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EL CARIBE MEXICANO

Memorias de J.C.R.B.

Al finalizar la segunda gran guerra, un grupo de emprendedores yucatecos se toma la tarea de solicitar al gobierno federal la construcción de la carretera que uniría a Valladolid con el Caribe. Una comisión intersecretarial viajó e hizo el reconocimiento de la costa comprendida entre Puerto Juárez y Puerto Morelos para ubicar el lugar perfecto, el viaje se hizo por mar, y por avión para el mejor conocimiento del área.

En agosto de 1951 se inicia la construcción de la carretera, y para abril de 1952 el gobierno federal anuncia una inversión de 40 millones de pesos para la edificación de Puerto Juárez que consistiría en la construcción del muelle, aduana, calles y parques entre otros servicios.

Esta carretera se abre al transito en julio de 1955 pero es hasta 1962 que termina la construcción y petrolización de la misma, de esta manera se empezó a desarrollar gradualmente la costa de Quintana Roo, que había permanecido casi deshabitada desde la llegada de los españoles por más de 400 años. Hacia 1962 Puerto Juárez era únicamente una docena de casitas de paja además de las edificaciones que servían de habitación de los aduaneros y soldados que vigilaban la zona.

Antes de este año Isla Mujeres y San Miguel de Cozumel, eran pequeñas comunidades de pescadores olvidadas por todo el mundo, con solamente algunos cientos de habitantes. La aventura comenzaba desde el momento que veíamos el mar, un sueño cumplido que cada vez nos asombraba más y más. Con ansia esperábamos la llegada de la Sultana del Mar o la Reina del Mar, barquitos que hacían la travesía para llegar a Isla Mujeres en cincuenta minutos y el costo del pasaje era unicamente de $4 pesos en 1967, nos llenaba de emoción el placer que anticipábamos de poder nadar , bucear y divertirnos al aire libre.

Una vez que llegábamos a la isla, lo único que existían eran pequeñas casitas pintadas de colores pastel y las playas con cerros de caracoles vacíos, y algunos pescadores en sus botes limpiando el pescado., no había discos, ni restaurantes de lujo pero los típicos restaurantitos con techo de palma, eran los lugares ideales para comer langosta, caracol blanco o filete de tortuga, lo cual resultaba más barato y mejor que comer carne de puerco o res o pollo, primero porque era escaso y tenían que traer a los animales vivos desde tierra firme lo cual hacía un espéctaculo circense en el muelle la llegada de los pobres animales. La Isla Mujeres de apenas 7 km de largo en dirección norte -sur y kilómetro y medio de ancho es solamente una barrera coralina cercana a la costa.

Entre los hoteles más módicos en la isla en la década de los 70’s son el Hotel Ríos, $70 pesos por doble y $80 en el piso superior porque hay más brisa marina. Así mismo cobraba $100 pesos para las comidas para dos pasajeros.

Junto al hotel Ríos, se encontraba el restaurant Mario’s operado por Don Mario Díaz Triay, un yucateco que había vivido algún tiempo en los Estados Unidos y que de regreso a Yucatán incursiona en el turismo. Don Mario escribió un libro guía de turismo titulado Strang´s Guide to Yucatan y que durante algún tiempo permaneció en la isla. Don Mario era una persona muy inquieta y trabajadora. Durante su estancia en la isla el restaurant tuvo gran éxito. En su menú el pollo frito era lo más caro, $12 pesos, una hamburguesa de res y las chuletas de puerco costaban $10 pesos. Camarones a $9 pesos. Bisteck de tortuga a $7 pesos y pescado frito a $6 pesos. También tenía sándwiches a $3.50. Pero Don Mario también alquilaba equipo para bucear, ayudaba a todos los turistas en problemas, y además tenía un servicio de automóvil que venía desde Mérida trayendo comida para su restaurant. Así había mucha fruta (enlatada) a $6.50 por porción.

Al dejar Don Mario la isla se fué a vivir a Chichén Itzá donde hizo construir en su casa una terraza, donde cada noche admiraba las estrellas con su telescopio en unión del señor Eliezer Canul, quién, como Don Mario, trabajaba de guía de turístas durante el día y en la tarde atendía su tienda de curiosidades, que el mismo elaboraba, como prints de diseños precolombinos, como el Chac Mool, serpientes emplumadas, jaguares, anillos del juego de pelota o bien hacía las mismas figuras mencionadas en trabajos de alto relieve sobre láminas de cobre.

El Brisas de Mar, $45 pesos el sencillo y $70 pesos el doble. Otros hoteles eran el Cabañas, Boca Mar, Rocas del Caribe y los restaurantitos eran Villa del Mar y el Gomar entre otros.

Medalla conmemorativa de la III Regata del Sol Nueva Orleans-Isla Mujeres

 

A pesar de ser un destino tan pequeño la isla comenzó a organizar torneos de pesca desde los 60’s, a los que venían barcos y yates participantes de los puertos americanos de Nueva Orleans, la Florida y otros. Así en junio de 1967 se celebra la III Regata del Sol Nueva Orleans-Isla Mujeres, como atestigua la medalla conmemorativa. El símbolo de Isla Mujeres sigue siendo el mismo, un caracol con fondo rojo

Hotel Zazil Há

Vista del Hotel Zazil Há

 

Los nuevos hoteles de lujo el Posada del Mar de la familia Azarcoya que contaba con 22 cuartos con aire acondicionado, costaba $180 pesos el sencillo y $280 el doble en Plan Europeo, el anuncio en los libros guías dice: “Transportación gratis desde el muelle en un Ford Modelo 1929 un poco ya cansado”.

El hotel Zazil Há, de Don José Lima, situado en un islote rodeado de mar y que se comunicaba a la isla por un puentecito de madera, la locación más grandiosa de la isla pero frágil por que en el islote se aporrean las olas del Caribe, creo que fue un sueño de Don José hecho realidad con sus 70 cuartos con aire acondicionado, el hotel costaba en Plan Europeo $220 pesos el doble y en Plan Americano $470 pesos.

Don José Lima también construye el Mesón del Pescador, un albergue para jóvenes donde su hijo Esteban era el instructor de ski, buceo y todos los deportes acuáticos como muestra el folleto del hotel. Es muy interesante leer el folleto porque nos dice con claridad que el precio de alojamiento por persona, era únicamente $15 pesos al día, es decir, 1.25 de dólar de entonces, y por $35 pesos el visitante tenía tres comidas abundantes y sanas, es decir por $2 dólares y setenta centavos. Comer en los restaurantitos del pueblo no era mucho más caro que en esta pensión de lujo situada en la playa norte, el más bello lugar de la isla.

Este lugar hizo soñar a los jóvenes de los años 70’s cuando Jorge Rivero, el famoso actor, filma “Tintorera” y se refiere a esta posada como el “Hamacas Hilton”; que película más bonita volver a ver ahora, recordando como era la costa de la isla en los lejanos años 70’s.

Pero el mundo está hecho de sorpresas, así cuando mi amigo de cuarenta años Carlos Meléndez Pérez, conductor de grupos de italianos en una ocasión me dijo casualmente, que cuando tenía 17 años su papá lo había enviado a Yucatán a buscar a un hermano que se encontraba en la Península de Yucatán y que no quería regresar a casa. Así llega a Mérida buscando al hermano pero con poco dinero, por lo que tiene que conseguir empleo como policía municipal en Mérida, y es enviado a trabajar a la zona del mercado municipal. Posteriormente se dirige a Isla Mujeres, donde se encuentra al hermano, lo envía a casa, pero él decide quedarse maravillado por el Caribe y la vida tranquila de la Isla, pero también hay que comer, así consigue empleo de lanchero con un famoso personaje de la isla de los 60’s, Froilan Espadas, así de pescador y lanchero se gana la vida dos meses hasta que sufre un accidente, se le descuelga el hombro y se ve obligado a regresar al D.F. para ser curado.

Cuando Carlos me conto la historia no sabía si creerle, pero cuando vi las fotos de un joven de 17 años con su cara, eso sí que fue una sorpresa.

¿Fue un presagio de que su vida se desarrollaría en el Sureste?, como efectivamente sucedió hasta el día de hoy. Y para los que conocemos a Carlos Meléndez sabemos que actualmente trabaja en los catamaranes que dan servicio entre Can Cún e Isla Mujeres.

El descubrimiento de los tiburones dormidos, o los “Sleeping Sharks”, en las cuevas cercanas a la isla por parte del mundialmente famoso Jacques Cousteau y la difusión de las películas en todo el mundo le diò mucha proyección a la isla que solamente contaba con algunos hoteles pequeños.

Así mismo Álvaro Gutiérrez construye su hotel Rocas del Caribe; todos estos hoteles eran exclusivamente para los turistas extranjeros, mientras nosotros llegábamos en los pequeños hoteles y posadas cercanos al muelle. Nos pasábamos el día en laCorral de Tortugas Playa Norte nadando y tomando sol, o íbamos al corral de tortugas donde una docena de grandes quelonios hacían las delicias de todo el mundo, y mientras unos nos dejábamos arrastrar montados en estos grandes Corral de Tortugasanimales los amigos tomaban las fotos en las que aparecíamos con grandes sonrisas y con el pelo mojado sobre toda la cara. También explorábamos las ruinas de la Hacienda del Pirata Mundaca con el que nos sentíamos identificados y al que en más de una ocasión dijimos que había sido nuestro bisabuelo, o bien las ruinas mayas que continuaban cayéndose a pedazos azotadas por el viento constante en la punta sur. El lugar favorito de todos era el Garrafón, donde cientos de pescados de colores se hacían a un lado para dejarnos nadar; peces loros, ángeles, sargentos y muchos otros, parecían mirarnos intrigados viendo a estos monstruos en snorkel.

La abundancia de vida natural era increíble a lo largo de la playa, extensos cocales hacían marco esplendoroso al mar azul y sus frutos nos calmaban las ganas de beber, en pocas palabras era el paraíso terrenal. ¡Que más podíamos pedir por tan poco dinero¡.

Es aquí donde conozco a mi amigo Oscar Manzur a quien después sigo viendo siempre en la actividad turística en el hotel casa del Balam, los Aluxes y el hotel Mayaland en Chichén Itzá.

Las calles de la isla eran todas de arena, únicamente la carretera alrededor de la isla estaba petrolizada. Caminar por estas calles era simplemente delicioso, pero lo mejor era lo natural que se sentía.

A lo largo de la costa del Caribe existían pequeños ranchos de cocales como en Puerto Morelos, a los que venían cazadores y pescadores americanos desde la postguerra. En Tancah, la familia González tenía su rancho, y todo se llevaba y traía en pequeñas embarcaciones; gas butano para la estufa y refrigerador (si, refrigerador) gasolina para la pick up, mercancías, sogas y machetes etc. Y se sacaba la copra, chicle, miel y cera. Era necesario racionar todos estos bienes hasta la llegada del nuevo lote ya que con la temporada de nortes no había fecha segura.

Jorge C. Rosado B. disfrutando de las playas en 1977 con sus suegros, los papás de Joanna, John Robert y Margaret van der Gracht.

 

En Akumal Don Pablo Bush Romero tenía un club de yates de gran lujo, muy privado con cocales, y un bello arrecife con acceso únicamente por mar, desde donde exploraba el Chinchorro, Alacranes, Cozumel y otros arrecifes. El club de yates era la base de operaciones del CEDAM (Club de Exploraciones y Deportes Acuáticos de México). El CEDAM es una de las instituciones privadas que más prestigio a dado a México, y fue el fruto del trabajo e inspiración de Don Pablo, que no escatimaba recursos propios en cada una de las expediciones que organizaba. Las exploraciones desde los años 50’s a 70’s hicieron historia y fueron publicadas en diferentes periódicos a nivel nacional muchos de los objetos encontrados (cañones, cerámica, cuchillos y tenedores, botellas, etc.). La participación de Don Pablo en las exploraciones del Caribe, en el cenote sagrado de Chichén Itzá y en el cenote de Dzibilchaltún, son legendarias entre los especialistas, ya que sin escatimar gastos, por amor a la aventura ponía de su bolsa todo el dinero necesario.

Don Pablo Bush tomó suya la propuesta para hacer un homenaje a Jean Lafitte, famoso corsario francés y héroe norteamericano por su participación en la batalla de Nueva Orleans contra la escuadra inglesa. Mucho se ha hablado de los viajes a la costa de Yucatán de los hermanos Lafitte, y en particular a Dzilam de Bravo, donde algunos habitantes dicen ser descendientes de Jean o de Pierre.

Finalmente después de todos los trámites y papeleos ante las autoridades Don Pablo asistió en representación del CEDAM a la inauguración de un monumento para honrar la memoria de estos corsarios en el Cementerio General de Dzilam, y según dice en la placa alusiva, entre los investigadores participó Alma Reed “La Peregrina”, según imágenes publicadas el 28 de julio de 1960 por el periódico Novedades de Yucatán, y el autor del artículo fué Don Luís Ramírez Aznar.

Este monumento desapareció hace más de 20 años a consecuencia de un ciclón que inundó el puerto de Dzilam de Bravo.

Fue también la generosidad de Don Pablo que cubrió el costo del traslado de las cenizas de Alma Reed,  “Peregrina”,  a Mérida y de la construcción del Cenotafio, en el cementerio general de Mérida, cumpliendo sus deseos de estar cerca de Felipe Carrillo Puerto.

Desde siempre Don Pablo fue protector de la “Peregrina” y la designo historiadora oficial del CEDAM.

Hoy el desarrollo de Akumal es increíble, hoteles y docenas de casas a lo largo de la playa, condominios, bares, restaurantes, todo bien cuidado y pintado, sembrado con bugambilias, tulipanes, palmeras, más parece un puerto de la Florida.

Al inicio de la II Gran Guerra se construyeron los aeropuertos de Isla Mujeres y Cozumel para vigilancia de la costa, algunos aventureros más que turistas conocen la zona y vienen a pescar, cazar o bucear. Pernoctaban en sus propios yates o en las cabañas construidas en los cocales.

El interés del Turismo Norteamericano por la isla de Cozumel es resultado de un artículo publicado en la revista Holiday, en el número de agosto de 1955. El primer folleto turístico ofrece un viaje de 4 días y 3 noches por 49 dólares U.S.A. en sencillo o 43 por persona en base doble y la noche adicional 6 o 5 dólares, paquetes que incluyen transportación aérea por T.A.M.S.A. (Transportes Aéreos Mexicanos S. A.); Cuarto con baño privado en casas (no existían hoteles) proporcionadas por los hermanos Joaquín y comidas en un café, según reza el primer flier de Cozumel del año de 1956.

El viaje para cruzar a Cozumel se hacía en botes de madera con motor como “El Vagabundo” y tardaban dos horas y media, y en épocas de norte cuando el mar estaba picado sacudía al pequeño barco cada ola que se aporreaba en él, muchos llegaban enfermos a la isla, en estos años Cozumel era un pequeño poblado de aproximadamente 30,000 habitantes que conservaba las costumbre de la península como cerrar los comercios para el almuerzo y la siesta, así como en las tiendas cercanas a la plaza los propietarios sacaban sus sillones para tomar fresco mientras sus tiendas de importaciones permanecían abiertas hasta ya noche. Es en esta época que Don José Ruíz quien había sido gerente de alimentos y bebidas de un hotel en Mérida inaugura el primer restaurante en forma, “El Pepe’s”, al mismo tiempo empiezan a funcionar el Café del Puerto y el restaurant Soberanis.

Recuerdo un viaje a Cozumel a mediados de los 60’s cuando cruzamos el canal en un cayuco de vela desde Playa del Carmen, y para alegría de unos y temor de otros nos acompañó la mayor Folletos turísticos sobre Cozumelparte del viaje a escasos dos metros del barquito un tiburón que mostraba su aleta dorsal sin cesar cada vez que las olas aporreaban nuestra frágil embarcación. Poco años después Don José Trinidad Molina establece un servicio regular tres veces al día con el barco “Itzam”.

En Cozumel, los primeros hoteles turísticos se construyen en la Playa de Santa Pilar a cuatro kilómetros al norte del poblado de San Miguel a finales de los años 50’s. Son las familias cozumeleñas González y Joaquín, quienes escogen el sitio para construir sus primeros hoteles en una playa paradisiaca con una pequeña ensenada rocosa, donde construyen los hoteles Playa Azul y Cabañas del Caribe, ambos construidos en un gran cocal que da sombra a las habitaciones que cuentan con todo confort y baño individual.

El comedor del Playa Azul está situado sobre una pequeña ensenada que mira a tres lados hacia el mar. A partir de aquí el mar Caribe tiene una corriente subacuática casi imperceptible pero fuerte, recuerdo como en una ocasión snorkeando la corriente me alejo de la costa 50 metros y tuve que esforzarme para regresar a la playa y tirarme a descansar por el agotamiento, en un momento de desesperación y hasta miedo abandone la máscara y el tubo del snorkel.

En Diciembre de 1962 Fernando Barbachano Gómez-Rul inaugura el hotel Cozumel Caribe, un hotel elegante de diseño playero de los 60’s de tres pisos y un techo falso de paja para darle carácter tropical, es el primer hotel de lujo en la isla con grandes habitaciones todas con aire acondicionado y amplios balcones frente al mar, el hotel se encuentra en un gran espacio abierto sembrado de cocos en la playa de San Juan, lugar donde se creé que se celebró la primera misa en México. En esta gran playa de aproximadamente 200 metros de largo se encontraba la piscina, el chapoteadero, el bar, el kiosco de renta de botes y equipo de buceo, así como un muelle donde se embarcaban los clientes para ir de pesca o al tour de playa Robinson Crusoe, para recorrer la costa y almorzar en la playa de San Francisco.

Al poco tiempo César Balsa, famoso mundialmente por ser el creador de la ensalada César, en su restaurante de Tijuana, se convierte en hotelero e inaugura al sur del pueblo de San Miguel otro hotel de diseño playero, “El Presidente”, en una playa rodeada de rocas.

Posteriormente se inauguran el Barracuda, Las Glorias, Casa Blanca y El Soberanis, este último fue destruido para construir en el mismo lugar el hotel Casa Mexicana.

Tiempo después aparecen nuevos hoteles, restaurantes, y las discos, como “La Piñata” y “El Hipopótamo”, los cuales hacen cambiar el Ambiente de la Isla de la Golondrina, antiguo santuario de la Diosa Ixchel, que los antiguos mayas venían a adorar a este paraíso terrenal. La misma impresión que llegar a Isla Mujeres y ver la escena ya familiar, sabíamos dónde dirigirnos para alojarnos y nuestras comidas las tomábamos en el restaurantito Pepe’s frente al muelle, en esa época Pepe’s era un lugar económico y que hoy es para turistas extranjeros.

La visita a la Laguna de Chancanaab era obligatoria en cada viaje donde nos sumergíamos y el agua era tan limpia yPelícano transparente que parecíamos estar flotando, en otras ocasiones nos íbamos a Punta Molas donde armados de nuestro snorkel nos zambullíamos todo el día, y para calmar el hambre y la sed mordisqueábamos pedazos de pan y la coca cola ya caliente que traíamos del pueblo,  los jóvenes de ahora no saben que en esos años eran difícil encontrar agua, sí, agua, solo agua ya que no se embotellaba.

La abundante pesca proveía de tortugas, langostas, caracol, peces los cuales eran más baratos de comer en el restaurante que el pollo, res o carne de puerco.

Las calles de Cozumel tampoco estaban petrolizadas, arena blanca desde que salía uno del hotel. Solo el malecón y la carretera que rodeaba la isla.

El acceso a todas las playas era gratis, no existían los “Parques Ecológicos” pagados sino libres, entre ellos estaban: El Garrafón, El Corral de las Tortugas, La Laguna de Chancanaab, Xel Há, etc. y todas las playas de la costa de Quintana Roo.

Que les puedo decir si hace 50 años los turistas se alojaban en casitas de los hermanos Joaquín , y hoy la costa de Quintana Roo tiene más de 50,000 cuartos de hotel y hasta beber agua cuesta.

En 1962 recorrí desde Puerto Morelos a Can-cún a lo largo de la playa durante 4 días, acompañado de mi hermano Luis Humberto y otros dos amigos, después de viajar toda la noche desde Leona Vicario hasta la costa, en una plataforma sobre rieles Decauville, tirada por una mula y llegar a la playa al amanecer.

En Puerto Morelos había un piquete de navales y dos ranchitos donde pasamos un día. Al salir nos dieron rábanos, cebollas y limones de su patio. Nos señalaron un punto lejano y nos dijeron que ahí encontraríamos caracoles para preparar un ceviche. ¡Qué festín! Pero los siguientes tres días no encontramos a nadie, solo cocales y mar. Cruzamos nadando el canal de Punta Nizuc, varías veces llevando las cosas sobre las cabezas para no mojarlas, y seguimos caminando sobre Isla Cancún. Una noche nos cayó una tormenta de verano que nos dejo mojados y nuestras cosas empapadas. El último día ya estábamos cansados, sedientos (pues ya habían pasado 24 horas sin agua), y hambrientos pues las galletas de soda que llevamos no fueron suficientes. Nuestros compañeros no podían seguir caminando, mi hermano Luis me dijo: “Adelántate a ver si encuentras a alguien. Mientras me quedo a cuidarlos”.

Milagrosamente al poco andar vi una figura diminuta que se movía quizás a 300 metros de distancia, empecé a correr para Pelícanoalcanzar esta visión que parecía no haberme visto. Al llegar solo me acuerdo que le pedí agua, agua por favor, me miro sorprendido, me pidió tranquilidad y me dio su calabazo con agua, recuerdo sus palabras: “bebe despacio, despa…cio. No tome mucha, poco a poco”, seguramente vio que estaba deshidratado. Después de beber le dije que mis amigos estaban en la playa sin agua.

No recuerdo más que cuando llegamos con el agua, y al ver a Don Inés Magaña, no podían creer sus ojos. Después de rescatarnos, nos llevo a su casa. Eran 3 casas de paja y palma, era un campamento de pescadores-cazadores. Una piel de lagarto cubría un costado de una de las casas, y todo me parece ahora un sueño de aventura.

Todavía recuerdo la cena – banquete: frijoles Caabax (los mejores de mi vida), pescado frito y tortillas recién sacadas del comal, y agua, mucha agua, no recuerdo más, después nos dormimos profundamente. Las velas y las sombras nos dejaron dormir. Al día siguiente después del desayuno Don Inés nos señalo que a 200 metros había unas ruinas con serpientes emplumadas, y que el sitio se llamaba Ruinas del Rey. Las visitamos y después decidimos ir a bañarnos al mar. Lo que hoy es la playa pública Delfines. Solo nosotros estábamos en la playa, ni un alma más. Pasamos el resto del día y acordamos que al día siguiente Don Inés nos llevaría en su botecito a Puerto Juárez. En la noche no se podía salir de la casita pues los mosquitos eran en millones. Al día siguiente después del desayuno nos despedimos de la familia de Don Inés y nos subimos a su bote, no de motor sino de vela. Todavía recuerdo cuando atravezamos la Laguna Nichupté, no encontramos ni una sola alma en la laguna, atravesamos el canal del otro lado opuesto al que llegamos y pronto con la brisa nos llevo a Puerto Juárez. Después de decirle mil gracias a Don Inés, muchas veces. Esperamos el autobús para regresar a Mérida.

Recuerdo que a mi regreso de esta aventura maravillosa mi tío Alonso Rosado Espínola sonrió y me dijo: “Lástima que no me dijiste antes acerca de este viaje; tengo unos amigos muy antiguos, Jesús, Raúl y Álvaro Gutiérrez que viven en el Caribe. Jesús tiene un barco llamado el San Miguel con el que recoge copra a lo largo de la costa y lleva mercancía a los ranchos cocoteros. Yo hice ese viaje varias veces trabajando para Don Chucho y conozco cada detalle de la costa y a los viejos habitantes de los ranchos, creo que conservo algunas fotos de hace veinte años, que costa tan maravillosa”. Y así comenzó a narrarnos de una forma clara y precisa todo lo que acabamos de visitar. Alonso “el Negro” había forjado su carácter de la manera que todos los jóvenes soñábamos, bajo el sol, saludable y con mucho esfuerzo.

Aproximadamente 2 años después, hacia 1964, regresé al Caribe con el Dr. Rubén Méndez Heredia y Gerardo Palma Pérez, en su V.W. rojo. Al llegar a Valladolid compramos mediaLic. Rosado y su hijo en Tulum marqueta de hielo, refrescos, cerillos, chocolate, laterías y nos dirigimos a Puerto Juárez. Al llegar tomamos un camino de arena que nos llevó a Tulúm, viaje que nos tomó varias horas.

Preguntamos al farero y nos dio un lugar para colgar las hamacas. Se puso feliz con el hielo, el cual cubrió con pitas y enterró bajo la sombra de un árbol. Le entregamos las mercancías y permanecimos 3 días en el paraíso. En la mañana temprano mientras Rubén y Lalo se quedaban en la playa me iba con el farero en su botecito hasta el arrecife, y ahí recogíamos caracol, langosta, o él arponeaba 2 pescados. Así nos la pasábamos comiendo lo que sacábamos del mar. Con unos cuantos pesos la pasábamos como reyes. Regresamos más de una vez con estos amigos. La misma ruta y a lo mismo. El único turismo eran los hippies que acampaban cerca del faro.

Así era el paraíso, kilómetros de blanca arena y el mar más bello del mundo, solo para nosotros. Cuando comienza la construcción de Cancún, todo cambia de repente, la modernidad llega demasiado rápido, la población en Cozumel e Isla Mujeres aumenta con rapidez, se petrolizan todas las calles aumentan las lámparas de las calles, nuevos hoteles, restaurantes, tiendas. Se fundan verdaderos asentamientos a lo largo de la costa, de Puerto Morelos, Playa del Carmen, Akumal, quien diría que el lejano Tulúm se convertiría en un asentamiento tan grande y moderno.

Era tanto nuestro gusto por el Caribe que en el verano de 1977 me fui de luna de miel con Joanna, primero a Isla Mujeres y luego recorrimos la costa hasta Tulum; en esos años no había que hacer cola para entrar al sitio arqueológico y el estacionamiento estaba justo en la muralla antigua, podíamos subir los monumentos y desde el Castillo admirar el azul y las olas romper en el arrecife, hoy Tulúm parece Disneyland con tiendas, el trenecito y la visita únicamente se hace siguiendo el “Corral de Sogas” que hace el circuito. Este fue el último viaje al paraíso, ya que pronto después el turismo empieza a transformar la costa más bella del mundo.

En 1989 mi gran amigo Julio Fernando Piña Monsreal deja Mérida por una nueva aventura, después de su gran desempeño como contador general, auditor, cobrador empresarial, y muchas otras labores Julio se dirige a Cozumel donde obtiene el mismo gran éxito profesional hasta alcanzar su merecida jubilación veinte años más tarde.

Pero lo mejor desde mi punto de vista fue, que en este cambio Julio Fernando se reencontró con otro amigo turistero que había sido gerente del hotel Mayaland en los años 70’s, Manuel Alcocer Trejo, quién en su juventud había sido físicoculturista y que durante su estancia en la isla se conservaba en muy buen estado físico, así juntos Julio, a quién siempre le gustaba hacer largas caminatas y otros ejercicios físicos, y Manuel hacen caminatas nocturnas, le daban la vuelta a pie a la isla Cozumel, cosa que les tomaba toda la noche y eran abastecidos de agua y cualquier otra necesidad por las esposas que en un automóvil los pasaban a ver dos veces durante estas largas caminatas. ¡Qué mejor cosa que respirar el aire del Caribe para quitar el estrés de un ejecutivo con tantas responsabilidades!

Pero el amigo Julio es un gran conversador con bases muy firmes derivadas de su pasión por la lectura y con quién conversamos de filosofía, historia y metafísica cuando nos sentamos a almorzar o a beber una cerveza fría.

C. P. Manuel Palma Noguera, turistero de los 60’s y 70’s, contador de los hoteles Casa del Balam, Hacienda Uxmal, Hacienda Chichén Itzá, auditor del Hotel Mérida y de la agencia de viajes BUVISA quien traslado su domicilio a Los Angeles a laborar y ya jubilado en dólares regreso a Mérida; C. P. Julio Piña Monsreal y Jorge C. Rosado Baeza. Foto de 1983.

En noviembre de 1984 recibí la invitación de un amigo, el doctor Charles Gallenkampf para acompañarlo como guía con un grupo organizado por el Museo Arqueológico de Alburquerque, Nuevo México. Después de una semana de pasear por los diferentes sitios arqueológicos nos dirigimos a Tulum. Justo al entrar al sitio, escuchamos un grito en voz alta “¡JORGEEEEE!”, el Doctor Gallenkampf, asustado, no sabía lo que pasaba, hasta que le pregunté “¿Doctor Gallenkampf, desea usted conocer al arqueólogo Segovia?”, a lo que dijo que sí, e inmediatamente procedimos a realizar esto. Los que conocimos al arqueólogo Segovia no nos extraña en nada su forma. Estaba agachado arreglando sus plantas de vicaria, moreno, vestido como un jornalero cualquiera con sombrero de alas anchas, Don Charles no salía de su asombro, “¿Es esto una broma?”, me preguntó, pero cuando el maestro empezó a hablar inmediatamente todo cambio. Después de profesarse mutua admiración, los arqueólogos estaban felices del encuentro y dDon Víctor invitó a todo el grupo del museo a acompañarlo para la visita del sitio. Señalando las numerosas alineaciones astronómicas, subiendo y bajando los templos y tomando fotografías pasaron tres horas. Así tuvimos el privilegio de escuchar al maestro hablarnos de sus nuevas exploraciones y descubrimientos en el sitio. Pero esto no es todo, al terminar el recorrido nos invito a su campamento a beber un vaso de agua y ver el atardecer desde el acantilado que esta después del cenote en el costado norte de la muralla.

Después de despedirnos con el acostumbrado abrazo a todo el mundo regresamos hacia el autobús y el Doctor Gallenkampf me dijo: “Jorge, esto estuvo in-cre-í-ble, ma-ra-vi-llo-so, todo el mundo está impresionado de la visita y yo más”.

Todavía conservo los apuntes arqueo-astronómicos que dibuje al regresar al hotel esa tarde.

Ahora los jóvenes van con ropa para la disco, para playa, para ir de compras o para cenar; nosotros llevábamos el traje de baño (catalina), dos camisetas y un short extra. Con la carretera Cancún – Chetumal, todo lo largo de la costa se convierte en un corredor generador de divisas y empleo, gracias a este nuevo desarrollo turístico las crisis económicas de los 70’s y 80’s no se sienten en Yucatán, decenas de miles de profesionistas, turisteros, o trabajadores y albañiles encuentran fácil y rápido acomodo en este maravilloso paraíso. Pero a veces uno recuerda… y cierra los ojos.

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