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CHICHÉN ITZÁ

Diego de Landa en su Relación de las Cosas de Yucatán nos hace un dibujo de Chichén Itzá, y en la relación nos comenta que tiene 4 escaleras, con noventa y un peldaños: “había, cuando yo le vi, al pie de cada pasamano una fiera con boca de sierpe (sic), de una pieza bien curiosamente labrada”, y continúa con la descripción que se ajusta al llamado hoy Castillo o Pirámide de Kukulcán.

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Nos menciona las plataformas hoy llamadas de Venus y la de Tigres y Águilas para proseguir con una hermosa y ancha calzada hasta un pozo. En este pozo tenían la costumbre de echar hombres vivos en sacrificios a los dioses.

“Echaban también muchas otras cosas de piedras de valor y que tenían preciadas, y así, si esta tierra hubiera tenido oro, fuera en este pozo que más parte de ello tuviera” (sic), continuando más adelante menciona que halló en el cenote “leones, jarras, 2 esculturas humanas de piedra…”

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Durante su viaje a Yucatán John Lloyd Stephens, abogado neoyorkino, acompañado del 1arquitecto y dibujante inglés Frederick Cartherwood, quien hace docenas de imágenes que acompañaran los textos, y de un tercer personaje, Dr. Cabot, de Boston, cirujano; quien durante su estancia en la península hace un listado de pájaros (MEMORANDUM FOR THE ORNITHOLOGY IN YUCATAN), plantas, insectos así como lleva un listado de las lluvias.

Stephens en su obra “Incidentes de un viaje a Yucatán” (1841-42) nos dice que: “la hacienda de Chichén Itzá, era entonces propiedad de un vecino de Valladolid llamado Juan Sosa, quien la heredó de su padre, era una estancia ganadera en la que también tenían caballos y mulas, estimó su valor entre cinco y seis mil dólares. El sitio se encuentra a nueve leguas de Valladolid, y el Camino Real a Mérida, pasa justo enfrente de la casa principal, a un costado del gran corral de ganado.”

A su llegada a la hacienda le ofrecen la sacristía para habitar, pero siendo demasiada pequeña para el grupo de viajeros y ayudantes, escogen una casa a medio construir muy cercana, esta adición a la hacienda estaba siendo construida para que los viajeros frecuentes del Camino Real tengan un lugar para descansar.

Naturalmente los templos y palacios estaban rodeados de vegetación, milpas, y las casitas de los trabajadores; habían muchos senderos, lo que les ayudo mucho durante las exploraciones de la Ciudad.

Durante su estancia se enteró que en 1838 un ingeniero americano llamado John Burke, quien trabajaba en Valladolid, hizo una visita al sitio el 4 de julio. Así mismo menciona como durante su estancia los visita el Barón Friedriechstahl.

El arqueólogo inglés, Thomas Gann, acompañado de Sylvanus G. Morley, efectúa en 1918 un viaje en barco de Belice a Campeche, internándose frecuentemente al interior de la península, de esta manera llega a Chichén Itzá.

Escribió que habitaron en la hacienda que les prestó su propietario (Edward Thompson); 2hacen una extensa visita de la Ciudad, toman fotografías; y lo más interesante, leen las inscripciones de la cuenta larga que existe en el sitio.

Así mismo refiere como un antiguo propietario de la hacienda enterró un tesoro de monedas de oro antes de fallecer, y hasta ese día los indios que habitan los alrededores y todos los visitantes de la hacienda continúan excavando esperando encontrar el tesoro.

La noche de su llegada a Chichén Itzá, decidió dormir afuera, en un camastro, pero a media noche lo despertó el intenso dolor que causan las picaduras de las hormigas que habían subido las patas del catre. Así abandonó el fresco de afuera para refugiarse en la casa principal que es grande y fresca, con varandas, construida a mediados del siglo XVIII.

Finalmente nos recuerda que Francisco de Montejo y sus tropas fueron los primeros “visitantes” del sitio en 1528, así como de su graciosa huida del mismo, amarrando un perro a un árbol con un plato de comida fuera de su alcance.

Es conocido de todo el mundo que Edward Herbert Thompson adquirió la hacienda hacia 1885, y que exploró el Cenote Sagrado entre 1904-1910, así como de que los objetos rescatados los envió al museo Peabody de Arqueología y Etnología. Según refiere Michael Schulsser en su libro Peregrina, en una plática que Thompson sostuvo con la periodista Alma Reed le informó que los terrenos de la hacienda medían 3.2 km. en dirección Norte-Sur, y 2.4 km. de Este a Oeste, es decir 7.68 km2. En 1926 es demandado por el Gobierno Mexicano, con dos causas, una civil y otra penal. La hacienda fue asegurada por el Gobierno Federal y aunque Thompson fallece en Plainfield, New Jersey en 1935, los juicios continuaron.

“Mi recién adquirida propiedad de 36 millas cuadradas en las que se encuentran la casa principal, corral, templos, así como varios poblados indígenas donde solo se habla maya”, así le dijo Edward Thompson a T. A. Willard.

Pero recordando la época de su primera visita a Chichén Itzá en pleno desarrollo de la llamada Guerra de Castas, encuentra la casa principal de la hacienda y otros edificios destruidos y numerosos cráneos y esqueletos humanos ya calcinados por los años y el sol, como recuerdo del fiero ataque y destrucción de la hacienda hacía ya algunos años. Aún permanecía en pié el antiguo arco de piedra fechado en 1721 por el que habían pasado los mayas de Santa Cruz con sus prisioneros, hombres y mujeres, llevando el botín tomado de Tunkás y Dzitás en su camino de regreso a su cuartel.

Los tiempos cambiaron pero los habitantes no; así el explorador-arqueólogo se enfrenta con vecinos que ocupan terrenos de la hacienda para hacerles pagar una renta por las milpas sembradas, y estos en lugar de pagar queman la casa principal y otros edificios antes de huir al monte, llevándose el ganado y todo lo que podían cargar, y aunque posteriormente reconstruyó la casa Real, muchos objetos mayas invaluables se destruyeron.

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Muchas experiencias propias de películas de aventureros al estilo Indiana Jones nos cuenta Thompson en el libro La Ciudad del Cenote Sagrado; sus exploraciones subacuáticas y descubrimientos de verdaderos tesoros son joyas literarias, pero la narración de la Tumba del Gran Sacerdote va más allá de la emoción.

Este edificio piramidal con representaciones de serpientes emplumadas, por su tamaño no está entre los que recuerdan los turistas, aunque su decoración es rica y variada, en la parte superior al subir los vestigios de la escalera entre vegetación grande y espesa se llegaba a lo alto de esta pirámide trunca donde se hallan hasta hoy dos serpientes emplumadas en forma de columnas para sostener el techo. Justo detrás de ellas estaba Thompson trabajando cuando descubrió en una oquedad cuadrada de aproximadamente 70 centímetros de diámetro. Las piedras pueden ser utilizadas como apoyo para descender o subir este pozo que llega hasta el nivel del piso. Después de hacer una excavación encuentra una serpiente enrollada y un nido de numerosos alacranes. Finalmente encuentra fragmentos de cerámica y osamentas de dos personas que estaban rotas en varios fragmentos, por lo que pensó que se trataba de una primera tumba que con el paso del tiempo el piso colapsó sobre una segunda tumba.

Después de recoger cuidadosamente el material, al golpear el piso de la oquedad, continúa encontrando una tercera, cuarta y quinta tumbas con osamentas humanas, cerámica, numerosos cascabeles pequeños de cobre, cenizas de madera, y en la quinta tumba especialmente rica también habían una docena de cuentas de jade pulido y numerosas cuentas de cristal de roca, primera vez que se hallaban en la península. Al golpear las piedras del piso Thompson comprendió que la oquedad continuaba, pero en lugar de un entierro, se encontró con escalones esculpidos en la roca y que continuaban hacia abajo. Naturalmente como avanzaba en sus excavaciones e iba más profundo la luz del sol era más y más tenue, por lo que debían trabajar con la luz de algunas velas. Al bajar las escaleras se hallaron en un pequeño cuarto que contenía una gran cantidad de polvo del mortero, pequeñas piedras, cenizas, carbón, pedazos de cerámica, “así en canastos sacamos todo este material y en el exterior nuestro hombre de confianza rescataba cascabeles, piezas de jade, conchas y otros objetos preciosos. Este trabajo resultaba extenuante, la falta de aire fresco, el calor terrible y la poca luz de las velas nos hacían sentir cansancio todo el tiempo. Después de limpiar el cuarto de todo este polvo le pedí a mis ayudantes Pedro y Manuel que me ayudaran a mover una gran losa de piedra. Al mover ésta entró a la cámara un ventarrón frío y húmedo que nos obligaba a pegarnos a la pared para no caer al piso. Mis compañeros estaban aterrorizados, no alcanzaban a reaccionar ante este viento helado, mudos y sin poder moverse no reaccionaban a mis llamados, hasta que uno gritó: ¡Esta es la boca del infierno!

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Notar los grandes laureles que rodean la antigua hacienda ganadera, así como el techo de la iglesia era hasta esos años de paja, las casas de los trabajadores siguiendo la tradición de las haciendas yucatecas se encontraban cerca de la Casa Real o como se le llamo años después, la Casa Principal. Esta fotografía fue tomada alrededor del año de 1920, cuando Edward Thompson habitaba todavía la hacienda en medio del sitio arqueológico.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

”Después de pasados algunos momentos de profundo miedo, logré convencer a Pedro y Manuel de regresar la losa de piedra a su lugar para detener el viento.

”Posteriormente e intrigado, les pedí quitar la piedra otra vez para reconocer el terreno, para lo que preparé una lámpara y una cuerda para hacer mediciones, misma que até a una pesa y medí aproximadamente la profundidad de la última cámara, 16 metros, y haciendo movimientos circulares deduje que tenía forma de botella con un piso de 7 metros de diámetro.

”Terminadas las mediciones, dí por finalizadas las labores del día y les pedí a mis compañeros no hacer mención de los últimos descubrimientos a nadie.”

Esa noche mientras los trabajadores conversaban en sus hamacas o bien tocaban su guitarra antes de dormir, Don Eduardo llamó a su hombre de más confianza y le dijo: “Manuel dile a Matilde Uh, José Uh y Juan Cancino que mañana a las 5 saldremos a trabajar, que traigan su agua y comida, no regresaremos hasta la noche. Yo le diré a Pedro y a su hermano; y que todos traigan machetes, sogas, picos, palas y todo el equipo necesario. Mañana es un día muy importante, quizás encontremos algo valioso o quizás nada. No quiero que los demás se burlen de nosotros. Recuérdales que en boca cerrada no entran moscas”.

Tal y como acordaron, esa mañana muy temprano ya estaban listos para emprender la aventura. Procedieron a descender la excavación del día anterior, quitaron la gran piedra que cubría la recámara en forma de botella guiados por una lámpara de minero y una segunda lámpara tipo Davy. “Finalmente me amarré para descender a la cámara oscura, pero a medio camino la soga empezó a girar violentamente conmigo colgado como una piñata, muy asustado le pedí a mis compañeros que detuvieran la soga porque mi vida estaba en peligro. Después de asegurar mi posición y que la soga dejara de girar, pedí a Manuel y Pedro que bajaran conmigo, cosa que hicieron de inmediato. Al descender encontramos una vasija de alabastro partida en varios pedazos y dentro de ella una cantidad de cuentas de jade, pendientes, orejeras, una placa grande con grabados de sacerdotes ricamente ataviados, un globo de más de una pulgada, todo del mismo material, jade, trabajados con la mayor exquisités, pulido y brillante a pesar de estar tantos siglos expuestos al polvo. Pero alrededor de la vasija había mucho más, jade en todas formas. A menudo nos encontrábamos con las peligrosas arañas Tzintun, cuya picadura produce fiebre, pero siempre regresábamos a nuestra labor, encontrando mucha cerámica entera y otras en fragmentos, grandes urnas de forma cilíndrida de casi 90 centímetros de largo con máscaras de dioses, incensarios con rica decoración, pedazos de obsidiana, pequeños adornos de nariz, y más cuentas, orejeras, placas con figuras, todo de jade.

“Ninguna de mis aventuras a lo largo de mi vida me dio una experiencia tan intensa como bajar a esta cámara que bauticé como: ‘La Tumba del Gran Sacerdote’”.

Lo hallado en esta exploración de la Tumba del Gran Sacerdote se encuentra en el Field’s Museum de Chicago.

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Como mencionamos arriba, a fines del siglo XIX, Edward H. Thompson adquiere la hacienda Chichén Itzá, pero es digno de recordar que en esas no tan lejanas épocas el lugar se encontraba alejado de cualquier población de importancia, y que los descendientes de los antiguos mayas todavía señoreaban en la región por lo que el entonces joven Edward tuvo varios enfrentamientos con ellos, saliendo perdedor a todas las ocasiones, este extracto del libro The City of the Secret Well, publicado en 1926, escrito por T.A. Willard, amigo y patrocinador de Don Edward, trata únicamente de señalar el carácter de este personaje, acostumbrado a una disciplina férrea, a las carencias de comodidades, mismas que no lo detuvieron en su misión personal de aventura que lo acompaño toda su vida.

Nadie puede referirse a Chichén Itzá sin hacer mención del Cenote Sagrado y por consecuencia recordar al primer explorador que bajó hasta su superficie, hpqscan0005y más allá. Excavar el sedimento que escondía los objetos que Fray Diego de Landa mencionó en el siglo XVI, era un trabajo para una persona valerosa como el mismo Thompson.

Trabajando bajo el Sol desde el amanecer hasta la puesta del Sol, es una obra extenuante ya que la temperatura alcanza hasta 42° grados a la sombra y un 90% de humedad durante la temporada de lluvias.

La organización y prevención había funcionado a tiempo ya que finalmente después de varios meses llega a Chichén Itzá una grúa para hacer las excavaciones necesarias, después de instalar la grúa en la orilla del cenote comienza la exploración sacando el lodo con la esperanza de hallar objetos, pero después de días de trabajos que se prolongan en semanas, y que extraen únicamente troncos de árboles, ramas y hojas finalmente extraen huesos de venado y puercos salvajes; pero le asombra cuando encuentra osamentas de una vaca y un jaguar entrelazados como evidencias centenarias de algún drama sucedido en la orilla; cayendo ambos animales hasta el cenote sin lograr salir.

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Posteriormente, y para simplificar el trabajo, Thompson construye una balsa con troncos de árboles y barriles de acero que le hacían flotar, con una capacidad para depositar en ella hasta 10 veces el contenido que en cada viaje sacaba el cubo de la grúa.

Así durante un largo tiempo no encuentra nada de valor, sigue extrayendo troncos, piedras y rhpqscan0012amas, la moral se pierde, los trabajadores son reacios a ir a trabajar todos los días bajo la inclemencia del tiempo. Así después de semanas fastidiosas de no encontrar nada, un día lluvioso la grúa extrajo los primeros objetos que emocionaron a todos los trabajadores, dos bolas de copal, de color cremoso, del tamaño de dos huevos de avestruz. Esto reanimó a todos los participantes del equipo, y algunos días después encontraron vestigios de canastas de madera que contenían figuras enteras o en trozo hechas de resina, así mismo hulchés (lanzaflechas), machetes de madera mismos que causaron gran alegría y entusiasmo entre los trabajadores. Cuando empezaron a sacar cerámica la alegría aumentó, piezas de diferentes formas y tamaños, algunos enteros, la mayor parte fragmentos, grandes incensarios, vasijas, platos, ollas, etc. Así mismo extrajo figuras de barro con formas humanas, cocodrilos, ranas, jaguares, tortugas y búhos.

Pero son precisamente una serie de muñecos de madera adornados con copal y hule, artísticamente pintados, algunos también tenían brazos y piernas movibles, los que más emocionaron a los trabajadores; así como un par de pequeñas sandalias de oro, que pertenecieron a algún menor habitante de Chichén Itzá hace siglos.

hpqscan0009Frecuentemente también sacaban fragmentos de tela perfectamente conservados pero carbonizados, así mismo cuerdas y sogas elaboradas de lianas y fibras como algodón y henequén, posteriormente hallaron una cabeza humana entera, primera osamenta que llevaría a una larga cuenta de esqueletos masculinos y femeninos. Posteriormente encuentra los primeros objetos metálicos en cobre y oro trabajados en diferentes técnicas: martillado, empastillado, cera perdida y repousé, etc., platos de ambos metales, de 20 a 30 centímetros de diámetro, con figuras, algunas famosas por su diseño como el que representa un combate de 2 canoas, otro un sacrificio humano, así como búhos y divinidades. Acompañan también a esta serie de objetos metálicos miles de cascabeles en oro y cobre, anillos, sandalias, tazas, tiaras, brazaletes y un hulché fabricado en oro. Así mismo encontraron objetos valiosos en jade y otras piedras verdes, concha, caracol, madera, casi todos provenientes de regiones más allá de la Península de Yucatán, y que después de recorrer cientos y a veces miles de kilómetros eran depositados para el dios de la lluvia.

En total se estima que entre 30 a 40 mil objetos se encontraron durante la primera exploración del cenote sagrado. En el mismo libro existe una lista parcial de los objetos que publicó el señor Willard.

Pero demostrando su carácter tenaz y su recia personalidad, Thompson, un hombre de aventura, hpqscan0010no se conforma con explorar el cenote únicamente con la grúa metálica, sino que decide involucrarse más en el proyecto y hace venir hasta Chichén Itzá el equipo de buceo necesario con escafandras, trajes con pesas necesarias para ayudar a descender, cuerdas de vida y mangueras de aire así como las bombas necesarias para dar servicio individual tanto a él como a un compañero; se trata de un joven griego pescador de esponjas que labora en los bancos de la Florida, quien insistió en que únicamente haría el viaje hasta Chichén Itzá si lo acompañaba una persona de su confianza para operar la bomba de aire, por lo que llegó otro joven también griego dedicado a la misma ocupación y que era experto en el manejo del equipo.

Lo que pocos o nadie sabía en Chichén Itzá era que Don Eduardo durante su juventud había aprendido el oficio de buzo cuando se reclutó en la Marina e insistió en ser buzo de aguas profundas, adquiriendo una gran experiencia tanto en descender a profundidades como en el manejo del equipo. Al fijarse estos jóvenes griegos que la bomba de oxígeno de Thompson iba a ser manejada por un joven maya de Chichén Itzá se asombraron pero los tranquilizó diciéndoles la verdad de sus experiencias en la Marina americana, mismas que le había enseñado a este joven.

Finalmente después de un largo y mojado norte que bañó la Península de Yucatán una mañana soleada anunció que sería el gran día para empezar las exploraciones, después de tomar un desayuno ligero el grupo se dirigió al cenote. “Los trabajadores ya estaban esperando y nos ayudaron a hacer una última revisión del equipo y a ponernos los trajes de buzo, pesado y ajustado al cuerpo, posteriormente nos pusieron nuestras pesadas botas con una suela de 5 centímetros de grueso de sólido metal para ayudarnos a descender al fondo. Después sobre los hombros nos colocaron otras placas de metal para el mismo fin y finalmente la escafandra o casco de cobre con la parte frontal de cristal para poder ver cómodamente. Finalmente ajustados los cables de vida y las mangueras de aire estábamos listos para descender cuidando que estos cables y mangueras no se enredaran entre sí ya que nos podrían causar la muerte.

hpqscan0011”Afortunadamente ambos buzos éramos expertos y siempre conservamos nuestras posiciones de trabajo evitando accidentes, nunca enredamos los cables y mangueras del otro, pero a pesar de la experiencia de ambos el peligro estaba siempre presente. Cada vez que bajaba 3 metros sentía un intenso dolor de oídos como si me clavaran alfileres; ante este dolor me detenía para ajustar las válvulas en la escafandra y abrir la boca lo más posible antes de continuar para lograr mantener la presión y así poder continuar.

”Después de que nos detuvimos varias ocasiones llegamos al fondo del agua, a 20 metros de profundidad, lo más asombroso fue que llegamos al mismo tiempo demostrando la pericia de mi acompañante, porque la oscuridad era tal que no nos podíamos ni ver a pesar de nuestras lámparas poderosas debido a que el agua estaba oscura como una taza de chocolate espeso. También teníamos cada uno de nosotros un teléfono submarino, pero nuestra experiencia nos enseñó que era más fácil entendernos si hablábamos y tocábamos la escafandra el compañero, cosas que hicimos, así en plena oscuridad trabajábamos sobre la superficie del lodo palpando el lodo mismo, troncos, piedras y los objetos que encontrábamos a ciegas; ya que como mencioné anteriormente la oscuridad era total. Pero el agua a esa profundidad es helada, así después de nuestras cotidianas inmersiones que duraban 2 horas al subir a la superficie teníamos los labios morados y el cuerpo tembloroso por el frío; lo único que deseábamos era un café lo más caliente posible antes de quitarnos el pesado traje.

”Pero trabajar a 20 metros de profundidad en una oscuridad completa frecuentemente causa sustoshpqscan0013 impredecibles, mismos que sufrimos varias veces. Así, un día trabajando intensamente, completamente absorto sin pensarlo dí un paso para poder asegurarme en la superficie, pero como había olvidado abrir las válvulas para sacar el aire comprimido existente en el traje el mismo estaba lleno, además de que bajo el agua el peso no existe por lo que puede decirse que solamente era un globo lleno de aire, giré totalmente de cabeza varias veces aterrizando por fortuna con los pies, pero el sonido fue tan fuerte que llegó a la superficie asustando a nuestros colaboradores que trabajaban en la plataforma. Momentos después al ascender uno de mis ayudantes de confianza, Juan Mis, me agarró con ambas manos de la escafandra no dando crédito a lo que veía. Todavía estaba vivo.

Así entre días tristes cuando no hallábamos objeto alguno, y otros de fiesta, el trabajo continuaba, los ánimos cambiaban pues a veces durante semanas no encontrábamos nada y otras veces sin pensarlo encontrábamos verdaderos tesoros arqueológicos. Así en un solo día recuperamos casi 200 cascabeles de cobre y oro, y otro día durante el carnaval encontramos un puñado de pequeñas máscaras de cobre de una pulgada de alto por media pulgada de ancho. Los trabajadores bromeaban por el regalo que el dios de la lluvia nos había dado como premio de carnaval. La verdad es que nunca antes ni después encontramos otras máscaras iguales”.

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Las primeras restauraciones en Chichén Itzá

Expedición Carnegie

Al establecerse en la Hacienda Chichén Itzá la expedición Carnegie hacia 1924, construyeron bungalows alrededor de la Casa Real para alojarse con el confort necesario para un proyecto de 20 años de duración. El agua de la antigua noria fue entubada y utilizada con ayuda de una bomba de gasolina. La pequeña Casa Real servía para resguardar herramientas y objetos hallados, la cocina y comedor de los arqueólogos y visitantes. El corredor al frente, de bella arquería de piedras y piso formado con piedras provenientes de monumentos cercanos, era un área de trabajo y también de almuerzos.

Así hacia 1925 inician su primera temporada de trabajo, año tras año continuaron trabajando hasta alcanzar 13 temporadas, finalmente los vientos de guerra les hicieron recortar el proyecto.

En Mérida Morley tenía rentada la hacienda Chen Kú al poniente de la ciudad, a la que llegaba atravesando milpas y sembradíos de henequén, ya que la ciudad llegaba hasta el principio de San Cosme, lo que será después la colonia García Ginerés.

El jefe de la expedición, Sylvanus G. Morley, venía frecuentemente a Mérida a recibir y enviar correo, ir al banco a recoger el dinero para los pagos a trabajadores, las compras para alimentar a los mismos y a los otros arqueólogos, ingenieros, dibujantes, etc., y todo lo necesario para continuar sus trabajos. Hasta su casa en Chenkú llegaban sus amigos de Mérida como: Don Juan Martínez Hernández; su doctor de cabecera, el Dr. Guzmán; Mr. James, un comerciante americano establecido en Mérida; Johnnie W. Germón, representante de la Ward Line, y otros.

También en la hacienda Chen Kú alojaba a los funcionarios y jefes de la Institución Carnegie, políticos americanos y hombres de empresa que lo apoyaban en su labor en Chichén Itzá.

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Por acuerdo de las autoridades mexicanas, los americanos inician sus trabajos en el llamado Templo de las Mil Columnas, mientras los mexicanos hacían lo mismo con el Castillo o Pirámide de Kukulcán. Ambos se encuentran sobre una gran explanada artificial que ya estaba totalmente recubierta de vegetación.

El Templo de los Guerreros fué una verdadera proeza restaurar, ya que se trata de dos templos sobrepuestos; pero antes de construir el segundo, los mayas rellenaron de piedra y mortero, formando una colina donde asentar el segundo. Así pues, necesitaron vaciar todo el interior y reforzarlo con vigas de acero y cemento para sostener el templo exterior, todo esto gradualmente para evitar un desplome.

Pero el interior conservaba muchas bellezas; columnas cuadradas esculpidas de los 4 lados como las del exterior, pero pintadas de brillosos colores rojo, verde, amarillo, etc., serpientes emplumadas pintadas (que todavía están en su lugar), igualmente se encontraba en el interior la mesa-altar sostenida por atlantes de aproximadamente 60 centímetros de alto que hoy vemos en el templo exterior. Debajo de esta mesa-altar continuaron las sorpresas, ya que encontraron una verdadera joya de ofrendas: un cilindro de piedra en el que había al fondo un mosaico de pequeñas piezas de jade y coral mismo que fué enviado a la capital para su restauración. Pero más interesante fué una canica de jade inmediatamente reconocida como un Sas Tún o piedra para adivinar. Ninguno de los presentes había visto uno de estos Sas Tún tan antiguo como aquél, lo que causó una gran alegría entre los exploradores.

Paralelamente a la instalación de la expedición Carnegie en la hacienda, los integrantes del equipo mexicano que trabajó en la restauración de Chichén Itzá construyeron su campamento, perforaron un pozo profundo para abastecerse de agua, encontraron las sascaberas para extraer material y preparar cal, y con toda diligencia llegaron maquinaria, vehículos y equipo, tanto médico como de cocina para los trabajadores. Frecuentemente venían los supervisores de la Ciudad de México para dar fé de estos avances que semanalmente se enviaban por correo; y también traían el dinero para pagar los jornales a los trabajadores.

Así, al iniciar los trabajos de limpieza y desmonte se realizaban los trabajos de recuperación de miles de piedras de la fachada y adornos que permanecían esparcidos alrededor de los templos. Este trabajo arduo pero que no luce era la base para los futuros días de restauración. Una vez que estas piedras estaban clasificadas, los arqueólogos, arquitectos e ingenieros se dieron a la tarea de atacar con destreza la Pirámide de Kukulcán, eje de este gran conjunto maya-tolteca, convencidos de que el interior de la pirámide seguramente contenía algún templo interior procedieron a efectuar tres diferentes excavaciones: 1.- Por la parte superior, 2.- Por el lado sur y 3.- Por el costado norte; mientras que el exterior de la pirámide era sellado para evitar la filtración del agua de lluvia o que la vegetación empiece a crecer, todo esto antes de volver a colocar las piedras en su lugar y restaurar el edificio. Como acordado además del edificio superior se restauraron las fachadas de los lados Norte y Poniente con sus respectivas escaleras mientras las otras dos restantes fueron debidamente selladas y únicamente se hicieron trabajos parciales, permitiendo a los visitantes apreciar el estado original en que se encontraba la pirámide.

El trabajo físico de los peones es de hacer mención especial, ya que muchas veces al día suben las escaleras de 91 peldaños llevando una pesada piedra o un cubo de cemento sobre la cabeza, balanceándose hasta llegar a lo alto. Depositan su pesada carga en el piso, platican con sus compañeros antes de emprender el descenso y repetir la operación. Todo esto bajo el agotador sol que obliga a los visitantes a permanecer en la sombra el mayor tiempo posible, así pasan los días desde que despunta el sol hasta el fin de la jornada.

Pero Don Manuel Cicerol Sansores, jefe del proyecto, el Ingeniero José Erosa Peniche, ingeniero civil responsable del trabajo estructural, y muchos otros como Miguel Ángel Fernández, Roque Ceballos Novelo y Alberto Escalona Ramos, no cesan de trabajar al final de la jornada. Ya de noche siguen con sus planes de trabajo para el día siguiente.

Castillo de Kukulcán

A principios de 1947 Don Manuel Cicerol Sansores publica un libro llamado “El Castillo”, en el que narra sus experiencias durante la restauración del mismo edificio.

Así nos explica el arqueólogo que una vez excavado el túnel del lado norte y avanzando hacia elhpqscan0001 interior justo junto a la escalera del templo enterrado halló una enorme piedra en forma de caja, cubierta con pesada tapa del mismo material. “Al levantar la tapa quedamos asombrados al ver tantas maravillas, todo un tesoro arqueológico, dos joyeles en forma de disco, con figuras de serpientes, formados en mosaicos de turquesas, collares y figuras de jade.

”Continuamos excavando sobre la escalera, liberando escalón tras escalón, al finalizar la temporada de 1935, ya se habían despejado 38 de los 62 escalones… formando un túnel de 1 metro de altura y 80 centímetros de ancho.

”Pero abrimos un túnel desde la parte superior del templo quitando con gran trabajo y mucho peligro ya que cualquier derrumbe pondría en peligro la vida de los trabajadores”, así finalmente Don Manuel y su equipo se sorprenden al hallar en perfecto estado el ChacMool con ojos, dientes y uñas de los pies ejecutados en concha marina. Por su parte toda las paredes y piso de la recámara estaban pintadas únicamente de color rojo.

En la siguiente temporada se llegó hasta el final de las escaleras, túnel mencionado arriba que hpqscan0002alcanzaba 17 metros de elevación.

El trabajo de excavación continuó sin cesar, así llegaron a un gran cubo de piedra resistente por lo que reciben instrucción de trabajar alrededor con sumo cuidado para evitar cualquier daño irreparable.

Finalmente, al librarse los espacios, la recámara resultó ser más angosta que la anterior y en el muro del fondo se hallaron dos hileras de canillas humanas parcialmente incrustadas a la pared. Los muros y pisos también pintados de color rojo.

Al atacar con paciencia y cuidado el cubo de sólida piedra, todos los presentes quedaron atónitos ante la figura del Tigre Rojo, con las quijadas abiertas, amenazantes colmillos, con las manchas del cuerpo y ojos de precioso jade mientras todo el cuerpo conservaba el brillante color rojo.

Sobre la espalda del Tigre había un gran mosaico de turquesas, el cual había sido intencionalmente dañado al quemar sobre él una bola de incienso (copal) en su parte central.

Durante estos primeros años Don Fernando Barbachano renta para sus huéspedes una o dos habitaciones en la Casa Victoria, y la familia pasa a dormir a una casita de paja, situada cerca de la cocina también de paja. Es a partir de aquí que salen las visitas a explorar los templos que todavía están siendo restaurados, conversar con los arqueólogos paisanos, que también están felices de platicar en su idioma con otras gentes, se hacen amistades, el agente de viajes invita a una botella al grupo para reunirse en la noche, así los turistas se interesan en Yucatán y no solo se convertirán en clientes frecuentes, sino que también recomendarán esta escala arqueológica.

Pero no hay luz de noche, excepto por la planta eléctrica de gasolina que posee la expedición Carnegie, las lámparas Coleman y de gas morado eran la única posibilidad en la casa de huéspedes.

Doña Victoria es la cocinera de la expedición y ayuda a todos. Puede cocinar y cocinar, lavar, planchar, limpiar todo el día.

La visita de Chichén Itzá debe durar 5 o 6 días, hasta el próximo barco; en estos años Uxmal es casi desconocido, no existe carretera, y llegar hasta allá significa un largo viaje, y todavía no hay nadie de confianza para hacerse cargo. Así que en Chichén Itzá es necesario ser creativo, visitar monumentos alejados, a caballo o bien visitar los caseríos donde la gente no habla español. Muchos de estos visitantes en sus momentos libres iban a celebrar a bodas y bautizos, fueron padrinos de hetz mec, y visitaban al ahijado.

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El día 12 de agosto de 1936 fue quizás el más inolvidable para el equipo mexicano que trabajaba en el proyecto Chichén Itzá, dirigido por José Erosa Peniche y Manuel Cicerol Sansores; el equipo estaba trabajando en la subestructura del Castillo, y al llegar a la segunda cámara llamada Sala de los Sacrificios hallaron el Tigre Rojo, cuyos ojos son dos esferas de jade pulido, y 73 incrustaciones de la misma piedra verde asemejan manchas en la piel del imponente jaguar, cuyos colmillos son de piedra dura, “pedernal”, y los dientes son parte del monolito. Sobre la espalda del Tigre Rojo descansaba una ofrenda consistente en una cabeza pequeña y cuentas de jade, y algunas cuentas de coral sobre un mosaico de pequeñas piezas de jade.

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Entre los objetos de piedra calcárea extraídos del cenote destaca el llamado Pensador, personaje sentado con vestigios de colores rojo y verde sobre el pecho, que simulan un adorno pectoral, así como rayas rojas que simulaban hileras de pelo. Esta bella pieza estuvo siempre en exhibición en el Palacio Cantón. En cuanto a la lista de objetos de oro, jade, cobre, madera, cerámica y otros tipos de material, existe una lista parcial, aunque muy numerosa en el libro “La Ciudad del Pozo Sagrado” del Sr. T. A. Willard, publicado en Nueva York en 1926.

Para los visitantes curiosos, cerca de donde están los baños del parador turístico, permanece la grúa que utilizó Thompson durante sus exploraciones del Cenote Sagrado, así como algunas fotografías de los trabajos a principios del siglo XX.

Naturalmente la Secretaría de Educación Pública, por medio del INAH, ha llevado a cabo numerosos trabajos en el sitio arqueológico de Chichén Itzá, así se han hecho nuevos hallazgos de gran valor, pero también han demostrado la grandeza de la Ciudad de los Brujos del Agua. En 2009 el arqueólogo Rafael Cobos Palma declaró: “En la década de los 20’s, se conocían 275 monumentos en el sitio; en la década de los 90’s, el número aumento con 530 monumentos más. En las exploraciones efectuadas en 2008-2009 se hallaron 350 monumentos en un área de trabajo de 115 hectáreas. Así al día de hoy se conoce un mil ciento cincuenta y cinco monumentos”. Pero el arqueólogo Cobos indicó que seguramente existen muchos otros monumentos por descubrir.

Pero la Ciudad no son solo templos y palacios, también son cenotes, cisternas y akalchés para aprovisionarse deturismo chichen agua, sac bés o calzadas, habitaciones, entierros, tantos tesoros imposibles de determinar todavía.

Finalmente en 1944 la Suprema Corte de Justicia de la Nación falla a favor de la sucesión de Edward H. Thompson. Pero un año antes, en junio de 1943, se efectúa el remate de la Hacienda Chichén y anexas Kikatuná, Kikatún y Yulá.

Declarada abierta la audiencia por el juez Pedro Caballero Fuentes, el secretario Liborio Monsreal Pérez reveló la postura de Fernando Barbachano Peón, quien ofreció pagar de contado $16,650, calificada de buena dicha postura, y como no se presentó otro postor, dicha propiedad fue afincada a favor de Barbachano Peón, por la citada suma, que es algo más de las dos terceras partes de su avalúo de $29,901.80. El rematador ofreció como garante de su postura al señor Augusto Iturralde.

Al adquirir Don Fernando Barbachano Peón la Hacienda Chichén y anexas, se empieza a construir el hotel Mayaland Lodge, que inicialmente consistía en el lobby y un largo comedor que conduce a la recepción, bar y el gran comedor, sobre esta construcción construyó un piso con 7 cuartos; posteriormente se construyen los primeros bungalows, el Palenque, Labná y Sayil; desde el inicio de la construcción se sembró un inmenso jardín, y es a través de él que se conducía a los clientes, la entrada enmarcada por dos inmensos árboles de pich; se plantan tulipanes, bugambilias, palmeras real, jícaras, mameyes, zaramullos, etc., pero son los zapote y el chacá los árboles que maravillaban a los viajeros; el primero cuando les explicábamos que de éste árbol se extrae el chicle o chewing gum; y el segundo porque su nombre en inglés Baba Wood, es muy conocido por la manufactura de muchas cosas útiles. Así un inmenso mar de vegetación en continuo crecimiento rodeaba el entonces pequeño hotel y sus bungalows. Gradualmente se hacen mejoras, para la mayor satisfacción de los turistas y para 1950 se inaugura la piscina, entonces el gran lujo del hotel, y lugar favorito de los visitantes para refrescarse después de los tours, el mesero iba y venía constantemente al lugar de reunión después de las visitas.

turismo chichen1Pero durante esos primeros años, la única energía del hotel provenía de un generador de gasolina, que funcionaba 2 horas en la mañana; y por la tarde desde que comenzaba a ponerse el sol hasta las 10 de la noche.

Los cuartos de los clientes tenían en la mesa de noche velas y cerillos; a las 10 de la noche únicamente los vigilantes del hotel permanecían en el área de abajo así como los turistas que regresaban con sus velas y cerillos a seguir platicando. Muchos de los servicios como panadería, lavandería, mermeladas se hacían en el hotel y leche, carne, pollo, frutas y verduras provenían de la hacienda. Durante muchos años la jefa de la cocina fue Doña María Abad.

Doña María tenía un carácter recio, para poder lidiar con todo el personal de la cocina y panadería, recuerdo bien que cuando yo era muy joven cada vez que mi padre iba al hotel Mayaland siempre mandaba para los “muchachos” una bolsa de minúsculos panes dulces, hojaldras que se deshacían en la boca, mantecadas bien doradas y sobre todo unos polvorones con una almendra tostada. Posteriormente, ya trabajando como guía, observaba el trabajo de doña María, quien enviaba a los comensales un pequeño panucho bien dorado para abrir el apetito. El pollo pibil con naranja agria, con su frijol negro con mucha manteca era mi favorito, o las grandes chuletas. Y de postre un pay de limón con su merengue ¡mmm!

Frecuentemente visitaba a doña María en la cocina para agradecerle sus atenciones, sostenida por un grueso bastón, no dejaba de arengar al personal… pero el tiempo pasa, y así un nuevo concepto de cocina llegó al hotel Mayaland, y luego otro.

Todas las mercancías como licores, laterías, etc., eran transportadas desde Mérida y en casos urgentes de Valladolid.

Durante esos primeros años la esposa de Don Fernando, Doña Carmen Gómez-Rull Castillo, tiene una presencia constante en el hotel, quien con la colaboración de algunas damas de Mérida: Consuelito Rivas, Dolores Aznar y Rosario Aguilar, operan de todo desde las compras, arreglos, las tiendas, bar, restaurante, oficina. No cesaban sus labores; acompañadas de Don Refugio García, Francisco Lara, Don Beltún, Don Luis que operaba el generador, y posteriormente Don Antonio Sánchez.

turismo chichen2

Con la ampliación de la carretera a Valladolid, se sembraron postes de energía eléctrica a lo largo del camino, y justo enfrente de la entrada al hotel, así un día todo cambió mágicamente.

El Hotel Mayaland siguió creciendo y el nuevo edificio de 3 pisos paralelo a la antigua carretera se inaugura aproximadamente en 1966. El turismo masivo empieza a llenar el hotel.

Pero los antiguos músicos continúan amenizando los almuerzos y cenas, Don Bartolo con la flauta, Armando y Gabriel con la guitarra y el requinto. Así mismo, después de cenar la vaquería empieza, son los meseros y meseras que con sus ternos y guayaberas bailan alegremente en el lobby del hotel mientras el personal del bar distribuye entre los turistas copitas de X`tabentún. Otras noches en vez de las vaquerías se proyectaban películas sobre Chiché Itzá o Uxmal.

Durante esos años laboran como guías para el hotel el tío Martiniano “Martín” Dzib y Francisco “Panchito” Guitérrez, quien algunos años después se casa con Jetta Hansen, y traslada su domicilio a la hacienca Uxmal, donde labora como guía residente. Ellos hacían los diferentes tours: 1.- El Grupo Norte: la pirámide de Kukulcán, el Templo de los Guerreros, las Mil Columnas, el Mercado, el Juego de Pelota, Cenote Sagrado, el Templo de los Jaguares, Tzompantli, Plataforma de Tigres y Águilas, Plataforma de Venus, etc. Es tanto lo que hay que visitar que en esos ayeres se dividía en dos visitas. 2.- El segundo tour incluía el Osario, Mestizas, Juego de Pelota, Casa Colorada, Casa del Venado, Observatorio, Monjas, Iglesia, Akab Dzib, etc. El tercer tour, originalmente en un truck o carro de madera con bancos y techo jalado por una mula sobre rieles Decauville, así en medio del monte, rodeados de silencio se dirigía a Chichén Viejo, los turistas maravillados y hasta que sucedió un accidente y el carro “Desire” fue puesto de adorno junto a la hacienda. En Chichén viejo se visitan los 3 Dinteles, los 4 Dinteles, los Búhos, la Fecha, los Atlantes, Templo de los Falos, Templo de la Fecha Inicial, etc. En 1960 se abre la cueva de Balamcanché y frecuentemente de regreso visitábamos la Rejollada Thompson.

Durante los primeros años, según decía el “tío” Martín Dzib, las visitas se hacían entre árboles y maizales, en angostos senderos, los guías acostumbraban a andar con “chilibes”, delgados palos, por si encontraban serpientes en el camino. Esta costumbre permaneció entre los antiguos guías, aunque 30 años después el sitio arqueológico estaba tan transformado, pero en los años 40’s y 50’s, hasta principios de la década siguiente, el tío Pepé Germón y algunos empleados del hotel todavía cazaban en los montes de la hacienda, y frecuentemente traían venado, haleb, pavo de monte, armadillos y otros animales. Los mismos guardias tenían sus milpas cercanas al Akab Dzib, Monjas y Observatorio y, naturalmente, en zonas más alejadas. El ganado de la hacienda andaba libremente por los montes, por lo que en los meses de invierno las garrapatas era un problema para los guías y turistas.

En fin, la vida era similar a la de una clásica hacienda yucateca.

La Casa Victoria.

En medio de la nada, rodeada de monte, templos mayas y ganado de la hacienda, se encontraba “La Casa Victoria”, primer hospedaje en la ciudad de los brujos del agua desde la década de 1920. Una casita con tres cuartos y un solo baño con los servicios básicos al fondo del corredor, que compartían los turistas con Doña Victoria y sus hijos Carlos, Alfredo y Ofelia Marrufo Manjarres. La casita existe hasta el día de hoy y está situada entre el Hotel Mayaland y la Hacienda Chichén, esta singular hostería no contaba con camas, en su lugar había hamacas con pabellones, tampoco con luz eléctrica ni agua caliente. La misma Doña Victoria cocinaba para su familia y visitantes con las pocas mercancías que llegaban a tan lejano lugar y las que llevaban los guías que acompañaban a los turistas.

Pero a cambio de la escases de comodidades, los viajeros departían con sus vecinos, los de la hacienda; arqueólogos, ingenieros, antropólogos y dibujantes de la expedición Carnegie encabezados por el Dr. Sylvanus G. Morley  y su esposa Frances; era una larga lista de gente que iba y venían a ejecutar sus proyectos, entre ellos: Tatiana Proskuriakoff, Paul Martin, Jean Charlot, Karl Ruppert, Munroe Amsden, Samuel Kirkland Lothrop, Alfred Tozzer, Earl Morris, Robert Wauchope y los mexicanos Juan Martínez Hernández, Alfonso Villa Rojas, José Erosa Peniche, Manuel Cirerol Sansores y otros más.

Con el paso de los años La Casa Victoria se volvió insuficiente y a finales de 1930, por medio de Don Fernando Barbachano Peón, el hotel Mayaland Lodge abre sus puertas para hospedar a su creciente clientela. En 1940, Don Fernando adquiere en remate público la hacienda Chichén Itzá. La Casa Victoria continúa operando hasta que, ya cansada, la señora va a Mérida a pasar sus últimos años de vida en el barrio de La Ermita. Los hijos de Doña Victoria naturalmente crecieron y vivieron en Chichén Itzá, el  mayor, Alfredo fue guía de turistas toda su vida, Carlos trabajo para la expedición Carnegie y María se casa con otro guía de turistas  de nombre José Rubio.

Los turistas pernoctaban una semana en el sitio, lo que lesConvoy en Chichén Itzá permitía hacer muchas excursiones y visitar Chichén Itzá con detenimiento, así mismo visitar al brujo de X’Calacoop o en la noche viajar a Valladolid a visitar X’Corazón.

Para los turistas, pernoctar en la hacienda o en el Mayaland les permitía vivir la experiencia real de una hacienda yucateca, ya que a un costado de la Casa Real todavía existe la noria, pero hasta mediados de los años 60’s esta todavía funcionaba tirada por una mula en la mañana y en la tarde, sacando agua para regar los árboles frutales. Así mismo el ganado estaba en los corrales o bien en el camino a Chichén Viejo se le veía en el campo. También existían las milpas y plantas frutales para uno de los hoteles, en fin, toda la actividad agrícola y ganadera propia de una estancia campestre.

Era muy bonito ver como alrededor de la hacienda estaban las casitas de los trabajadores del hotel, sistema que continuó hasta mediados de los años 60’s, allá vivían los músicos, meseros, cocineros y jardineros, todos emparentados entre sí por lo que siempre habían bautizos, cumpleaños y bodas con bastante cerveza.

Pero los domingos y días de fiesta también repicaban las campanas para que todos fueran a misa vestidos con sus mejores ropas, alhajas. Eran los días para lucir los ternos bordados en Chucbichuy, o las guayaberas y pantalones blancos de los señores que llegaban sombrero en la mano.

Los días de las grandes fiestas llegaban los músicos trayendo alegría para los chicos y adultos, los músicos en esa época viajaban de pueblo en pueblo, llevando su alegría según el calendario que año con año repetían

Pero también asistían las familias de los cuñados y compadres de pueblos vecinos como Pisté, Xocempich, Dzitás, Kaua o Valladolid, todos cargando sus bolsas con ropa, hamacas y una botella de habanero para terminar la fiesta, mientras los turistas tomaban fotos de todo lo que sucedía a su alrededor.

Todos estos parientes, compadres y amigos permanecían 2 0 3 noches en las casitas de los trabajadores, por lo que los alrededores estaban llenos de gente, y naturalmente iban a visitar las ruinas. Recuerdo que el jefe Don Félix siempre les hablaba en maya y los dejaba pasar libremente a visitar los monumentos que nos legaron sus ancestros.

Manuel Sabido Solís

Manuel “El Profesor” Sabido Solís

 

Las posadas se celebraban en grande, con rezos, horchata, piñatas y regalitos para los turistas. Pero los días grandes de Chichén Itzá eran el 6 de enero Día de Reyes, 3 de mayo de la Santa Cruz, y 15 de mayo día de San Isidro, eran fiestas generales con misas, voladores, comida hasta reventar y corrida de toros; “el profesor Manuel Sabido Solís”, saltaba al ruedo después de haber bebido una docena de cervezas y luchaba con un becerro hasta tenerlo quieto en la arena del improvisado coso. Martín Dzib ofrecía a todo el pueblo ollas de relleno negro, tortillas hechas a mano y cerveza a todos los que llegaban a visitarlo a su casa; el tío Martín nativo de Pisté toda su vida hablo mejor inglés que español; de origen maya 100%, demostraba su aspecto con su talla pequeña y los rasgos característicos de nuestra cultura prehispánica, pero con un impecable inglés y cortesía europea, fue hijo adoptivo ( no legalmente ) del Dr. Morley y de su esposa Frances, con quienes tuvo una relación familiar ya que los acompañaba a su casa en Alburqueque, Nuevo México durante sus viajes; al fallecer el Dr Morley empezó a trabajar como guía de turistas hasta que su edad ya no le permitió esos trotes.

Regresando al “Profesor” Manuel Sabido Solís, él fue tronco de una larga familia turistera, ya que hijos, yernos, nueras y hasta nietos todavía laboran en el área de turismo, como Manuel de Jesús, Jorge Carlos y Raúl Sabido Medina. Jorge Carlos, conocido como el “Chonto”, apenas alcanzaba la edad para trabajar cuando fue el “utility” de Aeromaya en Chichén Itzá en 1967. Bajo la guía de Sarita Robertson iba y venía de la pista al hotel llevando turistas, maletas, agua, gasolina y después de que salían los vuelos permanecía en la oficina del hotel.

Con la llegada de la Segunda Guerra Mundial, el hotel Mayaland se ve obligado a cerrar sus puertas, permaneciendo Don Refugio García al cuidado de las instalaciones, pero muchos otros se quedaron sin empleo como Don Ricardo Gutiérrez González, el “Silver Fox”, quien se traslada a la Ciudad de México, Don Felipe Escalante Marín quien se desempeña como profesor de la escuela de Pisté, Antonio Castillo Ayuso trabaja en la compañía constructora del aeropuerto; Andrés Hernández Montes de Oca labora en una cordelería; José “El Gringo” Germon en la policía de Mérida, Gonzalo Centeno Cauich de camionero de la ruta a Izamal, etc.

José Mercader Vado

José Mercader Vado, 1950

 

Al terminar la guerra el hotel Mayaland vuelve a abrir sus puertas y el negocio del turismo poco a poco va agarrando otra vez importancia. Don Ricardo Gutiérrez se hace cargo del hotel en Chichén Itzá, Felipe Escalante Marín inaugura  competencia al fundar en 1947 la segunda agencia de viajes en Yucatán, “Yucatán Trails”; Andrés Hernández, Jacinto Sosa Solís y Gonzalo Centeno regresan a ser guías de turistas.

En 1940 se funda la Sociedad Cooperativa de Guías de Turistas y Similares de Yucatán con 10 socios: Manuel Sabido Solís, Jacinto Sosa Solís;, Andrés Hernández Montes de Oca, José Novelo Navarrete, Atilio Cámara Zavala, Gonzalo Centeno Cauich, Antonio Castillo Ayuso, Felipe Castillo Novelo, Francisco Campos Vázquez y Juan Cano Peón. Todos ellos hablaban inglés muy bien ya que en su juventud habían vivido en los Estados Unidos. Algunos como Don Atilio pasando la buena vida mientras otros pasando dificultades, el siempre alegre tío Jack Sosa contaba algunos episodios de su vida en la Unión, y nos hacía sonreir porque sabíamos las penurias que había pasado, el usaba el cabello muy corto, costumbre que adquirió en los Estados Unidos durante la Gran Depresión, cuando puntualmente cada semana acostumbraba a ir a la escuela de peluqueros y a cambio de servir como modelo para los estudiantes recibía diez centavos, con lo que aseguraba dos comidas, pues según nos contaba en una pequeña fonda le servían un huevo frito y un bolillo por cinco centavos,  pero todos regresaron a Yucatán.

Hacia 1951 la hacienda se convierte en hotel, un trabajador, maestro albañil, apodado “Pizot” restaura los bungalows que habían servido a los arqueólogos durante 25 años, se hacen caminos, la vieja casa principal se restaura, la noria se pone a trabajar, se plantan árboles y flores; también son restaurados el corral, los arcos de acceso, la iglesia de San Isidro, hasta una bella piscina se excava poco tiempo después, y todo bien pintado y arreglado como le gustaba a Don Fernando.

La Casa Victoria es adquirida por el Mayaland, los guías de la cooperativa la convierte en su alojamiento y estacionamiento. En alguna época la casa cural junto a la iglesia también se convierte en alojamiento (pero hay fantasmas que asustan y sacuden las hamacas), pero que lugar más bello por las noches, alejado de toda luz permite escuchar los grillos y demás ruidos del monte.

Y como es natural muchos de los empleados venían de otros pueblos, ya que Pisté y X’Calacoop no era suficientes, especialmente aquellos que tenían o requerían alguna experiencia como jefe de comedor o jefa de camaristas, cajeros, cocineros, panaderos, etc. Venían de Valladolid, Ticul o Mérida.

El tío Jack Sosa

 

José Novelo Navarrete

José Novelo Navarrete

Naturalmente el inicio de operaciones de la Cooperativa de Transporte de los Guías de Turistas comienza un período de conflictos entre estos y el Frente Único de Trabajadores del Volante ( F.U.T.V. ) siendo el más grave el que ocurrió el día 10 de Mayo de 1951 cuando los autos de Manuel J. Sabido Solís, Felipe Castillo Novelo y José Novelo Navarrete son volcados, los cristales rotos y neumáticos reventados.

En los años 60’s y 70’s la cooperativa de guías había cambiado de integrantes, así llegan Ramón “Mr. Rainbow” Castillo, José “Pepe” Germon, Rubén Trueba Lemm, Manuel Ceballos Novelo, Carlos Renán Cámara Sosa, José Humberto Gómez Rodríguez, etc.

Las carreteras hasta finales de los años 60’s eran muy angostas sin acotamientos, cuando los autobuses o camiones de carga que pasaban en sentido contrario era necesario bajar la velocidad y pegarse lo más posible a la derecha, y aunque no había muchos vehículos el viaje normal a Chichén Itzá tomaba dos horas y media además del tiempo extra que tomábamos para beber un refresco o para hacer visitas.

Los automóviles eran el gran lujo de los guías de la cooperativa, recuerdo bien el Ford Galaxy 1963 rojo y blanco de Don Andrés Hernández Montes de Oca, el “Cubano”, o el Chevrolet rojo quemado 1965 del tío Jack Sosa quienes pulían sus carros en la mañana, al mediodía y en la tarde y les tenían construidos sus techos de palma para evitar el rocío de la mañana. Y el joven José Humberto Gómez Rodríguez con su Ford verde claro con asientos blancos, ellos eran los reyes: autos de lujo, trabajo, propinas en dólares, siempre elegantemente vestidos y presumían de sus zapatos americanos marca Florsheim, verdaderos príncipes de esa maravillosa época, cuando ser guía de turistas era el empleo más cotizado en Yucatán.

Entre los antiguos guías de la postguerra, recuerdo especialmente al profesor Manuel Sabido, porque le ponía tantas ganas a sus explicaciones, pero más que nada porque permitía a los jóvenes aprender de él, ya sea de su inglés como de su conocimiento de la civilización maya, y siempre nos recordaba, “tienes que leer mucho, sólo así se aprende…”.

Y ni que decir del tío “Chalo” Gonzálo Centeno Cauich, quién con su esposa Doña Conchita y mis padres íbamos al antiguo parque Carta Clara para ver a los Pericos de Mérida, a las Estrellas Yucatecas, a los Cardenales de Motul, maravillosos equipos de la Liga Penínsular de Béisbol compuestos con numerosos jóvenes yucatecos que con sus refuerzos cubanos hacían de la pelota todo un espectáculo y naturalmente a comer polcanes.

José Novelo Navarrete fué el más emprendedor de los guías de la Cooperativa, estableció en Mérida la Casa Novelo dedicada al comercio, y en Chichén Itzá desde los años 60’s fundó la Posada Novelo. Simpático, todo el mundo hasta los jóvenes lo llamábamos compadre. Era muy trabajador y estaba pendiente del movimiento de la Posada día y noche.

Y el amor como nos hace cambiar… Cuando el tío Felipe Castillo se enamoró y nació su bebé, que sonrisa más amplia tenía, desde lo lejos se podía ver su felicidad. El tío siempre conservó una buena postura y vestía siempre con una impecable guayabera blanca de manga larga.

Naturalmente el tío “Jack”, Jacinto Sosa Solís, mi gran amigo, quien muchas veces me acompaño en los tours, bromista como siempre nunca quizo dejar de trabajar hasta cargar maletas de los grupos cuando ya tenía casi 80 años, debo aclarar que las maletas de los grupos europeos son pesadas y que en esa época cada viajero traía dos maletas, también acompaño mucho a mi hermano Raúl en los tours y se divertían de lo lindo.

Y el querido tío “Gringo”, Pepe Germon, quien tenía un don de gentes inigualable, siempre sonriendo con sus ojos azules, así es, sonreía con los ojos, y una sonrisa discreta y también era el que invitaba a comer los panuchos de huevo duro y salsa de tomate antes de ir a cenar.

Recuerdo bien cuando el “Cubano” pernoctaba en algún sitio arqueológico, despertaba a todo el mundo con su radio de banda ancha para escuchar la voz de los Estados Unidos de América y con su indiscutible vozarrón decía… “Vamos a tomar café” que ya estaba preparando en su percolador portátil, un cafecito con tres cucharadas de azúcar, o bien llegar al comedor y antes de que le sirvan la comida se preparaba sus tacos con cucharadas de azúcar. Su naturaleza inquieta y con mucha energía era admirada por todos los compañeros.

Pero la vida en Chichén Itzá era como en cualquier pueblito del viejo Yucatán, el niño que vendía merengues en la cantina o el que vendía panuchos de huevo duro y salsa de tomate del que comíamos cinco o seis antes de ir a cenar.

Al iniciar los años 60’s la vida en Chichén Itzá estaba en dos polos, en la hacienda y en el vecino de Pisté, pequeñísimo en ese entonces. Al entrar el Sindicato de Trabajadores de Hoteles al hotel Mayaland, los trabajadores dejan la hacienda para establecerse en Pisté, que creció mucho de repente y naturalmente toda la actividad familiar y social acompaño a los trabajadores.

Pero los guías siempre vivíamos como reyes, 3 Square Meals a day: huevos con jamón o tocino, hot cakes con miel de abeja, jugos de naranja y tazas y tazas de café para comenzar el día y luego ir a hacer el primer tour.

Cuando Luis Florencia Cantillo fue manager del Mayaland almorzábamos con el su comida del día en vez de el servicio a los clientes: Frijol con puerco, lomitos de Valladolid, poc-chuc con frijol colado casero lleno de manteca y a la hora del postre nuestro muy querido amigo Carlos Meléndez Pérez comía su pay. Sí, un pay de limón entero, entre risas y festejos de los comensales que nunca lo hicieron sonrojar; buena vida, ejercicio, comida, alojamiento, realmente disfrutábamos más que los turistas. No hay quejas del pasado.

Pero Luis nunca cesa de trabajar, ya que aun comiendo vienen los empleados a preguntarle o a informarle, mantiene el hotel y sus jardines muy limpios y como encargado del aeropuerto organiza las transportaciones y servicios para los viajeros que llegan del Caribe ya sea de Cozumel o de Cancún proporcionándoles todos los servicios incluidos. Pero también Luis Florencia esta siempre atento a la llegada de los grupos con las llaves listas para el Check In. Fue él un gran gerente del hotel.

La cooperativa de guías, languidece al establecerse en Yucatán el Sindicato Nacional de Guías de Turismo y repartir gratuitamente las placas de transportación turística, finalmente desaparece al principio de los 80’s al cerrarse la agencia Barbachano’s, la única agencia para la que trabajaron en sus poco más de 40 años de existir.

Ya en la década de los 50’s, trabajan en Chichén Itzá una nueva generación de jóvenes, entre ellos: Rafael Orozco Padilla, Joaquín y Luis García Rosado (hijos de Don Refugio), Eduardo Cortés Cortés, Víctor Ayuso Durán y Miguel Rosado Uc entre otros, y algunas señoritas como Rosario Vera Ávila, Gloria Worbis, Guadalupe Cetina Pinzón y la gerente del hotel durante muchos años fue Doña Isabel Magaloni.

Rosario Vera y Rafael Orozco padrinos de Margarita Rosado van der Gracht

Los antiguos turisteros Rafael Orozco Padilla y Rosario Vera Ávila, padrinos de bautizo de Ana Margarita Rosado van der Gracht y el S.J. Manuel Ramos Gómez Pérez.

 

José Humberto Gómez Rodríguez

José Humberto Gómez Rodríguez

 

También trabaja en Chichén Itzá un joven llamado José Humberto Gómez Rodríguez que labora como guía residente del Hotel Mayaland, y en sus tiempos libres explora los alrededores de Chichén Itzá; durante una de sus exploraciones el día 9 de septiembre de 1959 descubre Las Grutas de Balamcanché, hallazgo que causó gran revuelo entre los arqueólogos en Yucatán y los habitantes del cercano pueblo de X’Calacoop, quienes afirmaban conocer la existencia de este oratorio precolombino que habían extraviado siglos atrás. Después de una ceremonia de desagravio a los dioses mayas en la que participaron el brujo de X’Calacoop y sus ayudantes, los arqueólogos Willys Andrews IV, Victor Segovia Pinto, Alfredo Barrera Vázquez entre otros, la gruta fue abierta al público. Este evento fue reseñado en muchas revistas y periódicos de México y del extranjero dándole mucha difusión a Yucatán.

José Humberto tenía un hermano menor, Manuel Vicente, quien trabajó en la hacienda Chichén Itzá cuando todavía era muy joven, y posteriormente en la gerencia del hotel haciendo de todo y ayudando a todos, y conforme fue creciendo aumentaron sus responsabilidades, posteriormente se desarrolló como guía, organizó uno de los primeros servicios de pool, pero si Manuel Vicente era muy emprendedor, sobre todo era muy valiente, ya que fue la persona que trajo al SINAL (Sindicato Nacional de Guías de Turistas) a Yucatán, esto no fue cualquier cosa, sobre todo en la época de los conflictos constantes entre transportistas. Este fue un gran momento para los guías de turismo, que inmediatamente tramitaron sus placas de transportación turística federal ante la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, rompiendo con el monopolio de la transportación turística existente hasta entonces. Poco a poco la familia siguió incorporándose con los hermanos menores Tomás, Carlos y Tito Gómez Rodríguez, quienes siguieron el camino de sus hermanos mayores.

Pero en el hotel Mayaland también vivía una pareja de españoles con sus hijos pequeños, ellos el gallodecían que eran catalanes, y entre ellos hablaban el catalán: Antonio,”el Gallo”, y Doña Huachita Sánchez, quienes en los años 60’s empiezan a construir en Chichén Itzá un pequeño hotel, el Dolores Alba, y en Mérida, con el paso de los años tienen varios hoteles. Hasta la última vez que vi a la señora le pregunte por Don Antonio y me contestó: “El Gallo, ya no sale, está muy cansado”.

Manuel Vicente Gómez Rodríguez

Manuel Vicente Gómez  Rodríguez tocando el marimbol, 1968

 

Durante los años 60’s Chichén Itzá y el pueblo de Pisté van a sufrir una profunda transformación con la llegada de grandes grupos de turismo tanto europeos como norteamericanos, que como consecuencia significa la apertura de nuevos hoteles como el Cunanchén de Felipe Escalante Marín, La Posada Novelo de José “el Compadre” Novelo Navarrete, El Principe Maya, conocido hoy como El Misión Chichén Itzá de la familia Cantarell, El Poxil de Daniel Lara y El Pirámide de Don Ernesto Pérez Ruíz. Numerosas tiendas de curiosidades aparecen en Pisté entre ellas la de Carlos Cámara Sosa, quien con el paso de unos años abrirá el restaurante Xay-Be y posteriormente su hotel- boutique  y restaurante “ I’kil” con su propio cenote, amplios jardines y grandes comedores para atender a los grupos de turismo que vienen tanto de Mérida como de Can Cún.

El pequeño pueblo después de sufrir carencias de repente cuenta con un  par de supermercados, una disco, sucursal bancaria, clínica con doctores y enfermeras, antenas parabólicas, calles iluminadas y mucho dinero.

Custodio Félix Salazar

Custodio del INAH Félix Salazar

 

Pero en los años 50’s y 60’s cuando algún trabajador o turista se enfermaba había que llevarlo hasta la Clínica Promesa en Xocenpich, a cinco km de Pisté con el Dr. Estrella. Es hasta los años 70’s que se inaugura en Pisté el centro de salud que hasta el día de hoy sirve al pueblo y comunidades cercanas.

En Chichén Itzá había una escuela primaria que era la última casa en la fila de las habitaciones de los custodios, los Burgos, los Salazar, Cristobal, “Chito”. Estas casas se encontraban en frente de la pirámide donde se detenían los autobuses.

Debido al control que la agencia Barbachano tenía sobre sus Hoteles Mayaland y Hacienda Uxmal, Yucatán era  considerado como el destino más caro de México, lo cual cambio con la apertura de los nuevos hoteles.

La vida era tranquila, se desarrollaba como una gran familia en la que el trato de los jóvenes hacía los mayores era de tíos y tías, así: el tío Felipe Castillo, el tío Jack Sosa, el tío Pepe Germon, El tío Martín Dzib, la tía Nilda Cáceres, la tía Herta Reike, etc.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Galería fotográfica

Imagen de la Casa Colorada de Chichén Itzá tomada por Teoberto Mahler en 1892

Grupo de las Monjas en Chichén Itzá, imagen capturada por Teoberto Mahler en 1892

Señora sentada a un lado de una cabeza de serpiente emplumada, foto tomada por Teoberto Mahler en 1892

Raúl Rosado Baeza con un grupo de turistas en el Juego de Pelota de Chichén Itzá

 

Jorge Carlos Rosado

 

vicente gómez

Manuel Vicente Gómez Rodríguez

 

gomez rodriguez y joaquin garcia rosado

José Humberto Gómez Rodríguez y Joaquín García Rosado

 

Joaquín y su hermano Luis García Rosado, fueron hijos de Don Refugio García “el Huach”, pionero del turismo en Yucatán en los años 30.

ángel montero

Ángel Montero

 

tomás gómez rodríguez

Tomás Gómez Rodríguez

 

union de jaraneros (2)

Foto del recuerdo.

14 comentarios
  1. me gusto mucho la publicacion june bug ayuso

  2. me conmovio hasta las lagrimas la historia del turismo en yucatan ya que soy un sobrevivinte de casi toda esa epoca solo falto hacer mencion de la empresa aeromaya en la cual trabaje recepcionando a los turistas que volaban hasta chichen con frecuencia descendian aviones privados , que tiempos sr’ dn simon

    • Hace rato que estoy tratando de localizarte, para pedirte unas fotos antiguas tuyas y algunas historias para agregar al blog. Que bueno que leas el blog, seguiremos escribiendo como nos lleguen los recuerdos ya perdidos en la cabeza mía, y de mis amigos de aquellas épocas. Gracias.

  3. estoy muy agradecido que me hayan tomado en cuenta june bug ayuso apodo que me puso el inolvidable colega tony casyillo

  4. Jose H. Gomez Ortiz permalink

    Muy buenas tardes, antes que nada me permito agradecer su excelente publicación, siendo esto parte de la historia de nuestro estado y sobre todo que en su narración se tome en cuenta a cada una de las personas que formaron y siguen formando parte del impulso turístico de Yucatán, asi mismo le expreso que me siento muy orgulloso de ser hijo de don José Humberto Gómez Rodriguez, por lo antes expuesto de nueva cuenta le reitero mi agradecimiento; ojalá que en algún momento el Gobierno del Estado o la Secretaria de Turismo tuviera algún detalle y también reconociera de alguna forma a cada Guía de Turista, Historiadores y gente del medio por la valiosa trayectoria de cada uno de ellos, siendo personas que siguen y seguirán impulsando el turismo. Muchísimas gracias, atte. Lic. José Humberto Gómez Ortiz, saludos

    • Gracias a usted por visitar el blog, con el correr del tiempo seguiremos agregando información, fotos y anéctodas de varios de los participantes de esta bella actividad. Concuerdo con usted respecto a darle reconocimientos a la labor de los guías, historiadores y demás gente del medio.

  5. Tomás Eduardo de Jesús Gómez Rodríguez permalink

    excelente recopilación de datos y anécdotas relativas al turismo en Yucatán, para nosotros, los que las seguimos viviendo, es un maravilloso recuerdo; gracias igual por el muy merecido reconocimiento a mi hermano José Humberto y sirva como homenaje póstumo a mis hermanos, Manuel Vicente y Carlos José q.e.p.d. nuevamente gracias Tomás Eduardo de Jesús Gómez Rodríguez.

  6. Silvia Amira Gomez Rodriguez permalink

    Hola Buenos dias soy hermana menor de los hermanos Gomez Rodriguez, mejor conocida como Maggie, me siento muy emocionada al leer este articulo porque me siento orgullosa de la trayectoria de mis hermanos en el mundo del turismo ya que desde niña comparti sus historias y anectdotas y conoci muchos compañeros y amigos de mis hermanos.
    Hoynquieri

  7. Silvia Amira Gomez Rodriguez permalink

    Hola Buenos dias soy hermana menor de los hermanos Gomez Rodriguez, mejor conocida como Maggie, me siento muy emocionada al leer este articulo porque me siento orgullosa de la trayectoria de mis hermanos en el mundo del turismo ya que desde niña comparti sus historias y anectdotas y conoci muchos compañeros y amigos de mis. hermanos.
    Hoynquieri

  8. pedro melendez permalink

    me podrian proporcinoar el telefono de los guias Gomez rodriguez
    pedro melendez viajes mel 9 24 3398n

  9. Jesus Damian Balam May permalink

    Soy Jesús Damian Balam May me encata esta pagina y tengo algunas fotos mas que he recopilado de otras fuentes soy de esta época tengo 33 anos pero me apasiona mi cultura yo vivo en piste yucatan cerca de la zona arqueológica de Chichen Itza.

    • Mucho gusto don Jesús, si quisiera compartir sus fotos con nosotros puede escanearlas y enviárnoslas por correo electrónico, si alguna de ellas consideramos que puede y es usada en el blog usted será referido en los créditos por las imágenes. Saludos.

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