera, hicimos mi esposa Joan y quien esto escribe, una visita a las varias veces centenaria hacienda Uxmal; al recibir ésta invitación, recordé los pasajes que Stephens escribió, donde nos narra su llegada a la hacienda, y algunas peripecias que encontró.

Al subir al golf cart, recordé lo que había escuchado varias veces, no queda nada de la hacienda. Después de atravesar hectáreas y más hectáreas de la fértil Zona Puuc, hoy sembrada con: aguacates, mangos, yuca, piña, tomate, chile habanero, así como todo tipo de cítricos apreciadísimos en nuestra cocina yucateca, desde las naranjas agrias, limas, mandarinas entre otros.

Así, a lo lejos percibí una construcción ruinosa y una alta chimenea en pie, al ver esto, le pedí al señor Velázquez que detuviera el vehículo, y mi esposa Joana y yo descendimos para tomar unas fotos, todo esto en medio de una vegetación verde y abundante debido a la temporada de lluvias, pero una vez que bajamos del vehículo, pudimos ver a lo lejos vestigios de otras construcciones.

Para nuestra sorpresa, una segunda chimenea bien conservada me hizo recordar la gran cantidad de trabajo que existió en esta hacienda, que por su antigüedad y lejanía de Mérida, fue una de las más extensas de Yucatán.

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Al continuar nuestra visita, noté un largo muro de piedra y mortero, con una entrada muy tradicional que conduce a los bebederos para el ganado, y unos 50 metros más lejos, un majestuoso arco de entrada que conducía a la casa principal, ambos en buen estado y pintados. Así, pronto descendimos del vehículo para tomar nuevas imágenes de éstas antiquísimas construcciones, y después nos dirigimos, atravesando éste arco, hacia el fondo de una construcción casi en ruinas, salvo algunos espacios que se veían todavía de pie. Al acercarnos vimos que ésta área se trataba de la parte de servicio de la casa principal, donde también estaba la oficina del mayordomo, la tienda de raya, en cuyas paredes pueden apreciarse los agujeros donde se encontraban las vigas que sostenían las mercancías, algunas de éstas habitaciones se conservaban con sus vigas hechas de rollizos de madera y cubiertas de estuco.

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Al preguntar al señor Velázquez por la casa principal, me respondió que ésta estaba arriba del área donde estábamos precisamente, y que desafortunadamente con el paso del tiempo img_1738se cayó, señalándome un montón de escombros de piedras sin mortero, todo cubierto de vegetación, pero me dijo: “subamos para descubrir un poco más”. Al subir por una antigua rampa que se conserva en su lugar, descubrimos dos tiros de noria cuyas paredes están cubiertas por las raíces de antiguos copós, o álamos, que han tomado posesión durante siglos en busca de agua a 65 metros de profundidad. Una de éstas norias tiene ahora una veleta para extraer agua, y durante la época de sequía traen una bomba para ayudar con el riego.

El día de hoy, esta parte de la hacienda está siendo convertida en un gran jardín, con algunas grandes ceibas y hojas de diferentes colores y formas, que han sido sembradas, img_1824los jardineros y jornaleros hacen un trabajo que puede verse en cada rincón, y durante la conversación, me dijo el gerente: “al licenciado Barbachano le gusta mucho el campo, los jardines, ha trabajado mucho nosotros en este proyecto, siempre está pendiente”.

Afortunadamente, algunos viajeros del siglo XIX que visitaron ésta hacienda cuando estaba todavía operando en buen estado, hicieron dibujos y tomaron fotografías de las diferentes dependencias de la hacienda, muchas de ellas forman parte de la decoración del hotel Hacienda Uxmal.

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Quiero expresar las gracias al señor Bersaín Velázquez Nájera, por haberme permitido descubrir ésta bellísima hacienda colonial, y felicitar a Fernando Eugenio Barbachano por éste proyecto que me recuerda a su abuelo, don Fernando Barbachano Peón, quien creó una huerta similar en ésta hacienda hace 60 años, y cuya cañería todavía se conserva.

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Escrito por el Lic. Jorge Rosado Baeza.

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