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MÉRIDA DE YUCATÁN V

Nosotros los meridanos o emeritenses, en nuestro diario andar llevando a cuestas los problemas sin resolver, buscamos ansiosamente la sombra o el camino más corto para alcanzar la próxima parada, preferentemente si ésta representa un descanso en el aire acondicionado de un banco u oficina. Pero nunca pensamos que cada paso que damos en el Centro Histórico de la Blanca Mérida, lo hacemos sobre vestigios arqueológicos, tanto como las antiguas ciudades romanas o griegas, y digo esto porque lo confirman los diferentes trabajos que en las últimas tres décadas han ejecutado los expertos del INAH junto con autoridades municipales y estatales, que nos han señalado muchos resultados de lo grandiosa que fue nuestra ciudad.

En 1951 el arquitecto Don Leopoldo Tomassi López, después de leer antiguos documentos referentes a la ancestral T’hó, y escuchar a los vecinos de los viejos barrios, publicó sus apuntes que a lo largo de los años había hecho sobre la Mérida de Yucatán en un libro titulado La Ciudad de Ayer, Hoy y Mañana; haciendo uso de sus habilidades como arquitecto fabricó maquetas e hizo dibujos de cómo sería el centro de la ciudad prehispánica, a la que agregó los servicios existentes en esa época, cuando la ciudad tendría alrededor de 100,000 habitantes.

Mucho de lo expresado fue obra de intensa investigación tanto bibliográfica como datos personales de los vecinos de los barrios cuando eran niños y usaban los kúes como centro de sus actividades infantiles, subiendo y bajando sin descanso.

Como anotamos anteriormente, es bien conocido de los meridanos que la mayor parte del zócalo y las manzanas colindantes estuvieron ocupadas por grandes “mules”, que con el paso del tiempo fueron desapareciendo dolorosamente.

Desde el punto de vista turístico únicamente, lo más importante es que las autoridades rescaten y promuevan los vestigios que todavía permanecen enterrados en el Centro Histórico, abriendo “vitrinas” para que propios y visitantes admiren algunos fragmentos de la Mérida prehispánica. ¡Hay tanto que mostrar! Que éstas vitrinas y otros tipos de exhibiciones harían que los visitantes tengan un atractivo más que disfrutar durante su estancia en nuestra ciudad.

Entre los muchos trabajos que se hicieron en el centro de la ciudad a fines de la década pasada, se hizo una extensa excavación en la que se encontraron entre los numerosos tesoros entierros precolombinos acompañados de la cerámica utilitaria que se usaba en ésa época, un piso de piedra del período colonial pero utilizando material de época anterior, y secciones de un muro de piedra recubierto de estuco y pintado de rojo, éste muro se encuentra en muy buen estado de conservación, y fue una sorpresa tanto para los arqueólogos, autoridades y habitantes de nuestra ciudad. Como parte de los mismos trabajos se hicieron excavaciones desde la plaza principal, pasando por el parque de San Juan y llegando hasta la Ermita de Santa Isabel, en la cual se encontraron vestigios de más de 10,000 objetos tanto mayas, a partir del siglo VI, como coloniales, lo que nos permite afirmar la ocupación sucesiva a lo largo de los siglos, así, además de objetos mayas en barro y piedra, osamentas humanas, concha, cerámica pintada, etc., se encontraron una gran cantidad de objetos coloniales. Cabe decir que la calle 64 es el inicio del antiguo Camino Real a Campeche, y que debió tener mucho tránsito. En este tramo se encontraron algunas herramientas de carpintería y herrería de los talleres que reparaban los carros antes de su salida o de regreso a la ciudad. También se encontraron muchos clavos, herraduras y algunos mazos, y finalmente, fragmentos de cerámica española, francesa e inglesa, entre otras, así mismo objetos de cristal como botellas y copas.

En el ejemplar de septiembre de 2009, la prestigiosa revista Arqueología Mexicana publicó un artículo firmado por los arqueólogos Josep Ligorred Perramón y Luis Barba, denominado “Reencuentro con la Mérida Ancestral”, en el cual publica algunos de los dibujos que en 1951 publicó el arquitecto Don Leopoldo Tomassi López, y en el cual como documento de fondo hace referencia a los trabajos de prospección geofísica efectuados por el INAH, UNAM y Ayuntamiento de Mérida en el Centro Histórico de la ciudad. El resultado fue impresionante ya que no sólo aclaro dudas y mitos sino que ofreció datos concretos resultado de estudios científicos.

Así, hoy sabemos que la antigua ciudad de T’Hó se encuentra construida sobre un altillo de aproximadamente 300 hectáreas que corresponden al Centro Histórico. A partir de la Plaza Grande, estos trabajos de prospección geofísica o de radiografía del subsuelo desde su formación natural pétrea, o bien, secciones que fueron rellenadas de piedra y tierra, así como la revelación de que existen más de 100 “anomalías” de origen cultural, que sugieren la presencia de estructuras sepultadas, que ahora conocemos con precisión el lugar donde siempre han estado.

Pero el doctor Josep Ligorred Perramón no es nuevo en los quehaceres arqueológicos de nuestra ciudad, ya que durante muchos años, como Jefe del Departamento de Patrimonio Arqueológico del Municipio de Mérida, participó en numerosos trabajos y excavaciones, y es autor del libro “T’Hó, la Mérida Ancestral”, en el que nos expuso con claridad la existencia de muchos de éstas construcciones basados tanto en documentos antiguos, como la experiencia personal en el trabajo de campo.

San Juanistas

A lo largo y ancho de México, todos los mexicanos conocemos la gesta de Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Josefa Ortíz de Domínguez, José María Morelos, y tantos otros héroes que dieron su vida y sangre por nuestro amado México.

Pero en Yucatán, muchos yucatecos desconocen los acontecimientos que en la misma época se suscitaron en la Península, y en especial en su pequeña capital Mérida, de alrededor de 20 mil habitantes.

El objeto de éste artículo es dar a conocer un paseo turístico lleno de historia que tanto nos enorgullece y que debería ser incluido en las visitas a nuestra ciudad, para lo cual las autoridades respectivas facilitarían éstos tours en un área tan conflictiva como es el Centro Histórico de nuestra ciudad, pero que con voluntad política es posible llevar a cabo.

Corría el año de 1808 cuando se reunían en la sacristía de la Iglesia de San Juan (calle 62 x 69) un grupo de piadosos liberales encabezados por el párroco de la iglesia, Don Vicente María Velázquez y Alvarado, otros ilustres ciudadanos como Don Manuel Jiménez Solís, llamado el Padre Justis, Francisco Carvajal, Mauricio Gutiérrez, Rafael Aguayo, Lorenzo de Zavala, Francisco Bates, José María Quintana (Padre de Don Andrés Quintana Roo), y otros más.

Éste grupo de liberales se reunían deseosos de mejorar las condiciones de los menos favorecidos, y pronto fueron designados como sanjuanistas por los conservadores de ésa época, empeñados en mantener el “status quo”.

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Foto publicada por el Diario de Yucatán.

Los acontecimientos sucedidos en Europa, y particularmente en España por la invasión napoleónica, al ser el rey Fernando VII forzado a dejar el trono, hicieron que en México como en Yucatán los liberales dejaran sus ideales sociales para convertir sus reuniones en un ambiente más político y activo, dejando la secresía y abriéndose a la sociedad. Al conocerse en Yucatán la promulgación de la Constitución de Cádiz del 19 de marzo de 1812, como respuesta del pueblo español a la invasión napoleónica y su política de anular los poderes locales tal y como había hecho antes en varios países europeos, los sanjuanistas deciden participar en las elecciones de la provincia de 1813 y colocan a sus partidarios en la mayoría de los cabildos provinciales.

Las ansias de progreso de los sanjuanistas hicieron que en el mismo año de 1813 iniciaran la Casa de Estudios, que fue el primer colegio en la Península que no estaba regido por la institución religiosa, fundada en el predio número 33 de la Segunda Calle de Bolio, hoy calle 62 con 67, en el ángulo noreste de éste cruzamiento.

En ésta Casa de Estudios, en la que participaron los liberales más claros de esta época: Pablo Moreno Triay, Pantaleón Cantón, Lorenzo de Zavala, Manuel Jiménez Solís (el padre Justis), Pablo de Horeza, Mauricio Gutiérrez y Manuel Carvajal. Todos ellos alumnos distinguidos en la clase de filosofía que el primer mencionado, Pablo Moreno Triay, impartió en el Seminario Conciliar de San Idelfonso.

Entre las asignaturas que impartió durante su breve existencia la Casa de Estudios, figuran Gramática Española y Latina, Filosofía y Elementos de Derecho Constitucional, ésta última fue considerada como fundamental por los sanjuanistas ya que representaba el dar a conocer la Ley por primera vez entre los pobladores de la Península. Por su carácter e inteligencia natural, fue electo el padre Justis, don Manuel Jiménez Solís, director de ésta Casa de Estudios. Así hicieron realidad uno de sus más grandes anhelos, una escuela dónde el pensamiento pudiera libremente expresarse como no había sucedido desde inicios de la Colonia.

San Juan

Numerosos yucatecos recorren ésta parte de la ciudad sin imaginarse que cada paso está lleno de historia, pero no sólo los bellos edificios, sino que enterrados en el adoquín están numerosos vestigios de la ciudad maya que ocupó este mismo espacio, y que con poca inversión sería un atractivo turístico de primera. Sorry por insistir.

Durante los años 70’s don Hernán Hernández Cámara me pidió que pensara en un itinerario para hacer un paseo de la Mérida Colonial, en razón de tener una reservación para un numeroso grupo que se interesaba por la arquitectura colonial de Mérida, evitando el Paseo de Montejo y otros puntos que visitábamos en el City Tour normal. Así empezamos a buscar información histórica y arquitectónica de la ciudad, encontrando que es en la parte sur de Mérida que se sitúa la más rica arquitectura de los primeros siglos de la Mérida Colonial, la visita tuvo como principio la Plaza Grande, como llamamos en Yucatán al zócalo, y nos dirigimos hacia la parte sur del Centro Histórico, es decir, el barrio de San Juan, continuando con el Camino Real a Campeche.

Originalmente este barrio perteneció a los hombres de la caballería según el reparto original de la ciudad, es decir, los conquistadores de más confianza de Montejo. Muchos de los descendientes de estos habitantes originales de la ciudad española permanecieron durante generaciones, y algunos de ellos todavía habitan en el antiguo barrio, tal como lo demuestran las bellas casas de grandes dimensiones que todavía encontramos en las calles aledañas.

Pero la iglesia tiene una larga existencia. Inicialmente fue una pequeña ermita construida por el conquistador Juan Bote cumpliendo una promesa para que cesara una plaga de insectos (langostas) que destruyó las cosechas en 1551. Así, al siguiente año de 1552, con toda presteza, se terminó la construcción, dándole debida gracia al Señor.

La antigua ermita fue modificada durante el gobierno de D. Cristóbal de Zayas, terminando las obras en 1770. Aumentándose a la iglesia la sacristía y diversos cuartos anexos, así como los arcos moriscos que existen en la fachada sur de la casa cural. Posteriormente al cerrarse el cementerio adjunto, este camposanto se convirtió en parque, agrandando el existente que durante todo el periodo colonial y el siglo XIX fué usado para las festividades y procesiones, así como plaza de toros durante las fiestas patronales.

La arquitectura es muy atractiva con sus torres formadas por 3 cuerpos de estilo churriguresco; la fachada hace resaltar el uso de la cantera y un largo balcón de hierro forjado, pero es en su costado sur donde destaca la puerta lateral rodeada de bellas figuras en piedra y los arcos moriscos que adornan la sacristía.

El interés histórico como lugar de reunión de los Sanjuanistas hace obligatoria una visita a la iglesia y casa cural.

Es justo en éste mismo barrio que nació el 11 de abril de 1773 D. Vicente María Velázquez y Alvarado, el “Sanjuanista”, quién falleció el 25 de abril de 1828. Algún tiempo después un admirador piadoso robó el cráneo del prócer, para conservarlo como reliquia; posteriormente estuvo resguardado en el único museo que existía en la ciudad en lo que es hoy la Iglesia de San Juan de Dios en el costado norte de la Catedral, donde también se exhibía una fotografía de esta reliquia, que probablemente se encuentra hoy todavía arrumbada en alguna caja perdida entre las posesiones de algún museo.

En 1692 D. José de la Bárcena, Capitán General, ordena al arquitecto Jorge de la Zercera, la construcción del Arco que hoy existe en el límite suroeste del parque de San Juan, mismo que se erigió a la entrada a Mérida del Camino Real de Campeche.

Este elegante arco reposa en sólidos muros de antiguas casas coloniales de la calle 69. Es el de mayores dimensiones de los 3 que existen el día de hoy, de un total de 8 que se construyeron; hasta la altura del estribo se ven piedras esculpidas y en lo alto rematan tres picos. En la parte central hay un nicho donde descansa una escultura del Santo Patrón del barrio, San Juan Bautista.

A lo largo del Camino Real hasta la Ermita de Santa Isabel existen numerosas casas coloniales, verdaderos tesoros arquitectónicos e históricos de la ciudad.

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Candelaria

Don Manuel Núñez de Matías, maestrescuela de la Catedral, construyó de su propio dinero la Ermita de Nuestra Señora de la Candelaria, a finales del Siglo XVII, y para su sostenimiento dotó con 1,500 pesos, cuyos réditos se aplicaron para sostenerla. Así mismo construyó en la propiedad dos casas anexas, una sobre la calle 64 y la segunda sobre la 67, cuyas rentas sirvieron para el mismo propósito.

El atrio situado sobre la calle 64 es el camino de regreso hacia la plaza, contiene vetustos árboles que proporcionan un marco muy bello a la fachada de la iglesia. Al ingresar hpqscan0005nos hallamos bajo el coro y el retablo principal de madera tallada con 7 nichos separados por columnas salomónicas de estilo barroco, pintado con doradura. Durante los servicios en la tarde noche realza su belleza con las luces, adquiriendo un brillo excepcional. Es mi altar favorito en la ciudad.

Una puerta en cada costado completan el ingreso de los fieles, aunque solo una permanece abierta sobre la calle 67 (acceso original). Aunque el conjunto es sencillo, la fachada es atractiva porque en la parte superior las paredes están rematadas por un pretil con pilastras y muros calados en círculos y triángulos.

En palabras de Fernando Garcés Fierro, experto del I.N.A.H., este retablo es el único de la época virreinal en Mérida. Sobrevivió a la destrucción posterior a la Independencia, la Guerra de Castas, la Revolución y otras barbaridades más recientes. El retablo de estilo barroco salomónico data de entre 1690-1700. Lo caracterizan las columnas en espiral. El retablo tiene 7 metros de alto por igual de ancho. Abajo está el “arranque” que arquitectónicamente es otra pieza. Está hecho de madera de cedro rojo, que es común en Yucatán, cubierto con hoja de oro.

Monjas

Unas de las primeras necesidades que tuvieron los conquistadores fue tener un espacio para sus hijas que no encontraron el joven conveniente para casarse. Así separaron un gran lote de terreno justo detrás del Baak Luum Chan, donde hoy se encuentra el Palacio Municipal.

El terreno que comienza en la calle 64 continuaba hasta la presente calle 66A entre 61 y 63. La calle 66A no existía entonces, ya que fué abierta durante el juarismo (Siglo XIX). hpqscan0007Así, a finales del siglo XVI se comenzó la construcción del Convento de las Monjas Concepcionistas.

Las ocupantes, acaudaladas hijas o nietas de conquistadores y encomenderos, construyeron sus propios apartamentos donde habitaban en compañía de sus sirvientas que se ocupaban de los trabajos, apartamentos para acomodar a sus sirvientes, salas de costuras y otras manualidades, cocina, corredores y demás comodidades para las jóvenes.

Pero los tiempos cambiaron y los dineros escaseaban.

hpqscan0008Así durante 271 años, el Convento albergó numerosas jóvenes, cuyos nombres se han conservado, entre ellos: Sor Leonor de la Encarnación, quién fué descendiente del gran Tlatoani Moctezuma, ésta joven llegó a Mérida con doña Beatríz de Herrera, esposa del Adelantado; doña Leonor fué casada con el conquistador Francisco Barrio, al enviudar se incorporó al Convento donde habitó 18 años hasta su fallecimiento. Otra de las novicias fundadoras fué doña María Rosa Euán, hija del señor de Caucel, quién al ser bautizado tomó el nombre de Fernando Euán.

Benito Juárez decretó el cierre de los conventos en todo México, en Yucatán ejecutó la orden el gobernador del Estado, don Manuel Cepeda Peraza, el día 12 de octubre de 1867; siendo la última en abandonar el claustro, Sor Epifanía Sierra, hermana de otro ilustre yucateco, don Justo Sierra O’Reilly.

El gobierno de Yucatán ordenó fraccionar el gran terreno en lotes, conservando algunas partes, y el producto de la venta sería utilizado para la Instrucción Pública, es en ésta época que se abrió la calle 66A entre 61 y 63.

De la antigua arquitectura colonial del Convento ya no queda mucho, el día de hoy, junto a la Iglesia, se conserva parte del antiguo edificio dónde se encuentra actualmente la Casa de las Artesanías, donde puede admirarse una magnífica escalera que conducía al segundo piso del claustro, y otros elementos arquitectónicos.

Sobre la calle 66A pueden admirarse fragmentos del alto muro que rodeó este maravilloso convento.

También la portería del Convento, situada sobre la calle 64, conserva el escudo de las monjas concepcionistas, tallado en piedra, de forma ovalada, que contiene: en el centro la cruz sobre un monte y los signos de la Pasión de Cristo, una corona con espinas; una calavera en alusión al Monte del Calvario; clavos y dos disciplinas, finalmente las iniciales monjasI.N.R.I. sobre la cruz.

La Iglesia del Convento que se encuentra justo en la esquina de las calles 63 y 64, se comenzó a construir el 29 de marzo de 1610. El mariscal don Carlos de Luna y Arellano, siendo gobernador de Yucatán, puso la primera piedra de los cimientos, así mismo depositó algunas monedas corrientes, un Agnus Dei y una imagen de la Concepción de la Virgen.

hpqscan0001 (2)Éste hermoso edificio de estilo severo semeja una fortaleza de sólidos y altos muros lisos, y un original aspecto de recuerdos morunos, su solidez se admira desde lejos, con su contrafuerte sólido, pero alzando la mirada notamos a lo alto un bellísimo mirador, único en la Península y el Sureste de México, donde las ocupantes del Convento subían a refrescarse con la brisa en las cálidas tardes y noches. Éste mirador está construido sobre el presbiterio y consta de 3 galerías o pasillos con arquería, desde aquí se domina el Centro Histórico de la Mérida de Yucatán.

El interior como el exterior contiene grandes cantidades de piedras talladas que muestran la antigüedad del edificio, así sobre el muro norte de la Iglesia está un campanario tipo espadaña con 4 arcos de medio punto, así como adornos en piedra en la fachada.

El altar mayor es ocupado por una gran cruz que recuerda la Santa Croce de Florencia, donde se encuentra la bellísima cruz Cimabúe. La Iglesia tiene dos coros, el alto es muy sencillo y tiene piso de madera. El coro bajo es una joya de arquitectura, conserva su antigua reja de hierro detrás de la cuál escuchaban la misa las monjas en total obscuridad sin ser vistas por sus familias y amigos, el coro bajo también conserva las antiguas columnas de piedra que son soporte del coro alto, y algunas lápidas de sepulcros que fueron encontrados en el lugar, éstas lápidas se encuentran ahora empotradas en los muros.

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Santa Isabel

Alejada del bullicio del centro, justo al inicio del Camino Real a Campeche, se encuentra la Ermita de Nuestra Señora del Buen Viaje, ahora conocida como de Santa Isabel. Según la tradición fué Gaspar González de Ledesma y Sánchez, quien construyó una pequeña ermita y se quedó a vivir en los alrededores. Según los archivos de Yucatán, existen las actas de matrimonio legítimo de sus padres, y de su enlace con Isabel de Peñaranda, hija de notables de la ciudad. Se cree que debido a la posición social de ambas familias, el joven matrimonio vivió rodeado de parientes y amigos pero no tenemos registro ni de hijos ni de fecha de defunción de los cónyuges, aunque ambos vivieron en el S. XVII. Se cree que al fallecer la sra. Isabel, el viudo decidió alejarse de las fiestas y reuniones estableciéndose en la vera del Camino Real, hace ya 375 años.

La actual construcción en lo alto de un pan de azúcar, formado por una construcción maya que es el único vestigio que queda en los alrededores, fue costeada por Fray Francisco de San Buenaventura Martínez de Tejada, obispo de Yucatán entre 1746-1752, según inscripción hallada bajo la cornisa en la fachada del templo: “A devoción de Yllmo. (Et Verbum caro factum est Sr. Texada Año 1748”. La Ermita tiene un atrio al que se accede por una escalera de piedra con 14 escalones, una sacristía y casa con un antiguo cementerio y un gran patio.

La fachada de la Ermita tiene una sencilla espadaña con 3 arcos para campanas. Sobre la entrada principal con una pequeña cornisa se encuentra la ventana del coro, con sencillo barandal de fierro. Cierran el conjunto a cada lado del templo 2 torres, la de la esquina tiene una escalera de caracol para acceder al techo.
Pero la Ermita es más que la pequeña iglesia, al costado sur tenemos uno de los patios más grandes la ciudad antigua, con más de 3 mil metros cuadrados. Durante los años 70’s y 80’s el INAH hizo un museo al aire libre al traer aproximadamente 20 monolitos mayas de diferentes sitios prehispánicos, así se hacia una visita del jardín entre palmas, naranjos, flores, una pequeña cascada y estelas mayas, todo encerrado entre altos muros.

La Ermita tenía un osario-camposanto, cuya entrada original fué restaurada en 1965, y se encuentra justo a un costado de la casa cural, en el lado norte del conjunto, convirtiéndose en la entrada del jardín.

Entre 1821-1826 se empotró en el mismo lugar un pórtico de piedra cuyo escudo fué picado a cincel para hacerlo desaparecer intencionalmente, inmediatamente después de la guerra de la Independencia.

Éste pórtico perteneció a la casa del Coronel Juan Martínez del Puerto y Solís de Montejo, descendiente del conquistador, cuya casa se encontraba en la calle 62 N° 489 con 59, y se conoció como la Casa de la Condesa.

La gran plaza al costado norte hasta 1948 era una gran explanada sin calles pavimentadas, donde los jóvenes jugaban a la pelota, y a la que llamaban plaza del Gallo, según refieren los antiguos vecinos.

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Ésta plaza del Gallo estaba situada en la periferia de la Ciudad durante el S. XIX, hasta 1948, según dicen los antiguos vecinos del barrio, las calles estaban sin pavimentar y la plaza era utilizada como campo de béisbol. Es notable la cantidad de veletas que se ven en el firmamento. Saludos afectuosos al propietario de la imagen, el Licenciado José Luis Cantón Cáceres. Imagen por el Diario de Yucatán.

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Foto publicada por el Diario de Yucatán el 19 de Mayo de 1997.

La calle 64 hasta hoy conserva numerosas casas que datan de la época colonial. En muchas de ellas habitaron ilustres yucatecos que forjaron la patria.

El General Manuel Cepeda Peraza falleció el 3 de marzo de 1869 a los 41 años de edad en su casa, marcada con el N° 615 y situada en ésta histórica calle 64, justo en la esquina donde se bifurca formando la calle 64A. La pequeña plaza frente a ella es una esquina muy bella, turísticamente hablando.

El Gral. Cepeda participó en numerosos combates en Saltillo, Oaxaca, Puebla, Veracruz, Campeche y Yucatán, donde libró batallas, también durante la Guerra de Castas su intervención como militar fue de gran importancia. Es en ésta plaza donde tuvo a sus tropas acuarteladas cuando sitió la ciudad de Mérida por 55 días en 1867 durante la Intervención Francesa.

Durante su gobierno se expidió el Decreto fundador del Instituto Literario de Yucatán, hoy la Universidad de Yucatán; también estableció la Biblioteca Central del Estado, la Academia de Música, el Museo de Arqueología e Historia ayudando de esta manera al desarrollo cultural del Estado. En varias ocasiones, como todos los militares de esa época, fue enviado al exilio.

En todas las ciudades norteamericanas se han restaurado la parte antigua de la ciudad para convertirla en atractivos turísticos, ofreciendo en ellos un ambiente turístico diferente según el lugar, así Vancouver ha restaurado el puerto antiguo, hoy este barrio es llamado Gastown; Nueva Orleáns presume su historia y origen francés en el “Vieux Carré””; Montreal hizo lo mismo con el “Vieux Port”; y ni hablar de Campeche, hoy todo bonito y bien pintado, y la lista es muy larga: Filadelfia, San Francisco, Quebec, etc.

¿Y Mérida cuándo?

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